viernes 31 de octubre de 2008

Sesión 25: "El Test de Rorschach"

Toqué timbre, la psicóloga me abrió la puerta y me invitó a pasar al consultorio. Una vez sentados frente a frente, me dijo:

- Te noto bien. Apenas abrí la puerta ya te vi distinto, como con otra actitud corporal, transmitiendo mayor seguridad. ¿Puede ser?

- No, no creo, estoy igual que siempre me parece -le dije, para evitar sospechas sobre mi tratamiento paralelo-.

- Te está haciendo muy bien esta terapia. Estás realmente mejor, más seguro, con otra mirada. Me alegra saber que estamos haciendo un buen trabajo, juntos claro.

- No sé. Quizás sea porque me llamaron de una gran empresa. Hoy a la tarde voy a tener la entrevista de trabajo. Quiero quedar, pero al mismo tiempo me da bronca que justo me llamen ahora que me había acostumbrado a mi rutina y a tener tiempos flexibles, tan requeridos por mí.

- Los cambios son desafíos que hay que afrontar para progresar. Y es parte de la ley de la vida que siempre surgen las cosas buenas cuando uno está en un buen momento. ¿Te gustan las entrevistas de trabajo? ¿Ya tuviste alguna?

- Sí, tuve. Y las odio. Son siempre iguales. A lo último te pueden llegar a decir dos cosas: "Bueno, vas a formar parte de nuestra base de datos", o en su defecto, "Cualquier cosa te llamamos".

- Bueno, vamos por partes. ¿Qué problema tenés en pasar a formar parte de una base de datos?

- Que no me gusta reducirme a un mero dato en un archivo. El ser humano es algo demasiado complejo para eso. Me niego a ser un dato! Estoy compuesto de células, infinitos procesos biológicos, órganos, cerebro, cinco sentidos, un corazón que late para transportar sangre a cada rincón de mi cuerpo y proveer de oxígeno y energía para mi metabolismo, reproducción y existencia a través de la combus...

- Bueno! -me interrumpió debido a mi exacerbación desenfrenada-. ¿Quién no forma parte de una base de datos? Así como alguna vez tuviste compañeros de primaria o secundaria, tenés compañeros de "base", ya que muchos de nosotros debemos estar en las mismas bases de datos sin saberlo. Y por otro lado, ¿Qué problema tenés con que te digan que cualquier cosa te llaman?

- Es que no se entiende a qué se refieren, no son directos. ¿En caso de qué me llaman? ¿Si sube la bolsa? ¿Si cae la bolsa? ¿Qué significa "cualquier cosa me llaman"? No lo entiendo, si esta persona que elige al personal pisa un chicle por la calle, ¿me llama? digo, porque eso también sería cualquier cosa. No sé, para mí, cualquier cosa es que un elefante suba una escalera mecánica en un shopping.

- ¿Sabés en qué consiste la entrevista? Yo tengo experiencia en psicodiagnósticos y te puedo ayudar. Tirarte unos "tips" -me dijo con aire canchero mientras me guiñaba el ojo-.

- Sí, me dijo un conocido que fue, que me van a pedir que haga el Rorschach*. (*El Rorschach es un test proyectivo para evaluar la personalidad, basado en la libre interpretación de una serie de imágenes abstractas que se caracterizan por su ambigüedad y falta de estructuración).

- Ah, Es simple! Lleva masa de hojaldre, dulce de leche, hojaldre, dulce de leche, hojaldre, dulce de leche y merengue arriba.

- No, eso es "Rogel" y es una torta. A mí me van a pedir que haga el "Rorschach".

- Ah sí, claro disculpá. De todos modos es más fácil, el Royal es instantáneo..., un postrecito.

miércoles 29 de octubre de 2008

Sesión 24: "La consulta gestáltica II"

La última sesión con mi psicóloga fue un diálogo entre sordos, algo de no creer. Con expectativas renovadas necesité verlo a mi terapeuta gestáltico, en busca del otro enfoque y pasar del pensamiento a la acción.

Una vez descalzado, y reclinado sobre unos almohadones con bordados de elefantes dorados, le comenté:

- Quiero dejar a mi psicóloga, pero no puedo. No sé cómo decírselo. Es más, no sé qué es más difícil, si dejar a una chica con la que uno sale o la psicóloga. ¿Cómo hago? Se me ocurrió esperar que llegue el mes de enero, decirle que me voy de vacaciones, pero no avisarle cuando regreso.

- Contame un poco más los inicios de tu relación con la psicóloga. ¿Cómo se desarrollaban esas primeras sesiones que hicieron que continuaras?

- Al principio no hablábamos, nos quedábamos callados 25 minutos.

