Hay que simplificar el alfabeto. Con qué finalidad luego de la letra “Q” va la vocal "U". Sin la “U” se entiende igual, no aporta nada. ¿Por qé nos complicamos?
Pero yendo más allá, es ridícula en sí misma, la letra "Q", si existe la "K". Eliminemos la "Q" del alfabeto y ya que estamos, sakemos la letra “C”. ¿Para ké existe la letra “C”? Si está la "K" y también está la “S”, no hase falta.
Tiremos la "C" a la basura. Basura kon B larga. Pará, la "V" korta es derroche, manteka al techo, pizza kon champagne, pan y sirko. Sakemos a la "V" korta, kon una sola B se entiende lo mismo, no sirbe.
Por si fuera poko, ensima de ke sobra una "V", existe la doble V (“W”), esto es joda. Chau "W", y Gualter ke se eskriba kon “G” de "gato".
Gato enserrado es lo ke hay aká porke la “G” a beses le roba trabajo a la letra “J”, kon lo komplikado ke es konseguir un laburo en estos tiempos de krisis. Ke la “J” haga su trabajo, ke la “G” haga siempre de “Gue”, pero sin esa "U" en el medio ke molesta, sin diéresis y ke se dejen de pisar o de haser la gerra.
Aká hay matufias, negosiados enkubiertos, un enredo de koimas, presupuestos inflados, letras ñokis ke sólo kobran su sueldo a fin de mes. Akabo de deskubrir algo… No hay más ñoki ke la “enie”, es un kurro ke lleba anios, un puesto de trabajo inbentado, komo un shampoo 2 en 1.
La prueba misma de la korrupsión, es ke exista una letra muda, la “H”, es komo un oído sordo, komo agua seka, komo eladera sin frío.
Terminemos kon la burokrasia, ke la jente reaksione, kambiemos esto, rompamos menos las gindas, no esperemos asta maniana y a partir de oy, ke primer grado, dure 3 meses.
domingo 5 de julio de 2009
Tostadora
Me cuesta usar la tostadora para una tostada sola, ya que tiene espacio para dos. La coma o no la coma siento que tengo que poner 2 panes sí o sí. Para aprovechar el tiempo, el esfuerzo, la electricidad y para justificar que un día nací, crecí, me desarrollé y me compré una tostadora que tiene espacio para dos panes.
Y aunque no tenga más hambre, como la segunda tostada, porque no puedo dejar que nada sobre en el plato y para justificar que tengo ese plato.
Y aunque no tenga más hambre, como la segunda tostada, porque no puedo dejar que nada sobre en el plato y para justificar que tengo ese plato.
Beso Pass
Hay gente que uno se cruza a menudo y que saluda a la distancia con un gesto, o simplemente con un "hola" suicida arrojado al vacío que se estampa contra el suelo.
Pero si algún día, algún maldito día, mezlca de indecisón e inseguridad, saludás a esa persona con un beso..., listo, no hay marcha atrás, se clavó una bandera, se inscribió una huella, se marcó una pauta, se incorporó la rutina de saludar a esa persona siempre con un beso, ya que de no hacerlo reinará una falta, implícita y silenciosa en la conciencia de ambos.
Estoy cansado de llegar al trabajo y estar 20 minutos saludando de la misma forma a quien se me cruce: "todo bien - todo bien", sin mirarnos, sin escucharnos, sin retenernos, a lo sumo con alguna palmada a la pasada que busca decir algo más de lo que no fue dicho.
Me cansé de saludar, de hacerme el apurado o el que hablo por celular sin prestar atención a nada, llegó la hora de inventar un nuevo sistema de saludo: El "Beso Pass", un pase libre para no saludar más a nadie en la oficina, un pase que reemplace al "Hola, ¿Todo bien?", que te ayude a ahorrar tiempo, esfuerzo y que sea una solución para prevenir el contagio por pandemia.
Que simplemente haya que levantar en alto el "Beso Pass" y decir: "Permiso, permiso, háganse a un costado... yo tengo el Beso Pass".
La única duda que me queda es: ¿Al que me lo vende, lo saludo con un beso?
Pero si algún día, algún maldito día, mezlca de indecisón e inseguridad, saludás a esa persona con un beso..., listo, no hay marcha atrás, se clavó una bandera, se inscribió una huella, se marcó una pauta, se incorporó la rutina de saludar a esa persona siempre con un beso, ya que de no hacerlo reinará una falta, implícita y silenciosa en la conciencia de ambos.
Estoy cansado de llegar al trabajo y estar 20 minutos saludando de la misma forma a quien se me cruce: "todo bien - todo bien", sin mirarnos, sin escucharnos, sin retenernos, a lo sumo con alguna palmada a la pasada que busca decir algo más de lo que no fue dicho.
Me cansé de saludar, de hacerme el apurado o el que hablo por celular sin prestar atención a nada, llegó la hora de inventar un nuevo sistema de saludo: El "Beso Pass", un pase libre para no saludar más a nadie en la oficina, un pase que reemplace al "Hola, ¿Todo bien?", que te ayude a ahorrar tiempo, esfuerzo y que sea una solución para prevenir el contagio por pandemia.
Que simplemente haya que levantar en alto el "Beso Pass" y decir: "Permiso, permiso, háganse a un costado... yo tengo el Beso Pass".
La única duda que me queda es: ¿Al que me lo vende, lo saludo con un beso?
Histeria femenina
Siempre que un chico y una chica van caminando por la calle y otra chica que viene caminando en sentido contrario los cruza, esta chica no mira al chico, al hombre, al individuo de sexo masculino, sino que mira, de arriba a abajo, a la chica que lo acompaña. ¿Por qué?
La otra vez, mientras caminaba al lado de una chica, se me cruza una mina hermosa, e increiblemente... me mira a mí...
"Nooooo!" pensé, seguro es torta.
La otra vez, mientras caminaba al lado de una chica, se me cruza una mina hermosa, e increiblemente... me mira a mí...
"Nooooo!" pensé, seguro es torta.
Nombres caducados
Hay momentos de un ocio tan extremo en la pareja, que la conversación gira en torno al "juego" de elegir posibles nombres para un futuro hijo que aún no se está por tener.
Pero cuando la pareja elige un nombre que a los dos les encanta para un potencial hijo, y luego la relación termina y cortan, ¿Quién tiene derecho sobre el nombre para utilizar en otra relación con otra persona?
Creo que nadie, porque el nombre haría recordar a la ex pareja. Con ese criterio algunos de los nombres que me quedan disponibles para mi futuro hijo son: Romualdo, Toribio y Venceslao, y si es hija: Adalgisa, Isidora y Segismunda.
Creo que voy a dejar de jugar a ese tipo juegos absurdos.
Pero cuando la pareja elige un nombre que a los dos les encanta para un potencial hijo, y luego la relación termina y cortan, ¿Quién tiene derecho sobre el nombre para utilizar en otra relación con otra persona?
