Luego de varios días sin ver a mi terapeuta gestáltico -ese sujeto que siempre simplifica absolutamente todo-, acudí a su encuentro con varios asuntos que había acumulado en mi mente para decirle; asuntos que, como consecuencia de mi mala memoria, los había olvidado.
- Yo quiero decirle algo.
- Es simple, decilo -me contestó el terapeuta-.
- Todo este tiempo sin venir acá, junté un montón de cuestiones para hablar y ahora que me encuentro frente suyo no recuerdo nada lo que tenía pensado decirle. No tengo memoria a corto plazo, creo que me pasa desde que ví la película Memento. Me acuerdo de detalles intrascendentes, recónditos, pero no del centro de las cosas importantes.
- Buscá el lado positivo. Te sirve para ver la misma película o leer el mismo libro varias veces. También para que todo parezca una primera vez.
- Me estoy acordando de algo, que quizás no venga al caso. Antes de venir acá, vi una noticia en TN Ecología que me preocupó un poco. Decía que como consecuencia del derretimiento de los glaciares, en 20 años el 40 % de la población mundial podría morir bajo el agua.
- Bueno, tené en cuenta que te están avisando con 20 años de anticipación. Hay otras opciones. Podés ir comprando una lancha en cómodas cuotas e ir viendo la posibilidad de emigrar a un país con cierta elevación sobre el nivel del mar.
- Ah..., quizás parezca totalmente descolocado, pero me estoy acordando que también le quería decir que cuando hablo por teléfono y la llamada se corta, yo no sé si llamar o esperar a que esa persona me llame nuevamente.
- Llamá vos...
- Pero si decido llamar yo, quizás esa persona se esté tratando de comunicar conmigo y entonces me va a atender el contestador y pierdo una llamada.
- Entonces esperá a que te llame.
- Pero quizás la otra persona esté esperando a que yo la llame, y ahí pueden pasar días, meses y hasta años sin volver a hablar.
- De todos modos, como consecuencia de tu mala memoria a corto plazo, te olvidarías de que esa persona te llamó y se cortó, y al no acordarte de nada, no tendrías motivos para preocuparte.
- ¿Y si no me olvido?
- Bueno, en 20 años morirías bajo el agua y ya está. No tuvo importancia el hecho. ¿Qué más me querías decir?
- Me pone nervioso que haya tantos canales en la televisión. No sé cuál elegir. Cualquier cosa que mire, yo siento que me estoy perdiendo de algo mejor en otro canal, por lo que finalmente me quedo haciendo zapping sin plantarme en ningún programa.
- ¿Y una vez que terminás el zapping?
- Lo vuelvo a hacer, y termino agotado, son demasiados canales. Al final, acabo siempre a TN para mantenerme al tanto de lo que está pasando con la temperatura. Siempre quiero que llegue al record de calor, porque me gusta el quilombo.
- Pero no te olvides que de ese modo se van a derretir más rápido los glaciares y podés morir ahogado.
- Y bueno, por un lado mejor, así no me preocupo por esa llamada que se cortó y me ahorro toda esa mala sangre de no saber quién tiene que llamar a quien.
- Bueno, ¿algo más que te acuerdes?
- No.
- Te estás olvidando de algo.
- ¿De qué?
- Me debés 6 pesos de la última sesión.
jueves, 27 de noviembre de 2008
lunes, 24 de noviembre de 2008
Sesión 29: "Panóptico 5 estrellas"
La sesión siguiente a mi regreso del viaje, quise dedicarla a contarle sobre el hotel donde me hospedaron y sobre el nuevo trauma que descubrí al respecto. No pude evitar sentirme observado en cada instante. Llegué a un punto de desesperación en el que me sentía un fugitivo tratando de huir de esas miradas anónimas que me pesaban en la nuca.
Al empezar la sesión, tuve el presentimiento de que ella me iba a entender y ayudar, e incluso su comprensión fue mayor a la esperada.