- ¿Y el resto?

- No había resto. Como no sabía qué decirle me rajaba antes.

- ¿Y después cómo evolucionó todo?

- En las sesiones siguientes yo hablaba un poco más, pero tampoco llegaba a cubrir todo el tiempo de la sesión.

- ¿Y el resto?

- Le preguntaba sobre ella.

- ¿Y qué pasa ahora?

- Ahora la noto mejor.

Se quedó meditando unos segundos y luego me dijo:

- Hay personas que se aferran tanto a las cosas, a ciertas relaciones, a sus rutinas... buenas o malas, que luego no pueden desprenderse. Ahora vamos a hacer un ejercicio.

Sacó de una caja de mimbre marrón dos bochas de plastilina, una verde y otra azul. Me pidió que haga algún objeto y que me tomara el tiempo necesario hasta que quedara yo conforme. Luego de maniobrar unos minutos con mis torpes manos, pero con una dedicación y concentración inusitada, le presenté una casa de plastilina con todos los detalles que ésta pudiera tener.

- ¿Te gusta? -Me preguntó-.

- Creo que sí, le puse dedicación.

- Ahora tirala a la basura.

- ¿Qué? No, no quiero. Es algo que hice yo, invertí mi tiempo en eso.

- A veces esa inversión de tiempo y dedicación, es lo que hace que a uno le cueste desprenderse de ciertas cosas, aunque no le hagan bien del todo.

Luego me pidió que me ubicara en un punto fijo dentro de la sala y que visualice en mí al Andrés que yo desearía ser y que piense qué consejo le diría éste al Andrés que soy, que estaría ubicado en otro punto de la sala.

´Andrés que deseo ser´: - No sé, le diría que no tenga miedo de vivir, que sea feliz...

- A mí no me lo digas, decíselo al andrés que tenés ahí en frente -me corrigió el terapeuta, señalándome un punto en el espacio delimitado por un almohadón-.

´Andrés que deseo ser´: - Hacé como yo, disfrutá la vida, atrevete a todo, no pidas permisos internos para tomar decisiones y que no te de miedo ser feliz. Desprendete de tus culpas y no te aferres a las cosas que no te hacen bien, es fácil, se puede, yo lo logré. Cambiá!

- Buen trabajo -me dijo el terapeuta-. Ahora tirá a la basura y con fuerza a esa casita de plastilina que hiciste.

Yo tiré la casita de plastilina a un tacho de basura, tal como me lo pidió.

- Bien! ¿Qué siente en este momento el otro andrés, el de las dificultades?

- Me siento mejor, como que no es tan difícil cambiar y desprenderse de lo que a uno le pesa. Es una cuestión de actitud. Creo que cambié mi forma de pensar las cosas y ver la vida. Es como que me siento otro, me siento nuevo.

- Es lógico. Esta terapia es así, se buscan soluciones. ¿Tenés $90 justo? Porque sólo tengo un billete de $10 y no quiero quedarme sin cambio.

- No, tengo $100.

- Qué lástima, voy a ver después cómo me arreglo. Te veo la semana que viene.

- Te quería pedir una cosa antes de irme.

- Sí, decime.

- ¿Me podrías devolver mi casita de plastilina?

martes 28 de octubre de 2008

Sesión 23: "Trastornos de ansiedad"

Otra vez me dejó esperando en el hall, esta vez sin música. Hubiera tenido ganas de querer ir al baño para, aunque sea, matar un par de minutos de la espera, pero no.
Antes de entrar al consultorio me preguntó si había visto al fumigador que en teoría tendría que haber llegado bien temprano para desinsectizar las alacenas de su cocina, a lo que le respondí que no, que no había visto a nadie. De esta manera, comencé la sesión un poco fastidioso ya que no me gusta que me hagan esperar tanto.

- ¿Cómo estás hoy, llegaste bien? -me preguntó-.

- Salí de mi casa y me irritó que el ascensor no esté en mi piso.

- Bueno, ¿y...?

- Después decidí venir en taxi, porque no tenía nafta en el auto. Las estaciones de servicio últimamente están llenas de autos haciendo cola y no tengo paciencia de esperar. Además no quería retrasarme.

- ¿Y qué más?

- En el taxi, para no aburrirme, intenté leer un libro nuevo que me compré. Lo abrí, pero como siempre, antes de empezar un libro, cuento cuántas páginas tiene, también me fijo si tiene capítulos, cuántos tiene y cuántas páginas tiene cada capítulo, ya que mi meta antes de empezar a leer es dejarlo en el punto final de algún capítulo.

- Sí, en este caso, teniendo en cuenta que un viaje en taxi es corto, podrías haber empezado por el final..., del libro, digo.