Creo que nadie, porque el nombre haría recordar a la ex pareja. Con ese criterio algunos de los nombres que me quedan disponibles para mi futuro hijo son: Romualdo, Toribio y Venceslao, y si es hija: Adalgisa, Isidora y Segismunda.
Creo que voy a dejar de jugar a ese tipo juegos absurdos.
Balizas al instante
Cuando estoy estacionado en el auto con la balizas puestas y hay un auto delante mío que también está con la balizas, me quedo pendiente, atento, a detectar ese instante en el que las balizas de ambos coinciden, para luego separarse, seguir cada una con su propio ritmo y reencontrarse nuevamente en otro futuro instante fugaz.
Curar con miel
Hay gente que pretende curar todo con miel. Pero la miel no te cura una gripe, a lo sumo hace una tostada más dulce. Es como intentar curarse con dulce de leche.
Tampoco sé que propiedades medicinales tiene el té con miel. Los antibióticos y analgésicos luchan con armas concretas, artillería pesada (cañones, bayestas, ametralladoras, granadas) contra las bacterias o virus, en cambio creo que el "té con miel" combate por las vías diplomáticas, de manera amigable, buscando el consenso, tratando de persuadir, o endulzar al virus o a la bacteria para que se vaya de buena manera, "Por favor estimada bacteria, pase por acá, sobre la alfombra roja..., hasta luego su señoría".
Tampoco sé que propiedades medicinales tiene el té con miel. Los antibióticos y analgésicos luchan con armas concretas, artillería pesada (cañones, bayestas, ametralladoras, granadas) contra las bacterias o virus, en cambio creo que el "té con miel" combate por las vías diplomáticas, de manera amigable, buscando el consenso, tratando de persuadir, o endulzar al virus o a la bacteria para que se vaya de buena manera, "Por favor estimada bacteria, pase por acá, sobre la alfombra roja..., hasta luego su señoría".
viernes 3 de julio de 2009
Spam
Cuando entro a mi casilla de mail y veo que tengo mensajes nuevos en mi bandeja de entrada y mensajes nuevos en el Spam, primero voy a los de Spam para sacármelos de encima y para dejar lo mejor para lo último. Después de revisar el Spam, ahí sí, voy a la bandeja de entrada y qué desilusión, me doy cuenta que era mucho más interesante el spam.
Interesante
El adjetivo “interesante” es comodín. Sirve para quedar bien sin decir nada, sin emitir opinión, sin jugarse.
Te preguntan por una película, y no la entendiste o no querés develar tu opinión primero, entonces decís: “interesante”.
Comés una comida horrible en lo de tus suegros, te preguntan qué te pareció, y para no mentir ni quedar mal, podés decir: "interesante".
"Interesante" también reemplazó a "simpática", porque salís con una mina que no te gusta y te pregunta: ¿qué te parezco como mujer?
¿Y qué le vas a decir? ¿Una insoportable que no para de hablar sin registrar su entorno?
Y sí, es más interesante.
Te preguntan por una película, y no la entendiste o no querés develar tu opinión primero, entonces decís: “interesante”.
Comés una comida horrible en lo de tus suegros, te preguntan qué te pareció, y para no mentir ni quedar mal, podés decir: "interesante".
"Interesante" también reemplazó a "simpática", porque salís con una mina que no te gusta y te pregunta: ¿qué te parezco como mujer?
¿Y qué le vas a decir? ¿Una insoportable que no para de hablar sin registrar su entorno?
Y sí, es más interesante.
Muy sobre el pucho
¿Cómo se llegó a la frase "Muy sobre el pucho"?
A ver, dejame imaginar la secuencia: La persona estaba fumando, en el lugar no estaba permitido fumar, le dijeron a alguien que vaya a decirle que lo apague urgente, pero era tarde, la persona ya lo había tirado al piso, pisado y estaba muy sobre el pucho.
A ver, dejame imaginar la secuencia: La persona estaba fumando, en el lugar no estaba permitido fumar, le dijeron a alguien que vaya a decirle que lo apague urgente, pero era tarde, la persona ya lo había tirado al piso, pisado y estaba muy sobre el pucho.
Sin estéreo
Extraño esos stickers ochentosos que decían “Sin estéreo”. El sticker lo decía y había que creerle, el ladrón no se iba a arriesgar.
Era una calcomanía más eficiente que los sistemas de alarmas, que el X28, que el Lo Jack y el rastreo satelital. Por eso las grandes empresas hicieron que el sticker desapareciera, porque les ponía en riesgo el negocio, al punto que alguien una vez encontró su auto con el vidrio roto, pero no le habían robado nada. Sólo dejaron un papelito que decía: ¡por mentiroso!
Era una calcomanía más eficiente que los sistemas de alarmas, que el X28, que el Lo Jack y el rastreo satelital. Por eso las grandes empresas hicieron que el sticker desapareciera, porque les ponía en riesgo el negocio, al punto que alguien una vez encontró su auto con el vidrio roto, pero no le habían robado nada. Sólo dejaron un papelito que decía: ¡por mentiroso!
Menú Promocional
Cada vez que en un restaurante encuentro un "menú ejecutivo" (o "menú legislativo") que es rico y barato, y se lo pido al mozo, éste siempre me señala donde dice: "Menú válido de lunes a jueves entre las 13 y las 15 hs. siempre y cuando no llueva y se nos cante... La casa se reserva el derecho de admisión y permanencia. Tarjetas de crédito y débito suspendidas. *Servicio de mesa 5 pesos".
Ni un disculpanos, ni un por favor, ni un gracias por molestarte en venir hasta acá, un sábado a la noche y lluvioso.
Ni un disculpanos, ni un por favor, ni un gracias por molestarte en venir hasta acá, un sábado a la noche y lluvioso.
Etapas de una relación
En la primera etapa de una relación hay sumo respeto, es acá cuando ambos se están conociendo y de vez en cuando a la chica se le escapa un: "lindo" o "bonito" según la sofisticación que tenga.
Pasa el tiempo, y a los 6 meses aproximadamente -según últimos estudios en la materia- empieza con: "mi amor".
Luego si la relación supera la crisis de los 9 meses y prospera, arriba a una etapa importante que es cuando te comienza a denominar: “bebé” -e incluso te habla como tal-.
Posteriormente se llega a lo máximo, al apogeo, al clímax, a lo insuperable en la relación que es: "Gordo", "gordito" o si el amor es aún más avanzado: "gordo chancho", que luego si se casan está a un paso de caer abruptamente a: "cerdo inmundo, andate de mi casa".
Pasa el tiempo, y a los 6 meses aproximadamente -según últimos estudios en la materia- empieza con: "mi amor".
Luego si la relación supera la crisis de los 9 meses y prospera, arriba a una etapa importante que es cuando te comienza a denominar: “bebé” -e incluso te habla como tal-.