- Contame de tu viaje...
- El hotel era 5 estrellas, de esos con señores de galera en la entrada que te abren la puerta del auto. Habitaciones amplias, con aire acondicionado central, televisor de plasma, jacuzzi y ducha escocesa incorporada en el baño, spa, sauna, gimnasio, business center y había salmón en el desayuno.
- Entonces, ¿bien?
- La verdad que yo no pido más que eso, me sé conformar.
- Entonces ningún problema. ¿Lo dejamos acá?
- ¿Cómo lo dejamos acá? Claro que hubo problemas, fue una experiencia terrible, no paré de sentirme observado. En el hotel cámaras por todas partes. Al salir de la habitación, en los pasillos, cada cinco pasos, en cualquier rincón una cámara, me sentía sospechoso de estar saliendo en vivo por esos monitores en blanco y negro de los servicios de seguridad internos, tenía miedo de que me llevaran detenido.
- Claro, no es fácil. Te hubieras quedado en la habitación.
- Lo intenté, pero fue peor. Siempre que voy a un hotel siento que en la habitación me están filmando. De hecho, me fijo si en el techo hay alguna cámara escondida y desconfío profundamente de los detectores de humo, ya que para mí, en realidad, además de detectar el humo, filman, ya que no les cuesta nada tener 2 funciones.
- Pero vos sos muy ingenuo.
- Es lo que siento, no lo puedo evitar. Siento que me están filmando desnudo o en situaciones muy íntimas.
- Por eso te digo, sos muy ingenuo.
- Ya lo sé, ¿Pero qué quiere que haga?
- Que no seas ingenuo! Que estés siempre vestido... te bañes en malla, al cambiarte cubrite con una toalla y tené mucho cuidado, ni se te ocurra llevártela.
Al empezar la sesión, tuve el presentimiento de que ella me iba a entender y ayudar, e incluso su comprensión fue mayor a la esperada.
- Contame de tu viaje...
- El hotel era 5 estrellas, de esos con señores de galera en la entrada que te abren la puerta del auto. Habitaciones amplias, con aire acondicionado central, televisor de plasma, jacuzzi y ducha escocesa incorporada en el baño, spa, sauna, gimnasio, business center y había salmón en el desayuno.
- Entonces, ¿bien?
- La verdad que yo no pido más que eso, me sé conformar.
- Entonces ningún problema. ¿Lo dejamos acá?
- ¿Cómo lo dejamos acá? Claro que hubo problemas, fue una experiencia terrible, no paré de sentirme observado. En el hotel cámaras por todas partes. Al salir de la habitación, en los pasillos, cada cinco pasos, en cualquier rincón una cámara, me sentía sospechoso de estar saliendo en vivo por esos monitores en blanco y negro de los servicios de seguridad internos, tenía miedo de que me llevaran detenido.
- Claro, no es fácil. Te hubieras quedado en la habitación.
- Lo intenté, pero fue peor. Siempre que voy a un hotel siento que en la habitación me están filmando. De hecho, me fijo si en el techo hay alguna cámara escondida y desconfío profundamente de los detectores de humo, ya que para mí, en realidad, además de detectar el humo, filman, ya que no les cuesta nada tener 2 funciones.
- Pero vos sos muy ingenuo.
- Es lo que siento, no lo puedo evitar. Siento que me están filmando desnudo o en situaciones muy íntimas.
- Por eso te digo, sos muy ingenuo.
- Ya lo sé, ¿Pero qué quiere que haga?
- Que no seas ingenuo! Que estés siempre vestido... te bañes en malla, al cambiarte cubrite con una toalla y tené mucho cuidado, ni se te ocurra llevártela.
sábado, 22 de noviembre de 2008
Sesión 28: "Sólo se trata de vivir"
La sesión 28 fue la última antes de irme a actuar a la ciudad de Rosario y también fue mi gran oportunidad para no avisarle sobre mi fecha de regreso, y de este modo, darle fin a la continuidad de esta terapia. Oportunidad que, de por cierto, dejé pasar, ante la imprevisibilidad en el desarrollo de los hechos.