- El asunto es que me agarraron como 5 semáforos, y no los soporto. En cada uno de ellos siempre, e impulsivamente, suelo agarrar mi celular y empiezo a modificar boludeces, como la configuración de la pantalla y mando mensajes de texto a cualquiera, no sé, no me puedo quedar quieto.

- Pero se te gasta la batería más rápido de ese modo y es un lío después esperar a que cargue. ¿No lo pensaste así?

- En un momento, tomamos la avenida Santa Fe, grave error. No avanzaba. Yo rezaba para que apareciera una ambulancia y apurara a todos los autos. Me sentí mal por pensarlo, ya que seguramente, quien se encuentra dentro de una ambulancia, es porque está agonizando y yo deseando que apareciera sólo para que se acelere el tránsito.

- ¿Y entonces? ¿resumiendo?

- Lo increíble es que la ambulancia apareció, y le dije al chofer que se ponga atrás de ella así pasaba a todos los autos. Una vez que la ambulancia pasó a todos, apagó la sirena. Ahí me quedó una duda: ¿Se recuperó el enfermo o por el contrario murió y ya no hubo más nada que hacer?

- Mientras te escuchaba relatar esto, se me ocurrió que tal vez, para acelerar el tratamiento, podría derivarte a una profesional de mi confianza para que te medique.

- ¿Y todo para qué? Para finalmente llegar acá puntual y que usted me deje esperando.

- Es que me retrasé con mi paciente de las 8:50.

- Pero licenciada, yo soy el paciente de las 8:50!

- ¿Y entonces a quién atendí?

jueves 23 de octubre de 2008

Sesión 22: "Sentirse en deuda"

Me dio gusto volver a verla. Sin embargo, no podía evitar sentir que ella lo sabía todo. Aunque pensándolo en frío, ella no tendría porqué saberlo. Hay miles de psicólogos en la ciudad y no creo que se estén comunicando todos entre si cada vez que uno tiene una nueva presa o un paciente nuevo. Tal vez, haya quedado un poco perseguido por la consulta con el gestáltico, pero de todas formas, yo no se lo iba a decir; y ocultar, no es mentir.

- ¿Cómo estuviste estos días? -me preguntó de la misma manera monocorde como la mayoría de las veces-.

- Bien, mal, digo, maso, no sé. En realidad, bien... pero tampoco una cosa de locos, ni estoy curado, tampoco voy a dejar de venir acá, quédese tranquila.

No sé qué pasó por mi cabeza para responder una cosa semejante. A decir verdad, no sabía qué decir para no levantar sospechas sobre mi infidelidad hacia ella. Pero por otro lado, una consulta aislada tampoco me iba a curar, así que ella podría quedarse tranquila de que no la iba a dejar. Tampoco sé porqué pienso tantas conjeturas si ella no sabe nada y no tendría porqué saberlo.

- ¿Te pasa algo? -me preguntó como sospechando por mi respuesta ambivalente-.

- No, sólo que me siento en deuda. -no sé porqué dije esa idiotez, pero mi mente no estaba pudiendo dominar a mis palabras, ni a la situación-.

Ahora iba a tener que sostener y justificar lo que había dicho y entonces continué:

- Fui a una gomería porque tenía un clavo en el neumático. El gomero sacó el clavo pero el neumático no perdía aire, por lo que me dijo que no llegó a pincharse. Yo le pregunté sorprendido y hasta desilusionado: "¿Qué? ¿no tiene nada?". Y el me contestó que "No", que me vaya tranquilo. Y entonces me sentí en deuda con él, porque yo lo había hecho trabajar; ya que se agachó, sacó el clavo, fue sincero y me dejó ir. No sé, quería pedirle que me ponga el parche igual aunque no tuviera nada, pero él se negó ya que me dijo que no hacía falta.

- Y claro, ¿cómo te iba a poner el parche, o cobrar, si no tenía nada el neumático? El hombre fue amable y desinteresado, aceptá que hay gente así también, es muy bueno eso.

- Pero no es sólo eso. Si le pregunto una calle a un canillita me siento obligado a comprarle un diario; si entro a un bar para pedir el baño, siento que sí o sí voy a tener que tomar un café; si le pregunto a un kiosquero dónde queda la parada de tal colectivo, me siento en deuda y entonces le compro unos chicles o una barrita de cereal, pagando con monedas, claro, ya que no quiero sentirme en deuda, ni deber favores.

- Entiendo, debe ser complicado vivir así. No toda la gente pide algo a cambio, también hay personas buenas en el mundo. Bueno, por hoy suficiente, ya se cumplió el tiempo de la sesión. Lo dejamos acá.