Posteriormente se llega a lo máximo, al apogeo, al clímax, a lo insuperable en la relación que es: "Gordo", "gordito" o si el amor es aún más avanzado: "gordo chancho", que luego si se casan está a un paso de caer abruptamente a: "cerdo inmundo, andate de mi casa".
jueves 28 de mayo de 2009
Después del fin: "Últimas certezas"
Reconociendo que finalmente era YO el problema a mis problemas y a los problemas de los demás, decidí llamar a mi psicóloga para darle un cierre definitivo a esta historia. Su celular ya no pertenecía a un abonado en servicio y decidí caer de improvisto en su consultorio.
Nadie atendió el portero eléctrico, ni el portero humano. Crucé la calle y observé que en su balcón se exponía un cartel de “vendido”. Volví a la puerta del edificio y antes de volver a tocar, encontré una carta sobresaliendo del buzón, que casualmente era de mi psicóloga y decía lo siguiente: “imaginé que ibas a venir acá a buscar una explicación y la verdad es que me cansé de ser este personaje de ficción que alimenta tus delirios de sesiones y que sólo habita en tu mente, por lo que renuncio a seguir participando en esta historia”.
¿Me quiso hacer creer que todo fue producto de mi imaginación? Y de ser así, ¿es posible que un personaje que sólo habita en mi mente se rebele? Porque si justamente estuviera sólo en mi mente, soy yo quien decidiría su existencia. No era justo, creo que durante estos meses, de alguna manera la había ayudado a mi psicóloga, si bien tendría que haber sido al revés.
Sin darme por vencido recurrí al terapeuta gestáltico para que me diera una explicación pragmática a esta locura, de esas que me solía dar, del estilo: “si querés cambiar, cambiá”; “si no querés creer, no creas”; o “si te querés matar,…” no, esa espero que no.
Lo curioso es que al llegar, el terapeuta gestáltico, me recibió con una amabilidad forzada, casi exagerada, al mismo tiempo que trataba de disimular la sorpresa de verme nuevamente luego del fallido intento de la terapia grupal. No me dejó avanzar mucho más dentro del hall y me dijo:
- “Vos estás muy bien, muy bien” –como desligándose de responsabilidades, amenizando las tensiones y evitando cualquier tipo de futura conversación que implicara preguntas y respuestas extendidas en el tiempo-.
Al entender su propósito, y para su sorpresa, asentí sin cuestionar nada, pero parece que él ya tenía programados sus argumentos y continuó:
- “Está todo bien, andá tranquilo. Cuando quieras me podés buscar, pero no va a ser necesario, creéme. Por mi parte, yo quiero tomarme unas vacaciones y no tengo mucho más para decir u opinar. Tampoco quiero seguir siendo este personaje, al cual le diste vida y agradezco, pero prefiero terminar todo acá”.
Otra vez el mismo argumento, como si hubiera una conspiración para hacerme sentir que todo esto fue producto de mi imaginación. Yo sabía que no era así, que había algo más. Ellos se estaban deshaciendo de mí, con intenciones por entonces desconocidas.
Me acompañó hasta la puerta, la abrió como arrastrando algo que la frenaba y me despidió con diplomacia y prisa. Una vez afuera, respiré hondo, miré a mi alrededor como intentando pensar fríamente lo acontecido y tuve la sensación interna de que aún no debía abandonar el lugar, sino que había algo más pendiente de ser descubierto.
Y así fue. Junto al margen inferior de la puerta, al ras del piso, había un libro finito, doblado, herido por el abrir de la puerta. Lo tomé entre mis manos y leí su tapa: “Mis parodias de diván”, luego continué:
Sesión 1: "Primeras dudas"
Con cierta desconfianza a la ruleta rusa del tratamiento por cartilla, decidí empezar terapia por mi obra social, que según me dijeron, me cubren 30 sesiones anuales. Probé con 4 psicólogos distintos y ninguno me convenció, por lo que de las 30 sesiones, me quedaron 26. Me quedé con una terapeuta que parece entenderme, no me dice nada, pero veo como asiente con la cabeza y eso me da cierta esperanza.
No podía creer lo que estaba leyendo, ambos psicólogos se habían complotado en escribir y publicar un libro sobre mí, sobre mi caso. El libro era una recopilación de mis sesiones, y comenzaba tal cual estaba escrita aquella primera sesión que publiqué en mi blog un 9 de septiembre de 2008.
Todo esto me pareció un sueño, de hecho aún no estoy seguro si lo fue o si realmente sucedió, por lo que decidí empezar una terapia nueva con un profesional idóneo para que me interpretara este sueño tan real.
Me sentí usado, estafado, indefenso, intimidado en lo más profundo por no poder controlar cierta información sobre mi persona. De todas formas, tal como le dije a mi nuevo terapeuta, “podrán tener todas las sesiones, pero nunca tendrán el final, ya que no lo pienso publicar”.
FIN.
Epílogo: Las sesiones están numeradas de la 1 a la 38, los psicólogos consultados recomiendan leer empezando por la “Sesión 1” y seguir la trama respetando la cronología. Saltear etapas no es bueno, puede generar trastornos y confusión, que con el tiempo son difíciles de superar. En ese caso, yo le puedo recomendar a alguien que lo ayude.
Nadie atendió el portero eléctrico, ni el portero humano. Crucé la calle y observé que en su balcón se exponía un cartel de “vendido”. Volví a la puerta del edificio y antes de volver a tocar, encontré una carta sobresaliendo del buzón, que casualmente era de mi psicóloga y decía lo siguiente: “imaginé que ibas a venir acá a buscar una explicación y la verdad es que me cansé de ser este personaje de ficción que alimenta tus delirios de sesiones y que sólo habita en tu mente, por lo que renuncio a seguir participando en esta historia”.
¿Me quiso hacer creer que todo fue producto de mi imaginación? Y de ser así, ¿es posible que un personaje que sólo habita en mi mente se rebele? Porque si justamente estuviera sólo en mi mente, soy yo quien decidiría su existencia. No era justo, creo que durante estos meses, de alguna manera la había ayudado a mi psicóloga, si bien tendría que haber sido al revés.
Sin darme por vencido recurrí al terapeuta gestáltico para que me diera una explicación pragmática a esta locura, de esas que me solía dar, del estilo: “si querés cambiar, cambiá”; “si no querés creer, no creas”; o “si te querés matar,…” no, esa espero que no.
Lo curioso es que al llegar, el terapeuta gestáltico, me recibió con una amabilidad forzada, casi exagerada, al mismo tiempo que trataba de disimular la sorpresa de verme nuevamente luego del fallido intento de la terapia grupal. No me dejó avanzar mucho más dentro del hall y me dijo:
- “Vos estás muy bien, muy bien” –como desligándose de responsabilidades, amenizando las tensiones y evitando cualquier tipo de futura conversación que implicara preguntas y respuestas extendidas en el tiempo-.