- Mañana me voy a Rosario -le dije-.
- ¿A vivir? -me preguntó sorpresivamente-.
- No! ¿Cómo a vivir? ¿De qué me está hablando? Solamente me voy a actuar.
En ese momento comprendí que me había equivocado. Ella me había dejado todo servido para que yo simplemente respondiera que sí, que me iba a vivir y que no iba a regresar nunca más. Pero fue tanta la sorpresa y hasta la bronca por el desapego de su comentario, que mi defensa automática, mi acto reflejo, fue aclararle mi verdadero propósito del viaje y dejar pasar así, mi gran oportunidad.
- Bueno, pero también vas a vivir -me replicó-.
- No. Voy y vuelvo -le contesté descolocado, como quien no quiere perder, dejando pasar una segunda oportunidad-.
- Bueno - continuó ella-, pero vas a vivir allá, vas a estar vivo. ¿O tenés pensado ir sin vivir, ir fallecido? Eso es lo que te pasa, te olvidás que vivís y te olvidás de vivir. Lo das tan por sentado que no te das cuenta.
No supe qué decir, su juego de palabras me había hecho dudar de mi viaje, de mi nombre y hasta del planeta en el que habito. Luego me preguntó:
- ¿Te quedás allá por varios meses?
Yo no entendía qué estaba sucediendo, ella insistía con que yo me iba a ir por un largo periodo de tiempo. Sé que era otra nueva oportunidad, pero había algo que era más fuerte que yo: me estaba sintiendo rechazado y no le iba a dar el gusto.
- No! -le dije tajantemente-. Vuelvo pasado mañana, ¿Ok? Y es más, a mi regreso tengo pensado verla más seguido.
- No creo que sea posible, ya no tengo vida -me dijo en tono de lamento y en sintonía con lo que expresaban sus ojos vidriosos-.
- ¿Y por qué no se va a vivir a otra ciudad?
- Dejame ver mi agenda, tal vez te acompañe.
- Mañana me voy a Rosario -le dije-.
- ¿A vivir? -me preguntó sorpresivamente-.
- No! ¿Cómo a vivir? ¿De qué me está hablando? Solamente me voy a actuar.
En ese momento comprendí que me había equivocado. Ella me había dejado todo servido para que yo simplemente respondiera que sí, que me iba a vivir y que no iba a regresar nunca más. Pero fue tanta la sorpresa y hasta la bronca por el desapego de su comentario, que mi defensa automática, mi acto reflejo, fue aclararle mi verdadero propósito del viaje y dejar pasar así, mi gran oportunidad.
- Bueno, pero también vas a vivir -me replicó-.
- No. Voy y vuelvo -le contesté descolocado, como quien no quiere perder, dejando pasar una segunda oportunidad-.
- Bueno - continuó ella-, pero vas a vivir allá, vas a estar vivo. ¿O tenés pensado ir sin vivir, ir fallecido? Eso es lo que te pasa, te olvidás que vivís y te olvidás de vivir. Lo das tan por sentado que no te das cuenta.
No supe qué decir, su juego de palabras me había hecho dudar de mi viaje, de mi nombre y hasta del planeta en el que habito. Luego me preguntó:
- ¿Te quedás allá por varios meses?
Yo no entendía qué estaba sucediendo, ella insistía con que yo me iba a ir por un largo periodo de tiempo. Sé que era otra nueva oportunidad, pero había algo que era más fuerte que yo: me estaba sintiendo rechazado y no le iba a dar el gusto.
- No! -le dije tajantemente-. Vuelvo pasado mañana, ¿Ok? Y es más, a mi regreso tengo pensado verla más seguido.