- Disculpe licenciada, ¿Qué hora es?

- Son las 9.29 hs.

- Gracias.

- No me agradezcas. Son 10 pesos.

miércoles 22 de octubre de 2008

Sesión 21: "La consulta gestáltica"

Ante la imposibilidad de dejarla, decidí recurrir paralelamente a otro psicólogo con otra orientación y enfoque: un psicólogo gestáltico. Una terapia más ligada a la acción, al cuerpo, a buscar soluciones prácticas, más que limitarme a entender o a desahogarme.

Admito que este sub-mundo de la terapia me está asustando un poco. En definitiva lo que yo hago es contarle mis intimidades a un desconocido que pasa a saber todo de mí y yo nada de él. ¿Y si es un loco? ¿Y si me extorsiona o me amenaza? Al estilo de: dame 10 mil pesos o le cuento a (...) que (...), mirá que te grabé...

Este terapeuta me cobra 90 pesos la sesión. Creo que está bien, mis problemas valen más o menos eso, y que por 90 pesos él va a poner empeño en escucharme y en recordar de sesión a sesión cómo me llamo. Es un hombre que debe tener entre 39 y 41 años, no sé bien del lado de qué década está. El consultorio tiene un aire alternativo y relajado, algunas colchonetas, paredes naranjas y un dejo de olor a pata mezclado con Glade® "bosque de pinos", ya que es requisito descalzarse antes de pisar la alfombra y sentarse en la colchoneta o en el puf.

En esta primera consulta, dediqué gran parte del tiempo a presentarme, contarle mis miedos e inseguridades. Además, le comenté que yo hacía una terapia con una licenciada, pero que no sabía cómo dejarla para no herirla, ya que estaba muy compenetrado con su vida.

- ...estoy haciendo un tratamiento con una psicóloga, sin embargo, siento que tengo muchos problemas que no puedo resolver -le dije en los albores de la sesión-.

- ¿Le contaste a tu psicóloga?

- Mi psicóloga es el problema.

- ¿Perdón?

- Sí, no sé cómo dejarla y ahora que estoy acá, encima, me siento infiel.

- Supongo que habrá otros problemas también, motivo por el cual habrás empezado a tratarte. ¿Qué te dice ella al respecto?

- Que tengo razón, en estar mal.

- El asunto no pasa por tener razón, sino por vivir en paz con uno mismo. Este tipo de terapia, está basada en la acción, en el cuerpo, en buscar soluciones prácticas y rápidas, sin tanta vuelta que no conduce a nada. Para empezar, ¿te gusta cómo sos?

- A veces sufro por cómo soy.

- Bueno, es simple, cambiá entonces!

Claro, cómo no se me ocurrió antes! -pensé entusiasmado-. Con respecto a la acción, me puse las zapatillas y me fui. Ahora veo otro horizonte, sólo es cuestión de cambiar.

martes 21 de octubre de 2008

Sesión 20: "Futuros recuerdos"

Como hacía un tiempo que no me pasaba, al llegar al hall me dejó esperando con una canción que me trajo recuerdos y una reflexión: Las canciones son como fotografías, te traen imágenes y sensaciones perfectas de experiencias ya vividas. La sesión de hoy fue un laberinto que giró en torno al concepto de tiempo.

- No lo sé, creo que sí, pero yo disfruto el presente cuando se transforma en pasado, en recuerdo -esa fue mi respuesta a la pregunta sobre si disfruté el fin de semana-.

- Esa es una característica que ilustra un tipo de personalidad, denota a alguien que valora lo que tiene cuando lo pierde. Y, si esto es así, esta va a ser nuestra última sesión.

- Yo soy de los que piensan que todo tiempo pasado fue mejor. El pasado tiene una belleza especial, codiciada, similar a una pieza de museo. El pasado tiene certeza porque no se puede modificar, es quieto, calmo. Es una imagen petrificada a la que se puede recurrir y visitar en cualquier momento y así, el pasado se vuelve cálido, inofensivo y hasta tierno.

- Tenés que ser feliz en el presente, que es lo único que tenés. El pasado ya pasó y el futuro no existe.

- El presente tampoco existe, cuando me quiero dar cuenta ya pasó, es un instante que se escurre en el sólo hecho de querer nombrarlo. La vida es 99.9% de recuerdos pasados y 0.1% de efímero instante presente. Todos son futuros recuerdos. Recién me doy cuenta de cómo la pasé en el presente cuando pasa a formar parte de mi historia. Yo no siento el "soy feliz", pero en un año voy a mirar a la distancia este momento y seguramente voy a sentir el "fui feliz", cuando todo se vuelva cálido, seguro y conocido, frente a un futuro que me puede resultar amenazante, agresivo e incierto. El futuro me preocupa.