Al entender su propósito, y para su sorpresa, asentí sin cuestionar nada, pero parece que él ya tenía programados sus argumentos y continuó:
- “Está todo bien, andá tranquilo. Cuando quieras me podés buscar, pero no va a ser necesario, creéme. Por mi parte, yo quiero tomarme unas vacaciones y no tengo mucho más para decir u opinar. Tampoco quiero seguir siendo este personaje, al cual le diste vida y agradezco, pero prefiero terminar todo acá”.
Otra vez el mismo argumento, como si hubiera una conspiración para hacerme sentir que todo esto fue producto de mi imaginación. Yo sabía que no era así, que había algo más. Ellos se estaban deshaciendo de mí, con intenciones por entonces desconocidas.
Me acompañó hasta la puerta, la abrió como arrastrando algo que la frenaba y me despidió con diplomacia y prisa. Una vez afuera, respiré hondo, miré a mi alrededor como intentando pensar fríamente lo acontecido y tuve la sensación interna de que aún no debía abandonar el lugar, sino que había algo más pendiente de ser descubierto.
Y así fue. Junto al margen inferior de la puerta, al ras del piso, había un libro finito, doblado, herido por el abrir de la puerta. Lo tomé entre mis manos y leí su tapa: “Mis parodias de diván”, luego continué:
Sesión 1: "Primeras dudas"
Con cierta desconfianza a la ruleta rusa del tratamiento por cartilla, decidí empezar terapia por mi obra social, que según me dijeron, me cubren 30 sesiones anuales. Probé con 4 psicólogos distintos y ninguno me convenció, por lo que de las 30 sesiones, me quedaron 26. Me quedé con una terapeuta que parece entenderme, no me dice nada, pero veo como asiente con la cabeza y eso me da cierta esperanza.
No podía creer lo que estaba leyendo, ambos psicólogos se habían complotado en escribir y publicar un libro sobre mí, sobre mi caso. El libro era una recopilación de mis sesiones, y comenzaba tal cual estaba escrita aquella primera sesión que publiqué en mi blog un 9 de septiembre de 2008.
Todo esto me pareció un sueño, de hecho aún no estoy seguro si lo fue o si realmente sucedió, por lo que decidí empezar una terapia nueva con un profesional idóneo para que me interpretara este sueño tan real.
Me sentí usado, estafado, indefenso, intimidado en lo más profundo por no poder controlar cierta información sobre mi persona. De todas formas, tal como le dije a mi nuevo terapeuta, “podrán tener todas las sesiones, pero nunca tendrán el final, ya que no lo pienso publicar”.
FIN.
Epílogo: Las sesiones están numeradas de la 1 a la 38, los psicólogos consultados recomiendan leer empezando por la “Sesión 1” y seguir la trama respetando la cronología. Saltear etapas no es bueno, puede generar trastornos y confusión, que con el tiempo son difíciles de superar. En ese caso, yo le puedo recomendar a alguien que lo ayude.
domingo 5 de abril de 2009
Sesión 38: "La terapia grupal"
La realidad es que fui un poco tímido e inseguro a la terapia de grupo. Como comúnmente dice la gente común, me sentía como: "sapo de otro pozo", con la diferencia que ni siquiera sabía si yo era el sapo, el pozo o algún otro animal.
Me llamó la atención ver un grupo tan extendido, a simple vista parecían como 20 personas, algo que considero poco maleable para atender las necesidades de todos. Sin embargo, el grupo parecía estar bien consolidado.
Apenas entré a la sala mi indecisión no supo dónde ubicarme y mi ansiedad le sugirió a mi paciencia sentarse en el extremo más cercano a la puerta de entrada, que una vez adentro se transformó automáticamente en puerta de salida.
Como nuevo integrante me tocó presentarme y no sé que se pasó por mi mente para decir lo que dije. Tal vez la idea de que alguna chica linda camuflada entre el montón -y que aún no había divisado- se fijara en mí. De hecho me fue muy bien, me levanté a una esquizofrénica. No, perdón, ahora que lo recuerdo eso no sucedió. Sin embargo aquello que dije tuvo otro tipo de repercusión.
- Soy un ser extremadamente sensible al punto que siento que tengo poderes ultraperceptivos que me hacen ver a través de las personas y eso me genera paranoia y poca relajación. El asombro hacia la inmensidad del universo y del tiempo no descansan en mi mente. Me cuesta aceptar límites, estructuras y definiciones, y a su vez, las necesito. Olvidé decir mi nombre, me llamo Andrés, soy un tipo profundo, tanto que me ahogo en mí.
- Usá flotadores! -me contestó un barbudo de anteojos de aproximadamente unos 45 años, causando un tsunami de carcajadas entre todo el grupo-.
Después de ese episodio no quise hablar más y me quedé lamentando mi decisión de permanecer ahí. De repente, algo que vi me apartó totalmente del lugar y mi atención se fue completamente de la sala.
Estaba seguro que era ella: mi psicóloga, la que hacía pocos días me había dejado de atender, y que ahora tapaba su rostro con un cuaderno para no ser reconocida. Al lado de ella, el encargado del estacionamiento lindero a su consultorio, ese buen tipo que tan prácticos consejos me había dado oportunamente.
Ella seguía con su cuaderno como muro divisor y yo no podía lograr interceptar su mirada. Con la paciencia de un esquimal con paciencia esperé el momento adecuado para hablar y desatar todas mis broncas contenidas.
De repente no aguanté más, interrumpí a uno que estaba hablando sobre su miedo a las palomas, tomé la palabra y empecé a relatar mi historia sobre mi terapia paralela con la psicóloga.
Luego de 50 minutos de hablar sin parar, recorriendo con lujo de detalles por todos los matices que tuvieron los encuentros con ella, desde sus primerizas miradas fugaces hacia el reloj; su habilidad para despacharme antes de cumplir el tiempo estipulado; no recordar mi nombre hasta la sesión número 16; su incapacidad para ayudarme diciendo que era lógico que esté mal; la vez que por error atendió al fumigador; mi estéril deseo de dejarla para que luego me deje ella; finalizando con que tenía un affaire con el encargado del estacionamiento y que ambos se encontraban presentes en la sala.
En ese momento, ella bajó su cuaderno, nuestras miradas se tocaron y ahí entendí dos cosas: que acababa de complicar inmerecidamente a ese buen hombre que me había ayudado; y que aquella persona cuyo cuaderno separaba nuestras miradas no era mi psicóloga, sino la mujer de aquel buen hombre.
El encargado del estacionamiento se defendió negando ser él y argumentando que nunca me había visto en su vida. Todos los demás me acusaron de haberlos hecho perder 50 minutos de sesión. Me angustié mucho por mi torpeza, me sentí un incomprendido total, un desamparado, o tal vez, este mundo de las terapias me estaba volviendo loco.
En los últimos 10 minutos de sesión todos plantearon brevemente sus problemas más actuales. Casualemente todos tenían el mismo problema: El problema era yo.
Me llamó la atención ver un grupo tan extendido, a simple vista parecían como 20 personas, algo que considero poco maleable para atender las necesidades de todos. Sin embargo, el grupo parecía estar bien consolidado.