- No creo que sea posible, ya no tengo vida -me dijo en tono de lamento y en sintonía con lo que expresaban sus ojos vidriosos-.
- ¿Y por qué no se va a vivir a otra ciudad?
- Dejame ver mi agenda, tal vez te acompañe.
jueves, 6 de noviembre de 2008
Sesión 27: "La consulta gestáltica III"
La casa donde me atiende el terapeuta gestáltico es muy grande, tiene dos pisos, un altillo y varias habitaciones. En todos los ambientes se huele sahumerio, y en los pasillos una mezcla de éstos. Hoy me tocó pasar al altillo, porque la sala principal estaba ocupada por un grupo de mujeres treintañeras haciendo yoga o "ioga", como dice él.
"Vos subí al altillo que yo ya voy", me dijo. No me gustó nada la idea del altillo. A decir verdad, soy un poco fóbico y paranoico, y este ambiente de las terapias me hace desconfiar mucho de la idoneidad de quienes las llevan a cabo. Sin embargo, al subir y ver las fotos que tenía con su mujer y sus hijos me tranqulicé.
- Hoy quiero dejar de lado un poco la relación que tenés con tu psicóloga y que trabajemos en resolver cuestiones puntuales que tienen que ver con tu manera de hacer, ser y estar. Cerrá los ojos.
Yo hice trampa y no los llegué a cerrar del todo, como dejándolos entre abiertos. Luego puso una música media oriental, me pidió que respirara hondo y me preguntó:
- ¿Cómo te sentís?
- Creo que estoy enfermo de manera crónica.
- No podés pensar todos los días que estás enfermo.
- Es que si no pienso eso me olvido de tomar la medicación. Yo tengo un problema y es que del oído izquierdo escucho la mitad.
- Tapate el oído derecho. ¿Cuántos decibeles menos escuchás? ¿veinte?
- ¿Dijiste diez?
- Sí, es cierto, escuchás la mitad.
- Y yo odio ir al otorrino, porque siempre que voy me pide que me haga una audiometría. Se la entrego, la observa y luego me dice que del oído izquierdo escucho menos. Yo ya lo sé, por eso fui. Quiero una solución al respecto, no que me repitan cada vez que voy lo que ya sé que tengo.
- ¿Te molesta escuchar menos de un oído?
- Sí.
- Bueno, la solución es que no te moleste. Tema superado, seguimos. ¿Qué otro tema puntual a resolver tenés?
- Creo que soy un poco paranoico. La crisis económica no me está afectando tanto, y como me está yendo bien en el trabajo, la otra vez decidí ir al shopping a comprar un par de zapatillas. Apenas entré al negocio se cortó la luz y yo sentí que todos pensaban que fue mi culpa.
- Ah, ¿sos paranoico? Bueno, no seas más paranoico. ¿Qué otro problema tenés?
- No sé, me siento mal.
- Sentite bien.
- Y sobre todas las cosas, como ya le planteé en el primer encuentro, quiero cambiar.
- ...Y cambiá!
Sentí que la charla fue un poco superficial. Eso fue todo y así es un encuentro con el terapeuta gestáltico, y lo increíble es que, paradójicamente, logré sentirme mucho mejor, todo me llegó a parecer más fácil.
Al finalizar el encuentro me dijo:
- Debido al aumento de costos que se está padeciendo en la canasta familiar y en los servicios públicos, me veo obligado a subirte la consulta de $90 a $100.
- Pero yo tengo entendido, que los costos están congelados por la crisis.
- Entonces es simple. Tomalo como que el incremento se debe a que nunca tengo diez pesos de vuelto para darte y se pierde mucho tiempo con el tema de buscar cambio, como ocurrió la semana pasada. Por lo que te paso a cobrar $1oo porque es un número redondo. Yo ya te lo enseñé, es parte de mi terapia: siempre hay que simplificar las cosas.
- Justo traje cambio hoy, $90 exactos. la semana que viene te traigo $110.