- Yo podría decir eso, que trabajo de psicóloga por obra social y me cuesta mantener y darles un buen pasar a mis hijos.

- ¿Ud. tiene hijos?

- No, pero para cuando los tenga.

- No se preocupe por el futuro licenciada, todavía no llegó.

jueves 16 de octubre de 2008

Sesión 19: "Lágrimas"

A veces me parece ridículo seguir atendiéndome con esta profesional, pero de alguna manera me siento mejor y eso sumado a otros problemas psicológicos que debo tener -y desconocer- no me permito dejarla.
Quizás porque a veces se inspira y rescato con mi red algunas frases interesantes. Quizás porque me logro escuchar mientras hablo y eso estimula mi pensar. Quizás porque encontré un sentido reescribiendo estas sesiones en este espacio virtual de ex-presión. Quizás porque me doy cuenta que no estoy tan mal o que hay gente que está peor que yo. Aunque esa última idea no me gusta, ya que prefiero sentirme bien sin mirar a los costados, por mí mismo, y no por el contraste de la comparación.
Quizás esta fue una de las sesiones que más me conmovió. Quizás la recuerde como "tal vez".

- Tengo que rehacer mi vida... y mi problema es que me está costando -le dije, en sintonía con la temática de la sesión anterior-.

- No. No es que no la podés rehacer, nunca la hiciste siquiera. Para rehacerla primero hay que hacerla y desde que naciste que no la pudiste hacer.

- Siento que tengo angustia crónica y eso me bloquea.

- Si tenés angustia llorá. El cuerpo humano es muy sabio, porque tiene sus propias defensas enfocadas en vencer lo que le hace mal. Tiene a los glóbulos blancos para luchar contra los virus y las enfermedades; plaquetas para cicatrizar heridas; piel de gallina como reacción protectora ante el frío; estornudos para expulsar residuos del aire; y el llanto, las lágrimas para calmar, curar y descargar la angustia. ¿Nunca te lo pusiste a pensar? Hay que entender a las lágrimas como anticuerpo destinado a eliminar la angustia, como inmunidad.

- Entiendo, y es muy emocionante lo que dice y la forma en que lo dice.

- Cuando uno se angustia es normal que llore y hay que dejarlo salir, no taparlo. Es inevitable, sobre todo si uno está sufriendo mucho.

- Tiene razón. Disculpe licenciada, estoy conmovido. ¿Tiene carilinas o algo así?

- No...

- Bueno, le doy las mías para que se seque las lágrimas. Si quiere le hablo de algo lindo...

martes 14 de octubre de 2008

Sesión 18: "Todo se supera"

Desde el miércoles que no la veía, ya que la psicóloga se tomó el fin de semana largo. Estos días estuve pensativo, deprimido, algo revuelto y movilizado. La lluvia y los días grises trajeron consigo no sólo agua, también recuerdos. Recuerdos de mi ex, ganas de estar con ella viendo una película en la cama y tomando helado. De hecho, la película la vi, pero el helado lo descarté, ya que no me gustaba la imagen de tomarlo solo, y además, me estoy cuidando.

Durante 30 minutos le conté a la psicóloga detalles de la relación, como así también, mis miedos e incertidumbres sobre cómo superar esta etapa de separación.

- Siento que es imposible olvidar a una persona con la que uno compartió tantas cosas, tantos códigos, tanta vida. Es parte de mí y por eso siento que de a poco se va muriendo una parte mía. Todavía no me entra en la cabeza haber terminado, fueron muchos años ¿Cómo se hace para estar bien?

- Por empezar, pensá así: ¿Por qué todo tiene que ser eterno? La vida son etapas y cada etapa es una vida en si misma. Suma de momentos, que empiezan y terminan, que no se miden por su duración sino por su intensidad, y vos por suerte lo viviste, y por suerte fue importante.

- Qué interesante, ¿eso lo dice Freud?

- No, sentido común.

- Pero yo necesito una esperanza, un referente. Sé que no debo ser el único ser en la historia de la humanidad en pasar por una situación así. Sé incluso que hay gente que se casa y se separa después de veinte años... y con hijos..., y sobreviven. Pero en estos momentos me siento el único, siento que nadie se puede poner en mi lugar y comprenderme. ¿Ud. conoce a alguien que haya vivido una experiencia similar y que la haya podido sobrellevar?

- Sí, por supuesto que se puede salir adelante. No es ético que te comente sobre mi vida privada, pero para que te sirva de consuelo y de ejemplo, voy a hacer una excepción. Yo he tenido una separación luego de varios años de intenso noviazgo, pensé que nunca me iba a sobreponer y ahora estoy muy bien. Al principio fue difícil, pero creeme que con el tiempo todo se supera. El tiempo cura todo.