Apenas entré a la sala mi indecisión no supo dónde ubicarme y mi ansiedad le sugirió a mi paciencia sentarse en el extremo más cercano a la puerta de entrada, que una vez adentro se transformó automáticamente en puerta de salida.
Como nuevo integrante me tocó presentarme y no sé que se pasó por mi mente para decir lo que dije. Tal vez la idea de que alguna chica linda camuflada entre el montón -y que aún no había divisado- se fijara en mí. De hecho me fue muy bien, me levanté a una esquizofrénica. No, perdón, ahora que lo recuerdo eso no sucedió. Sin embargo aquello que dije tuvo otro tipo de repercusión.
- Soy un ser extremadamente sensible al punto que siento que tengo poderes ultraperceptivos que me hacen ver a través de las personas y eso me genera paranoia y poca relajación. El asombro hacia la inmensidad del universo y del tiempo no descansan en mi mente. Me cuesta aceptar límites, estructuras y definiciones, y a su vez, las necesito. Olvidé decir mi nombre, me llamo Andrés, soy un tipo profundo, tanto que me ahogo en mí.
- Usá flotadores! -me contestó un barbudo de anteojos de aproximadamente unos 45 años, causando un tsunami de carcajadas entre todo el grupo-.
Después de ese episodio no quise hablar más y me quedé lamentando mi decisión de permanecer ahí. De repente, algo que vi me apartó totalmente del lugar y mi atención se fue completamente de la sala.
Estaba seguro que era ella: mi psicóloga, la que hacía pocos días me había dejado de atender, y que ahora tapaba su rostro con un cuaderno para no ser reconocida. Al lado de ella, el encargado del estacionamiento lindero a su consultorio, ese buen tipo que tan prácticos consejos me había dado oportunamente.
Ella seguía con su cuaderno como muro divisor y yo no podía lograr interceptar su mirada. Con la paciencia de un esquimal con paciencia esperé el momento adecuado para hablar y desatar todas mis broncas contenidas.
De repente no aguanté más, interrumpí a uno que estaba hablando sobre su miedo a las palomas, tomé la palabra y empecé a relatar mi historia sobre mi terapia paralela con la psicóloga.
Luego de 50 minutos de hablar sin parar, recorriendo con lujo de detalles por todos los matices que tuvieron los encuentros con ella, desde sus primerizas miradas fugaces hacia el reloj; su habilidad para despacharme antes de cumplir el tiempo estipulado; no recordar mi nombre hasta la sesión número 16; su incapacidad para ayudarme diciendo que era lógico que esté mal; la vez que por error atendió al fumigador; mi estéril deseo de dejarla para que luego me deje ella; finalizando con que tenía un affaire con el encargado del estacionamiento y que ambos se encontraban presentes en la sala.
En ese momento, ella bajó su cuaderno, nuestras miradas se tocaron y ahí entendí dos cosas: que acababa de complicar inmerecidamente a ese buen hombre que me había ayudado; y que aquella persona cuyo cuaderno separaba nuestras miradas no era mi psicóloga, sino la mujer de aquel buen hombre.
El encargado del estacionamiento se defendió negando ser él y argumentando que nunca me había visto en su vida. Todos los demás me acusaron de haberlos hecho perder 50 minutos de sesión. Me angustié mucho por mi torpeza, me sentí un incomprendido total, un desamparado, o tal vez, este mundo de las terapias me estaba volviendo loco.
En los últimos 10 minutos de sesión todos plantearon brevemente sus problemas más actuales. Casualemente todos tenían el mismo problema: El problema era yo.
domingo 15 de marzo de 2009
Sesión 37: "La consulta gestáltica VI"
Luego de mi última sesión con la psicóloga, en la que no me dio de alta, sino de baja, necesité desahogarme por lo sucedido. Por suerte aún me quedaba una carta: mi terapeuta gestáltico.
Aún me quedaba un consuelo: alguien que sostenga que la culpa no era mí.
Sin embargo, aún me quedaba una frase por escuchar.
- "Estuve pensando y llegué a la conclusión de que no tiene sentido que sigas viniendo. No tiene sentido que sigas pagando. Vos sos así. No podés cambiar, no querés. En todo caso, te recomiendo que continúes sólamente con la terapia grupal que te recomendé en nuestro último encuentro."
Recuerdo como un torbellino de humo sus palabras. Y lo peor es que no es un chiste, o una ocurrencia pintoresca para subir a este espacio virtual y quede entretenido. Esto sucedió en verdad.
Me puede desechar una mujer, una novia, un jefe, un director, ¿pero un psicólogo? ¿Un profesional al que le pago para que me escuche? ¿No quiere mi dinero? ¿Lo frustro como analista?
Sólo 6 encuentros. Nada más. 6 encuentros para que se diera cuenta de que yo no era el paciente indicado para él. Y asimismo, yo estaba dejando de ser paciente.
Aún me quedaba algo de ello: esperar 40 minutos.
Estaba por comenzar mi terapia grupal.
Aún me quedaba un consuelo: alguien que sostenga que la culpa no era mí.
Aún me quedaba una posibilidad: alguien que me entendiera y me diera la razón.
Aún me quedaba una esperanza: transitar por un único camino hacia mi cura y seguir...Sin embargo, aún me quedaba una frase por escuchar.
- "Estuve pensando y llegué a la conclusión de que no tiene sentido que sigas viniendo. No tiene sentido que sigas pagando. Vos sos así. No podés cambiar, no querés. En todo caso, te recomiendo que continúes sólamente con la terapia grupal que te recomendé en nuestro último encuentro."
Recuerdo como un torbellino de humo sus palabras. Y lo peor es que no es un chiste, o una ocurrencia pintoresca para subir a este espacio virtual y quede entretenido. Esto sucedió en verdad.
Me puede desechar una mujer, una novia, un jefe, un director, ¿pero un psicólogo? ¿Un profesional al que le pago para que me escuche? ¿No quiere mi dinero? ¿Lo frustro como analista?
Sólo 6 encuentros. Nada más. 6 encuentros para que se diera cuenta de que yo no era el paciente indicado para él. Y asimismo, yo estaba dejando de ser paciente.
Aún me quedaba algo de ello: esperar 40 minutos.
Estaba por comenzar mi terapia grupal.
lunes 2 de marzo de 2009
Sesión 36: "Miedo al rechazo"
La psicóloga me dejó un mensaje en mi contestador en el que me decía que quería verme antes, para recuperar una sesión que, extrañamente, todavía no había perdido. Su voz estaba rara, entrecortada, misteriosa, seria, pero no estaba seguro de eso. Tal vez la distorsión era producida por una mala señal en la comunicación, típica de los teléfonos celulares.
Acudí sin mucho para contar, pero pensé que en una de esas, el no saber qué decir iba a permitirme entregarme de manera transparente y pura a la espontaneidad del momento, a lo que surgiera en el encuentro, sin escudos, sin defensas, sin preparación para atajarme ante visiones que prefiero no mirar.