- ¿No llegás a $100?
- No, me quedan 4 pesos nada más.
- Bueno, no importa, no te hagas ningún tipo de problema. Hasta la semana que viene. Ah, y traé $106.
"Vos subí al altillo que yo ya voy", me dijo. No me gustó nada la idea del altillo. A decir verdad, soy un poco fóbico y paranoico, y este ambiente de las terapias me hace desconfiar mucho de la idoneidad de quienes las llevan a cabo. Sin embargo, al subir y ver las fotos que tenía con su mujer y sus hijos me tranqulicé.
- Hoy quiero dejar de lado un poco la relación que tenés con tu psicóloga y que trabajemos en resolver cuestiones puntuales que tienen que ver con tu manera de hacer, ser y estar. Cerrá los ojos.
Yo hice trampa y no los llegué a cerrar del todo, como dejándolos entre abiertos. Luego puso una música media oriental, me pidió que respirara hondo y me preguntó:
- ¿Cómo te sentís?
- Creo que estoy enfermo de manera crónica.
- No podés pensar todos los días que estás enfermo.
- Es que si no pienso eso me olvido de tomar la medicación. Yo tengo un problema y es que del oído izquierdo escucho la mitad.
- Tapate el oído derecho. ¿Cuántos decibeles menos escuchás? ¿veinte?
- ¿Dijiste diez?
- Sí, es cierto, escuchás la mitad.
- Y yo odio ir al otorrino, porque siempre que voy me pide que me haga una audiometría. Se la entrego, la observa y luego me dice que del oído izquierdo escucho menos. Yo ya lo sé, por eso fui. Quiero una solución al respecto, no que me repitan cada vez que voy lo que ya sé que tengo.
- ¿Te molesta escuchar menos de un oído?
- Sí.
- Bueno, la solución es que no te moleste. Tema superado, seguimos. ¿Qué otro tema puntual a resolver tenés?
- Creo que soy un poco paranoico. La crisis económica no me está afectando tanto, y como me está yendo bien en el trabajo, la otra vez decidí ir al shopping a comprar un par de zapatillas. Apenas entré al negocio se cortó la luz y yo sentí que todos pensaban que fue mi culpa.
- Ah, ¿sos paranoico? Bueno, no seas más paranoico. ¿Qué otro problema tenés?
- No sé, me siento mal.
- Sentite bien.
- Y sobre todas las cosas, como ya le planteé en el primer encuentro, quiero cambiar.
- ...Y cambiá!
Sentí que la charla fue un poco superficial. Eso fue todo y así es un encuentro con el terapeuta gestáltico, y lo increíble es que, paradójicamente, logré sentirme mucho mejor, todo me llegó a parecer más fácil.
Al finalizar el encuentro me dijo:
- Debido al aumento de costos que se está padeciendo en la canasta familiar y en los servicios públicos, me veo obligado a subirte la consulta de $90 a $100.
- Pero yo tengo entendido, que los costos están congelados por la crisis.
- Entonces es simple. Tomalo como que el incremento se debe a que nunca tengo diez pesos de vuelto para darte y se pierde mucho tiempo con el tema de buscar cambio, como ocurrió la semana pasada. Por lo que te paso a cobrar $1oo porque es un número redondo. Yo ya te lo enseñé, es parte de mi terapia: siempre hay que simplificar las cosas.
- Justo traje cambio hoy, $90 exactos. la semana que viene te traigo $110.
- ¿No llegás a $100?
- No, me quedan 4 pesos nada más.
- Bueno, no importa, no te hagas ningún tipo de problema. Hasta la semana que viene. Ah, y traé $106.
martes, 4 de noviembre de 2008
Sesión 26: "El placard abierto"
Me levanté con el pie izquierdo y fue una odisea llegar a la sesión. Me había quedado dormido por no haber descansado bien durante la noche y en las tres cuadras que caminé, troté y corrí para llegar a tiempo al consultorio me pasaron varias cosas.