- Yo creo que el tiempo no cura, anestesia.

- El tiempo por sí solo no hace nada. Todo depende de vos, qué hagas vos con el tiempo y en el tiempo. Te recomiendo que mires para adelante y concentres tus energías en hacer lo que te gusta, que salgas, te diviertas, disfrutes de las cosas lindas que te da la vida. El tema es salir a distraerse, no quedarse encerrado pensando. Yo ahora, por ejemplo, estoy muy bien... yo salgo, voy al cine, al teatro, a cenar afuera.

- Sí, puede ser. Me alegra saber que hay solución. Antes de irme la quiero saludar y felicitar por el "día del psicólogo" que fue ayer. Sé que es una fecha anecdótica, pero nunca está de más saludar, así que, Muy Feliz Día!

- Gracias, pero la verdad, me irrita muchísimo que exista el día del psicólogo, y no me gusta que me saluden por esa ocasión. De todas formas, la intención vale.

- Con respecto a lo anterior me quedé pensando: ya que para olvidarme de mi ex novia debo salir a distraerme, tengo que pensar quién podría acompañarme, ya que es medio angustiante en estas instancias ir solo al cine o al teatro. ¿Ud. va sola?

- No, no. Con mi ex.

miércoles 8 de octubre de 2008

Sesión 17: "indecisiones"

- "No sé. Dudo. Antes de tomar cualquier mínima decisión, como doblar en una calle, se me cruza por la mente toda mi vida en un segundo. Desde mi nacimiento, pasando por mi infancia, mi adolescencia, mi camino a la adultez, mis traumas, conflictos, logros y asignaturas pendientes. Todo eso se me pasa por el interior de mi retina en esa única e intrascendente decisión de doblar en una calle...

Pero eso no es todo: No sé hasta dónde servir la bebida cuando alguien me pide que le sirva en su vaso. Sobre todo si la persona nunca me dice: hasta ahí...

Tampoco sé saludar con un beso en la mejilla. Porque pienso: ¿En qué mejilla es? Entre tanto dudar tengo miedo de darle un pico en la boca. Porque hay gente que al saludarte te apunta a la otra mejilla, no a la tradicional, y luego te hace una gambeta y te cambia el ángulo de saludo...

Y hay más: soy indeciso en la vereda cuando alguien viene caminando de frente y hacia mí, ya que no sé para qué lado correrme...

Y en el supermercado, hay dios mío..., me quedo mirando la góndola como si fuera una galería de arte y no me puedo decidir. Cualquier persona que me viera desde afuera pensaría que trato de leer algún mensaje oculto que hay que descifrar. Lo peor es que agarro por ejemplo unas papas fritas Lays, sigo con el changuito dando vueltas y vueltas, me pierdo, luego aparezco nuevamente frente a la góndola de papas fritas Lays y las dejo. Y hasta me cuesta eligir entre el mismo producto, porque pienso que el paquete que agarré es peor que el que no agarré, por más que sean todos iguales. Cuando estoy en la góndola de los desodorantes, nunca agarro los de la primera fila porque pienso que son los más probados. Lo mismo cuando voy a un Esso shop a comprar empanadas, agarro las de atrás que son las últimas que cocinaron. Con los panes Fargo, comparo la fecha de vencimiento y elijo el que venza más tarde. Y busco y busco, porque siempre va a haber alguno que tire un día más.

Por otro lado, me siento un idiota cuando quiero enchufar un enchufe de patitas inclinadas, porque siempre lo trato de encajar al revés. Y hablando de conexiones, tampoco sé en qué momento ir a hablarle a una chica que me gusta, y si ésta me dice que tiene novio, me consuelo, pienso que eso no significa que yo no le gusté, sino todo lo contrario, se muere de ganas de estar conmigo, pero ella es una chica fiel y yo lo respeto...

También me cuesta decidir si me conviene o no seguir haciendo terapia. Pienso que como no es una ciencia exacta, cada profesional me diría algo distinto y entonces pienso que hay tantos caminos posibles como terapeutas. Me pregunto qué pasaría si yo fuera a otro, ¿qué me diría?".

- Te diría que no dudes tanto, que sigas por el camino en el que estás. Creo. Me hiciste dudar -me respondió la psicóloga-.

- Licenciada, disculpe, pero me tengo que ir antes hoy, está por vencer un pan Fargo.

- No hay problema. Bajá por la escalera que el ascensor no anda bien, a veces se queda trabado en el primero.

