viernes, 3 de octubre de 2008

Sesión 15: "Todo conectado y algo cambió"

Llegué al estacionamiento y me causó cierta extrañeza y decepción no ver al encargado del garage. Pero mucho más raro aún, al borde de lo inverosímil, e incluso, poniendo en riesgo la credibilidad de mi relato, fue verlo al encargado salir del consultorio de mi analista, segundos antes de que mi sesión empezara.

Eso me distrajo. Yo venía con la mente puesta en decirle a mi psicóloga lo que no pude concretar durante la sesión anterior: que hoy iba a ser mi última vez ahí. De hecho, mi nerviosismo fue tal que en mi intento de abonar la consulta por adelantado, para evitar pagar en el silencio y la incomodidad de la despedida, una lluvia de monedas se escurrió entre mis manos cayendo y rodando por debajo de la mesa. Me agaché para juntarlas, tras la sombra que el mantel producía y me quedé con la extraña sensación de que varias pudieron haber quedado reposando en esa oscuridad.

La sesión de hoy fue rara, no parecía ella. Estaba mucho más alegre y concentrada. Realmente sentí que me escuchaba e incorporaba a su sinapsis palabra por palabra que yo emitía. Entre varias cosas que me dijo, lo que más rescato fue: "la llave hay que buscarla adentro; siempre se puede dar marcha atrás cuando uno se equivoca, no puede salir o siente que no está en el lugar adecuado; y que no hay que vivir acelerado ni con las revoluciones muy altas, ya que eso dificulta pensar con claridad y decidir con anticipación el camino que a uno le conviene tomar".

Le comenté que varias veces me siento inadvertido y con la sensación de que las personas no me entienden ni me escuchan. En ese momento, pensé que ella me iba a decir algo desubicado, que no vendría al caso y que iba a reforzar e incluso empeorar ese sentimiento de no sentirme escuchado. Sin embargo, la genialidad de su metáfora me sorprendió: "Cuando por fin decidas salir, tocá bocina, hacete escuchar y los demás no sólo te oirán, sino que también, se abrirán a tu paso".

El encuentro de hoy no podría haber sido mejor. En un estado de felicidad plena, regresé al estacionamiento para buscar mi auto. Potenció mi alegría ser recibido por el encargado que ya se encontraba allí, en su puesto, y con su TV de catorce pulgadas, esta vez, sintonizando el canal Cosmo.

En mi intento de pagarle con el cambio justo los $7,90, recordé lo de las monedas y las desplacé, cual baraja de naipes, sobre la mesada adjunta a la caja, para sacármelas de encima. El encargado extendió su mano, agarró un botón de pantalón que estaba extrañamente infiltrado entre las tantas monedas, se sonrojó, y con una leve sonrisa cómplice me dijo:

- Hoy no me debés nada, andá tranquilo. ...y tocá bocina al salir.

5 comentarios:

Hernán Heyman dijo...

Muy bueno el final! Inesperado.

Lorena Frost dijo...

Ya tenes un amigo nuevo!
PD: Quiero que este chico Hernan vuelva a comentar en mi blog. Podes venir a jugar a la wii si queres pero escribimeeee!!!!

Javi dijo...

Espectacular. Todo entrelazado y armado con la precisión de un relojero suizo...
(la sigo en el facebook...)

el susuki de fede dijo...

de mañanas informales a cosmo, esa sicologa da miedo che.
Andy capo, estas sesiones son ..de primera.

Secuas dijo...

Ahora queda claro, la psico era una re contra mal cog.. hasta que la agarró el encargado del garage.

Muy fina y sutil la manera de contarlo, con eso del botón del tipo que encontraste abajo de la mesa en el consultorio.

Solo para atentos lectores y detectives, como yo. Secuas (con s)