Pasé por debajo de una escalera de una obra en construcción y después un gato negro asustado se me cruzó por enfrente. Por fortuna vi a una novia que entraba a un registro civil y me pregunté: ¿Novia mata escalera? ¿Y con el gato negro qué hago? Luego, por suerte pisé excremento canino.
Me limpié a orillas de la vereda con el agüita que corría rumbo a la alcantarilla y finalmente subí al segundo piso donde queda el consultorio.
- ¿Cómo estamos hoy? -me preguntó-.
- Yo bien, ud. no sé. -Le dije en tono jocoso-.
- ¿Estás bien o maso? ¿maso?
- No, estoy bien. Estoy perfecto. Bueno, creía que estaba bien, pero ahora que me lo pregunta de esta forma me hace dudar. Quizás tenga razón, puede ser que esté mal, sí, hecho mierda.
- ¿Qué anda pasando?
- No, nada. En realidad, pensándolo bien, no tengo motivos para estar mal.
- Bueno, motivos te sobran.
- No sé, ahora que me lo dice, me hace dudar. Puede ser, sí.
- De todos modos, me imagino que no siempre estuviste así, tan mal. Quiero decir, no siempre tuviste tantos problemas.
- No, claro que no. Yo en un momento no tenía ningún tipo de problema, ni uno solo.
- ¿Te acordás cuando fue?
- Sí, tenía 4 años.
- ¿Y ahora qué es lo que te pasa?
- No, nada. En realidad dormí mal. Creo que tengo ciertas obsesiones. Por ejemplo, no me puedo dormir si tengo el placard abierto porque siento que es de mala suerte y que algo terrible puede suceder.
- Que el placard esté abierto o cerrado no es ni buena ni mala suerte. No es nada. Ahora bien, si vos pensás que es mala suerte, probablemente sea mala suerte porque vas a estar sugestionado y lo vas a provocar con tus pensamientos. A ver Andrés si entendés esto: Las cosas por si solas no son ni buenas ni malas, uno las hace buenas o malas. El problema no es que el placard esté abierto, sino qué hacés vos con eso, cómo te afecta. En la vida las cosas no son ni fáciles ni difíciles, uno elige cómo hacerlas.
- Pero el hecho fáctico es que dormí mal. Y sí, el placard abierto no me dejaba tranquilo, me perturbaba. Tampoco me quise levantar para cerrarlo, para no despabilarme. Y finalmente me quedé entre dormido pensando que algo terrible iba a pasar y soñé toda la noche con el placard. Lo soñé en diferentes tipos de madera, pero el mío es de durlock, y con personas que entraban y salían de ahí. Finalmente mi abuela se quedó atascada con una percha y ahí me desperté para ayudarla y entonces lo cerré.
De repente la psicóloga se levantó enérgicamente, como poseída por una fuerza superior. Tomó de los vértices inferiores un cuadro con el retrato de Freud que estaba colgado en la pared y aparentemente lo enderezó. Sorprendido por su accionar, le pregunté:
- ¿Qué hace licenciada?
- No nada, ya está -me dijo como quien disminuye la cosa-.
- Hace un rato me dijo que las cosas no son ni buenas ni malas y ahora usted endereza el cuadro porque se suele decir que un cuadro torcido produce mala suerte.
- Claro, el cuadro torcido no es ni bueno ni malo. Pero justo me acordé que en la sección "sorpresa" de mi horóscopo del domingo decía: "Mantenga su casa en orden y algo bueno le va a suceder".
- ¿De qué signo es licenciada?
- De Escorpio.
- Yo también...
- Bueno, por hoy lo dejamos acá. Estate tranquilo... No te preocupes por el placard, y te recomiendo que ordenes ya tu casa.
- Por las dudas lo voy a hacer.
- Claro, siempre hay que abrir el paraguas antes de que llueva.
- ¿Pero no es de mala suerte eso?