- Durante este tiempo de tratamiento, dejaste al descubierto ciertos rasgos obsesivos, fóbicos, paranoicos, pesimistas, contradictorios y una decidida indecisión constante. Mi pregunta es: ¿A dónde pretendés no llegar con esto? ¿De qué huís? ¿A qué le temés?
- No sé, creo que le tengo miedo al rechazo.
- ¿Recordás alguna situación familiar de tu infancia que te haya marcado generando un trauma?
- Sí -le dije un tanto conmovido y sorprendido por no tener el control de la situación-.
- ¿Recordás cuál fue? Sí fue con tu papá, con tu mamá, o en qué contexto...
- De chico me llevaron a Disney y...
- Tranquilo, decilo, yo no te voy a juzgar por lo que pudo haber pasado.
- No pude sacarme una foto con el ratón Mickey.
- ¿Había mucha gente para sacarse fotos con él?
- No... Él no quiso.
- ¿Y tus padres hicieron algo al respecto?
- Sí, se disculparon con Mickey.
- ¿Y entonces?
- Lo pusieron a mi hermano al lado de Mickey y lo fotografiaron.
- ¿Y Pluto?
- ¿Qué importancia tiene Pluto?! Yo quería la foto con Mickey y él me rechazó. A ver si me entiende: un chabón, que está adentro de un disfraz con sonrisa, cuya única misión es ponerse al lado de los visitantes del lugar para sacarse una foto, no quiso posar al lado mío. ¿Me entiende? Ni siquiera necesitaba sonreír para la foto.
- Entiendo, es difícil. Más siendo el hermano menor. Pero tu caso no es tan grave, conozco situaciones más conflictivas. Pasa en muchas familias.
- ¿En serio? -pregunté entusiasmado- ¿En cuáles?
- ¿Qué sentirá Luigi el hermano de Mario Bros.? Nunca nadie lo reconoció. Es como Mirtha Legrand y su hermana gemela; y más que nada es como la hermana de la sole.
- No sé de qué está hablando licenciada, ¿se siente bien?
Se detuvo unos segundos pensando y cuando parecía tener todas las respuestas del universo, los secretos del más allá, las verdades trascendentales del espírituo humano y conocer el destino inminente de la humanidad, continuó de manera solemne y reflexiva, como pensando en voz alta:
- ¿Qué onda la hermana de la Sole? ¿De qué la juega? Cuando llena un formulario y le pregutan profesión, ¿qué contesta? ¿"Hermana de la Sole"? Creo que hasta los padres la llaman así. Nadie sabe cómo canta, ni cómo piensa, ni qué opina. Solo la ven ahí, acompañando.... con el poncho en el aire. Además, ¿Por qué es la Sole y no la hermana? ¿Qué tiene una que no tenga la otra? Le podría haber tocado a cualquiera de las dos. Fue una ruleta... Se podrían haber llamado "Soledad y Natalia", o en el peor de los casos "La sole & Co." o "Soledad Bros."
- Me parece muy burdo y vulgar nombrar a este personaje mediático en una sesión de psicoanálisis, no me gusta la farándula. Además, ¿qué le importa a ud. todo eso?
- Es que yo también soy hermana menor.
- Pero estábamos hablando de mis problemas, de que siento que la gente me rechaza. ¿Tiene alguna solución?
- Sí, no vuelvas más.
- ¿Cómo dice?
- Digo, que consideres la posibilidad de ponerle un fin a todo esto. Estamos hace tiempo trabajando y creo que no nos está conduciendo a ningún lado. Y yo ya me cansé de ser un personaje ficcional y quedar siempre mal parada. Pero pensalo, es tu decisión.
Salí con ganas de suicidarme, así que quise cambiar de psicóloga. Pero ella me ganó de mano, cambió de paciente. Empezó a atender a mi hermano, argumentó que tenía más onda y que podía pagar más.
Acudí sin mucho para contar, pero pensé que en una de esas, el no saber qué decir iba a permitirme entregarme de manera transparente y pura a la espontaneidad del momento, a lo que surgiera en el encuentro, sin escudos, sin defensas, sin preparación para atajarme ante visiones que prefiero no mirar.
- Durante este tiempo de tratamiento, dejaste al descubierto ciertos rasgos obsesivos, fóbicos, paranoicos, pesimistas, contradictorios y una decidida indecisión constante. Mi pregunta es: ¿A dónde pretendés no llegar con esto? ¿De qué huís? ¿A qué le temés?
- No sé, creo que le tengo miedo al rechazo.
- ¿Recordás alguna situación familiar de tu infancia que te haya marcado generando un trauma?
- Sí -le dije un tanto conmovido y sorprendido por no tener el control de la situación-.
- ¿Recordás cuál fue? Sí fue con tu papá, con tu mamá, o en qué contexto...
- De chico me llevaron a Disney y...
- Tranquilo, decilo, yo no te voy a juzgar por lo que pudo haber pasado.
- No pude sacarme una foto con el ratón Mickey.
- ¿Había mucha gente para sacarse fotos con él?
- No... Él no quiso.
- ¿Y tus padres hicieron algo al respecto?
- Sí, se disculparon con Mickey.
- ¿Y entonces?
- Lo pusieron a mi hermano al lado de Mickey y lo fotografiaron.
- ¿Y Pluto?
- ¿Qué importancia tiene Pluto?! Yo quería la foto con Mickey y él me rechazó. A ver si me entiende: un chabón, que está adentro de un disfraz con sonrisa, cuya única misión es ponerse al lado de los visitantes del lugar para sacarse una foto, no quiso posar al lado mío. ¿Me entiende? Ni siquiera necesitaba sonreír para la foto.
- Entiendo, es difícil. Más siendo el hermano menor. Pero tu caso no es tan grave, conozco situaciones más conflictivas. Pasa en muchas familias.
- ¿En serio? -pregunté entusiasmado- ¿En cuáles?
- ¿Qué sentirá Luigi el hermano de Mario Bros.? Nunca nadie lo reconoció. Es como Mirtha Legrand y su hermana gemela; y más que nada es como la hermana de la sole.
- No sé de qué está hablando licenciada, ¿se siente bien?
Se detuvo unos segundos pensando y cuando parecía tener todas las respuestas del universo, los secretos del más allá, las verdades trascendentales del espírituo humano y conocer el destino inminente de la humanidad, continuó de manera solemne y reflexiva, como pensando en voz alta:
- ¿Qué onda la hermana de la Sole? ¿De qué la juega? Cuando llena un formulario y le pregutan profesión, ¿qué contesta? ¿"Hermana de la Sole"? Creo que hasta los padres la llaman así. Nadie sabe cómo canta, ni cómo piensa, ni qué opina. Solo la ven ahí, acompañando.... con el poncho en el aire. Además, ¿Por qué es la Sole y no la hermana? ¿Qué tiene una que no tenga la otra? Le podría haber tocado a cualquiera de las dos. Fue una ruleta... Se podrían haber llamado "Soledad y Natalia", o en el peor de los casos "La sole & Co." o "Soledad Bros."