- Qué suerte, gracias por simplificar mi vida.

lunes 6 de octubre de 2008

Sesión 16: "El centro de mesa"

Todavía no me decido a dejarla. La última sesión la vi mejor, parecía distinta, y quizás ella haya podido cambiar. Eso me pone bien.
Quise empezar remarcando ese problema trascendental del que vengo hablando desde la primera sesión. Ese tema íntimo, que me viene atormentando, que no me permite sentirme libre, concentrarme en mis objetivos y disfrutar.
Esa preocupación por la cual, hasta el momento, no había tenido ningún tipo de apoyo, respuesta, ni ayuda por parte de mi terapeuta, quien sólo se ocupó de eludirla y postergarla.
Hoy, por momentos, pudimos profundizar algo y llegar a cierto nivel de comprensión. Aunque, como de costumbre, caímos en ciertos desfasajes y cortocircuitos en nuestra comunicación.

- Le vuelvo a insistir que me desespera y me pone nervioso cuando un "centro de mesa", cualquiera sea, no está en el centro de la mesa -le dije secamente, dando inicio a la sesión-.

- Eso te pasa por que en tu vida no querés o no podés elegir. Mientras el centro de mesa está en el centro, reina la calma. De ese modo evitás jugarte, evitás decidir. Ni a la derecha, ni a la izquierda. Perfecto, no hay conflicto, está todo en orden, en armonía, en equilibrio. Tenés que soportar que las cosas no son simétricas, perfectas y tenés que animarte a elegir.

- Yo elijo mi vida. Elijo siempre. Elijo no elegir.

- Tenés que elegir elegir.

- No, porque elegir, también es rechazar. Y yo quiero el oro y el moro; el pan y la torta; la chancha y los veinte; pájaro en mano y además, cien volando.

- Hay que poder elegir, porque elegir es decidir. Y la vida está hecha de decisiones. ¿No creés que es así?

- No sé.

- Para la próxima sesión pensá sobre qué cosas te cuesta decidir, así vamos profundizando sobre este tema. ¿Lo podrás hacer?

- Sí... no, no sé.

- Así no se puede trabajar. Mínimamente hay que tener una noción de algo. Saber dónde uno está parado. Para decidir, hay que registrar el entorno, conocerlo y aceptar que uno se puede equivocar. ¿Está bien Ariel?

- ¿Cómo Ariel, Doctora? Ya hace un mes que vengo, tres veces por semana y Ud. me sigue llamando Ariel! Es de no creer esto. ¿De qué entorno me habla si ni siquiera registra cómo me llamo?

- Vos me seguís diciendo "Doctora", cuando yo no soy Doctora, soy Licenciada.

- Bueno, le digo “Doctora” de manera amable, porque en jerarquía suena mejor, es más lindo que "Licenciada".

- Y "Ariel" es un nombre más lindo que "Andrés". Lo dejamos acá.

viernes 3 de octubre de 2008

Sesión 15: "Todo conectado y algo cambió"

Llegué al estacionamiento y me causó cierta extrañeza y decepción no ver al encargado del garage. Pero mucho más raro aún, al borde de lo inverosímil, e incluso, poniendo en riesgo la credibilidad de mi relato, fue verlo al encargado salir del consultorio de mi analista, segundos antes de que mi sesión empezara.

Eso me distrajo. Yo venía con la mente puesta en decirle a mi psicóloga lo que no pude concretar durante la sesión anterior: que hoy iba a ser mi última vez ahí. De hecho, mi nerviosismo fue tal que en mi intento de abonar la consulta por adelantado, para evitar pagar en el silencio y la incomodidad de la despedida, una lluvia de monedas se escurrió entre mis manos cayendo y rodando por debajo de la mesa. Me agaché para juntarlas, tras la sombra que el mantel producía y me quedé con la extraña sensación de que varias pudieron haber quedado reposando en esa oscuridad.

La sesión de hoy fue rara, no parecía ella. Estaba mucho más alegre y concentrada. Realmente sentí que me escuchaba e incorporaba a su sinapsis palabra por palabra que yo emitía. Entre varias cosas que me dijo, lo que más rescato fue: "la llave hay que buscarla adentro; siempre se puede dar marcha atrás cuando uno se equivoca, no puede salir o siente que no está en el lugar adecuado; y que no hay que vivir acelerado ni con las revoluciones muy altas, ya que eso dificulta pensar con claridad y decidir con anticipación el camino que a uno le conviene tomar".