Pasé por debajo de una escalera de una obra en construcción y después un gato negro asustado se me cruzó por enfrente. Por fortuna vi a una novia que entraba a un registro civil y me pregunté: ¿Novia mata escalera? ¿Y con el gato negro qué hago? Luego, por suerte pisé excremento canino.
Me limpié a orillas de la vereda con el agüita que corría rumbo a la alcantarilla y finalmente subí al segundo piso donde queda el consultorio.
- ¿Cómo estamos hoy? -me preguntó-.
- Yo bien, ud. no sé. -Le dije en tono jocoso-.
- ¿Estás bien o maso? ¿maso?
- No, estoy bien. Estoy perfecto. Bueno, creía que estaba bien, pero ahora que me lo pregunta de esta forma me hace dudar. Quizás tenga razón, puede ser que esté mal, sí, hecho mierda.
- ¿Qué anda pasando?
- No, nada. En realidad, pensándolo bien, no tengo motivos para estar mal.
- Bueno, motivos te sobran.
- No sé, ahora que me lo dice, me hace dudar. Puede ser, sí.
- De todos modos, me imagino que no siempre estuviste así, tan mal. Quiero decir, no siempre tuviste tantos problemas.
- No, claro que no. Yo en un momento no tenía ningún tipo de problema, ni uno solo.
- ¿Te acordás cuando fue?
- Sí, tenía 4 años.
- ¿Y ahora qué es lo que te pasa?
- No, nada. En realidad dormí mal. Creo que tengo ciertas obsesiones. Por ejemplo, no me puedo dormir si tengo el placard abierto porque siento que es de mala suerte y que algo terrible puede suceder.
- Que el placard esté abierto o cerrado no es ni buena ni mala suerte. No es nada. Ahora bien, si vos pensás que es mala suerte, probablemente sea mala suerte porque vas a estar sugestionado y lo vas a provocar con tus pensamientos. A ver Andrés si entendés esto: Las cosas por si solas no son ni buenas ni malas, uno las hace buenas o malas. El problema no es que el placard esté abierto, sino qué hacés vos con eso, cómo te afecta. En la vida las cosas no son ni fáciles ni difíciles, uno elige cómo hacerlas.
- Pero el hecho fáctico es que dormí mal. Y sí, el placard abierto no me dejaba tranquilo, me perturbaba. Tampoco me quise levantar para cerrarlo, para no despabilarme. Y finalmente me quedé entre dormido pensando que algo terrible iba a pasar y soñé toda la noche con el placard. Lo soñé en diferentes tipos de madera, pero el mío es de durlock, y con personas que entraban y salían de ahí. Finalmente mi abuela se quedó atascada con una percha y ahí me desperté para ayudarla y entonces lo cerré.
De repente la psicóloga se levantó enérgicamente, como poseída por una fuerza superior. Tomó de los vértices inferiores un cuadro con el retrato de Freud que estaba colgado en la pared y aparentemente lo enderezó. Sorprendido por su accionar, le pregunté:
- ¿Qué hace licenciada?
- No nada, ya está -me dijo como quien disminuye la cosa-.
- Hace un rato me dijo que las cosas no son ni buenas ni malas y ahora usted endereza el cuadro porque se suele decir que un cuadro torcido produce mala suerte.
- Claro, el cuadro torcido no es ni bueno ni malo. Pero justo me acordé que en la sección "sorpresa" de mi horóscopo del domingo decía: "Mantenga su casa en orden y algo bueno le va a suceder".
- ¿De qué signo es licenciada?
- De Escorpio.
- Yo también...
- Bueno, por hoy lo dejamos acá. Estate tranquilo... No te preocupes por el placard, y te recomiendo que ordenes ya tu casa.
- Por las dudas lo voy a hacer.
- Claro, siempre hay que abrir el paraguas antes de que llueva.
- ¿Pero no es de mala suerte eso?
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