- Me parece muy burdo y vulgar nombrar a este personaje mediático en una sesión de psicoanálisis, no me gusta la farándula. Además, ¿qué le importa a ud. todo eso?
- Es que yo también soy hermana menor.
- Pero estábamos hablando de mis problemas, de que siento que la gente me rechaza. ¿Tiene alguna solución?
- Sí, no vuelvas más.
- ¿Cómo dice?
- Digo, que consideres la posibilidad de ponerle un fin a todo esto. Estamos hace tiempo trabajando y creo que no nos está conduciendo a ningún lado. Y yo ya me cansé de ser un personaje ficcional y quedar siempre mal parada. Pero pensalo, es tu decisión.
Salí con ganas de suicidarme, así que quise cambiar de psicóloga. Pero ella me ganó de mano, cambió de paciente. Empezó a atender a mi hermano, argumentó que tenía más onda y que podía pagar más.
miércoles 11 de febrero de 2009
Sesión 35: "Hacer transferencia en el tiempo"
Un poco harto del mundo y de esta terapia que sólo me conduce a lugares absurdos, desconocidos y bizarros, aproveché mis minutos de sesión para desahogarme verbalmente, independientemente de la capacidad intelectual de mi interlocutora y lo que ésta me pudiera llegar a decir al respecto. De todas formas, pensé, que con el sólo hecho de contar mis cosas en voz alta, y de escucharme a mí mismo, no perdería nada. De este modo comencé:
- Cada día me convenzo más de que gente mala hay en todos los rubros y en todos lados. Y están sueltos, y van al supermercado, y al cine, y al teatro, y a comer afuera, y votan, y caminan por las mismas veredas que yo, y sus conciencias no les dicen nada. Eso me afecta. E incluso algunos son psicólogos -la verdad no medí la magnitud de mis palabras y tampoco era mi intención agredirla, el acto fallido se escurrió entre la hilera de palabras-.
Ella reaccionó pareciendo estar en otro lugar, y volviendo al escuchar la palabra "psicólogo", preguntó:
- Perdón, ¿Qué decís de que algunos son psicólogos?
- No, quise decir que por eso voy al psicólogo.
- Es importante que vos hagas lo que en psicoanálisis se llama "transferencia" con el psicólogo, o sea conmigo. La transferencia es la proyeccion de los sentimientos hostiles y amorosos de los objetos primarios hacia la figura del analista. En palabras simples, significa que te puedas abrir al profesional y depositar en él tu confianza y juntos avanzar por el camino hacia la cura.
- A mi me afecta la maldad de las personas. Creo que en la vida todos actuamos. Todos encarnamos un papel: el maestro, el médico. Yo por ejemplo actúo de mí. No me sale muy bien, pero es lo que hay. Sea como fuere, no puedo concebir el egoísmo, la envidia, la ambición y la indiferencia ante el sufrimiento ajeno.
- Hay mucho loco también dando vuelta y esos son los más peligrosos. A los locos hay que darles siempre la razón para que no se pongan agresivos. Por otro lado, el común de la gente suele pensar que todo es un medio para un fin y el medio termina siendo un fin en si mismo. Lo ideal sería que ser feliz fuera el fin en si mismo, en cada acción, y en el presente.
- El presente es tan efímero que no me doy cuenta de que está pasando. A veces pienso que hay tantas dimensiones como posibilidades temporales y me parece lógico como modelo matemático.
- ¿A qué te referís?
- Pienso que el tiempo -pasado, presente y futuro- es uno solo, como un río alargado y que en este momento hay varios Andrés(es) viviendo en otras dimensiones, tanto en el pasado, como en el futuro.
- Es interesante lo que decís. ¿Y en este momento que está haciendo tu pasado?
- Lo mismo que ya hice, pero es una dimensión a la que yo no puedo acceder. Esta sucediendo justo ahora, pero en otro plano temporal.
- Mmmm! Suena a teoría revolucionaria.
- ¿Y en tu futuro que estás haciendo ahora?
- En este momento en una dimensión equis del futuro nosotros dos estamos teniendo una futura sesión.
- Es cierto, estoy de acuerdo con esa teoría. Me parece brillante -dijo entusiasmada la psicóloga-.
- Me gusta que nos pongamos de acuerdo. Como ud. dijo antes, eso debe ayudar a la transferencia. Y creo que la transferencia de hoy se realizó con éxito.
- Sí, va muy bien. Aunque aún falta algo más para realizarla bien del todo.
- ¿Qué falta?
- Anotá: 197-09585-2086, Banco Santander Río. Me debés un mes de sesiones del lunes 5 al miércoles 28 de abril de 2010.
- Cada día me convenzo más de que gente mala hay en todos los rubros y en todos lados. Y están sueltos, y van al supermercado, y al cine, y al teatro, y a comer afuera, y votan, y caminan por las mismas veredas que yo, y sus conciencias no les dicen nada. Eso me afecta. E incluso algunos son psicólogos -la verdad no medí la magnitud de mis palabras y tampoco era mi intención agredirla, el acto fallido se escurrió entre la hilera de palabras-.
Ella reaccionó pareciendo estar en otro lugar, y volviendo al escuchar la palabra "psicólogo", preguntó:
- Perdón, ¿Qué decís de que algunos son psicólogos?
- No, quise decir que por eso voy al psicólogo.
- Es importante que vos hagas lo que en psicoanálisis se llama "transferencia" con el psicólogo, o sea conmigo. La transferencia es la proyeccion de los sentimientos hostiles y amorosos de los objetos primarios hacia la figura del analista. En palabras simples, significa que te puedas abrir al profesional y depositar en él tu confianza y juntos avanzar por el camino hacia la cura.
- A mi me afecta la maldad de las personas. Creo que en la vida todos actuamos. Todos encarnamos un papel: el maestro, el médico. Yo por ejemplo actúo de mí. No me sale muy bien, pero es lo que hay. Sea como fuere, no puedo concebir el egoísmo, la envidia, la ambición y la indiferencia ante el sufrimiento ajeno.
- Hay mucho loco también dando vuelta y esos son los más peligrosos. A los locos hay que darles siempre la razón para que no se pongan agresivos. Por otro lado, el común de la gente suele pensar que todo es un medio para un fin y el medio termina siendo un fin en si mismo. Lo ideal sería que ser feliz fuera el fin en si mismo, en cada acción, y en el presente.
- El presente es tan efímero que no me doy cuenta de que está pasando. A veces pienso que hay tantas dimensiones como posibilidades temporales y me parece lógico como modelo matemático.
- ¿A qué te referís?
- Pienso que el tiempo -pasado, presente y futuro- es uno solo, como un río alargado y que en este momento hay varios Andrés(es) viviendo en otras dimensiones, tanto en el pasado, como en el futuro.