Le comenté que varias veces me siento inadvertido y con la sensación de que las personas no me entienden ni me escuchan. En ese momento, pensé que ella me iba a decir algo desubicado, que no vendría al caso y que iba a reforzar e incluso empeorar ese sentimiento de no sentirme escuchado. Sin embargo, la genialidad de su metáfora me sorprendió: "Cuando por fin decidas salir, tocá bocina, hacete escuchar y los demás no sólo te oirán, sino que también, se abrirán a tu paso".

El encuentro de hoy no podría haber sido mejor. En un estado de felicidad plena, regresé al estacionamiento para buscar mi auto. Potenció mi alegría ser recibido por el encargado que ya se encontraba allí, en su puesto, y con su TV de catorce pulgadas, esta vez, sintonizando el canal Cosmo.

En mi intento de pagarle con el cambio justo los $7,90, recordé lo de las monedas y las desplacé, cual baraja de naipes, sobre la mesada adjunta a la caja, para sacármelas de encima. El encargado extendió su mano, agarró un botón de pantalón que estaba extrañamente infiltrado entre las tantas monedas, se sonrojó, y con una leve sonrisa cómplice me dijo:

- Hoy no me debés nada, andá tranquilo. ...y tocá bocina al salir.

jueves 2 de octubre de 2008

Sesión 14: "Tema desviado"

Quedé disconforme con la sesión del lunes y decidí verla nuevamente al día siguiente para ponerle un fin a todo esto. Mi objetivo era decirle que no quería ir más.

Apenas tomé asiento en lo que considero "la silla de los que se sienten acusados", ella se me adelantó a cualquier frase que le pudiera expresar y me dijo:

- Creo que te está haciendo bien la terapia.

En ese momento la adrenalina empezó a subir por mis oídos y la bronca comenzó a cobrar forma de discurso. Le iba a decir de una vez por todas que no quería venir más a sesión.

- Doctora, siento que las sesiones algunas veces bordean lo superficial, ingresan en la frivolidad y mueren en lo trivial, sin llegar nunca al centro de mi inconsciente. Hoy quiero hablarle de un tema serio y profundo para mí y que a su ética profesional también le compete. Yo le quiero decir que no quiero venir más.

- Deberíamos tener unas sesiones extras para analizar qué te está pasando y resolverlo. Yo creo que vos te estás precipitando y no es ético de mi parte dejarte en la condición en la que estás, sin tratamiento y no me gusta engañar a las personas.

- Yo no digo que Ud. me esté engañando ni nada, sólo digo que no quiero ven…

- (interrumpiéndome) ¿Qué cosas en tu vida cotidiana sentís que te engañan?

- No es el punto. No entiendo a dónde quiere llegar. Yo solamente no quiero ven...

- (interrumpiéndome) No eludas mi pregunta, es un ejercicio lacaniano. Decime qué cosas cotidianas o banales sentís que te engañan, decí una sola...

- No sé, las publicidades engañan. ¿Pero qué importancia tiene? De todas formas yo le quiero decir que no quiero ven...

- (interrumpiéndome) ¿Por ejemplo, cuál? Decí una... la que se te ocurra, ya!

- Casancrem -dije casi explotando, como si la palabra misma fuera un insulto-. Casancrem me engaña porque dice que hace mis comidas más livianas y es pura crema grasosa. ¿Cómo un producto a base de crema va a hacer las comidas más livianas? Es ridículo. Y es cínica la publicidad porque muestra al chef que se eleva, que sube, que vuela, que vence la ley de gravedad, simplemente por que se come unas suculentas pastas mezcladas con Casancrem. Y yo hice la prueba de ponerle Casancrem a una tostada, la solté y se cayó al piso!

- Uff -exclamó la psicóloga con aparente alivio-. ¿Te das cuenta? Con este ejercicio te quería demostrar cómo vivimos siendo engañados constantemente. Naturalizamos el mundo que nos rodea como algo dado y lo absorbemos de manera acrítica y pasiva, sin poderlo cuestionar. A veces estamos al borde de tomar decisiones equivocadas por vivir dentro de un repertorio de creencias y mitos consensuados y un sentido común que no es ingenuo. Siempre tenés que pensar varias veces lo que tenés para decir y antes de tomar cualquier decisión, mirá el objeto desde diferentes ángulos, deconstruyéndolo y volviéndolo a formar. Lo lograste, te felicito!

Me quedé atónito, confundido, mareado. No supe qué más decir e incluso me había olvidado cuáles eran mis propósitos iniciales. Finalmente, ella continuó:

- Lo importante igual es –mira el reloj –... Uy, se pasó volando la sesión, nos vemos el viernes... y "Janá todá!"

- Shaná tová.

- Ah! Y por favor, no te preocupes que yo te voy a ayudar. Te recomiendo que pruebes el Casancrem Light, que está reducido en grasas y es más liviano.