- Es interesante lo que decís. ¿Y en este momento que está haciendo tu pasado?
- Lo mismo que ya hice, pero es una dimensión a la que yo no puedo acceder. Esta sucediendo justo ahora, pero en otro plano temporal.
- Mmmm! Suena a teoría revolucionaria.
- ¿Y en tu futuro que estás haciendo ahora?
- En este momento en una dimensión equis del futuro nosotros dos estamos teniendo una futura sesión.
- Es cierto, estoy de acuerdo con esa teoría. Me parece brillante -dijo entusiasmada la psicóloga-.
- Me gusta que nos pongamos de acuerdo. Como ud. dijo antes, eso debe ayudar a la transferencia. Y creo que la transferencia de hoy se realizó con éxito.
- Sí, va muy bien. Aunque aún falta algo más para realizarla bien del todo.
- ¿Qué falta?
- Anotá: 197-09585-2086, Banco Santander Río. Me debés un mes de sesiones del lunes 5 al miércoles 28 de abril de 2010.
lunes 9 de febrero de 2009
Sesión 34: "Poder de negación"
Llegué al consultorio de mi psicóloga y curiosamente no había ningún paciente antes que yo. Desde la sala me hizo señas para que pase y entonces entré.
- Llegaste tarde -me dijo-.
Me fijé en mi reloj y noté que sólo estaba 2 minutos retrasado, tiempo insignificante si tomo como parámetro las veces que me hizo esperar en el hall.
- ¿Tarde? Son sólo 2 minutos.
- No niegues. En mi reloj son cinco minutos.
- Me costó levantarme. El sábado a la noche tuve un casamiento y todavía no me pude recuperar del todo.
- Ah, qué bueno... tuviste un casamiento!
- No me gustan los casamientos.
- Bueno, no seas tan absoluto. ¿Acaso vos no te querés casar?
- Sí, pero no me invitaría a mí.
- Pero, ¿no te gustan los casamientos ni para comer gratis?
- ¿De qué habla licenciada? Uno no come gratis en los casamientos. Uno tiene que hacer un regalo que equivale al costo del cubierto, que casi siempre es plata.
- No siempre. Muchas veces pueden ser electrodomésticos o artículos para el hogar.
- Ya no!..., siempre es plata. Llegué no recuerdo si a Frávega o Garbarino, pregunté por la lista del casamiento y luego le dije al vendedor que quería comprar una cafetera eléctrica. Le pregunté si podía regalar eso o si ya alguien más lo había regalado.
- Claro, muy prudente de tu parte. Es incómodo que te regalen dos veces lo mismo. Nadie necesita dos cafeteras, excepto quieran poner un bar.
- Es que ahora viene el asunto de porqué le digo que siempre es plata. El vendedor me contestó que no tiene importancia el objeto que yo elija regalar, que los novios lo que van a ver es cuánta plata puse y después ellos van a elegir lo que realmente quieren o necesitan. De hecho, para asegurarme de haber entendido bien, le pregunté al vendedor: "¿Sólo ven la plata que regalo? ¿Mi obsequio es sólo un número monetario? Entonces, con ese criterio, puedo regalar 5 cafeteras." ¿Entiende lo que le quiero decir?
- Sí, de alguna manera con 5 cafeteras les estás sugiriendo que pongan un bar o una cafetería.
- No, yo no quiero que pongan un bar. Lo que digo, es que es lo mismo regalar 5 cafeteras de 100 pesos que un televisor de $500.
- No! Vos estás muy mal. Un televisor no hace café. Y si vos querés que ellos pongan una cafetería yo te recomiendo que regales menos cafeteras y agregues una tostadora, una licuadora y una sanguchera. Hay algunas muy buenas que traen de China.
- Pero las cafeteras, las sangucheras y las licuadoras no existen, es su valor monetario lo que importa, que ellos canjean por lo que necesitan realmente.
- ¿Cómo vas a decir que no existen las cafeteras? Eso ya es tener un poder de negación extremo. Vos estás muy enfermo. Tenés que reconocer y aceptar tu entorno, no negarlo y decir que no existen las cafeteras, las licuadoras y las tostadoras. ¿Querés que te traiga una de la cocina así la ves y te das cuenta que existen?
- Me estoy refiriendo a otra cosa. Que no importa el regalo como objeto en sí.
- Bueno, entonces no entiendo de qué te quejás. Si no importa el regalo, no les regales y punto. Comé gratis. Y las cafeteras dámelas a mi, que sí quiero poner un bar.
- Llegaste tarde -me dijo-.
Me fijé en mi reloj y noté que sólo estaba 2 minutos retrasado, tiempo insignificante si tomo como parámetro las veces que me hizo esperar en el hall.
- ¿Tarde? Son sólo 2 minutos.
- No niegues. En mi reloj son cinco minutos.
- Me costó levantarme. El sábado a la noche tuve un casamiento y todavía no me pude recuperar del todo.
- Ah, qué bueno... tuviste un casamiento!
- No me gustan los casamientos.
- Bueno, no seas tan absoluto. ¿Acaso vos no te querés casar?
- Sí, pero no me invitaría a mí.
- Pero, ¿no te gustan los casamientos ni para comer gratis?
- ¿De qué habla licenciada? Uno no come gratis en los casamientos. Uno tiene que hacer un regalo que equivale al costo del cubierto, que casi siempre es plata.
- No siempre. Muchas veces pueden ser electrodomésticos o artículos para el hogar.
- Ya no!..., siempre es plata. Llegué no recuerdo si a Frávega o Garbarino, pregunté por la lista del casamiento y luego le dije al vendedor que quería comprar una cafetera eléctrica. Le pregunté si podía regalar eso o si ya alguien más lo había regalado.
- Claro, muy prudente de tu parte. Es incómodo que te regalen dos veces lo mismo. Nadie necesita dos cafeteras, excepto quieran poner un bar.
- Es que ahora viene el asunto de porqué le digo que siempre es plata. El vendedor me contestó que no tiene importancia el objeto que yo elija regalar, que los novios lo que van a ver es cuánta plata puse y después ellos van a elegir lo que realmente quieren o necesitan. De hecho, para asegurarme de haber entendido bien, le pregunté al vendedor: "¿Sólo ven la plata que regalo? ¿Mi obsequio es sólo un número monetario? Entonces, con ese criterio, puedo regalar 5 cafeteras." ¿Entiende lo que le quiero decir?
- Sí, de alguna manera con 5 cafeteras les estás sugiriendo que pongan un bar o una cafetería.
- No, yo no quiero que pongan un bar. Lo que digo, es que es lo mismo regalar 5 cafeteras de 100 pesos que un televisor de $500.
- No! Vos estás muy mal. Un televisor no hace café. Y si vos querés que ellos pongan una cafetería yo te recomiendo que regales menos cafeteras y agregues una tostadora, una licuadora y una sanguchera. Hay algunas muy buenas que traen de China.
- Pero las cafeteras, las sangucheras y las licuadoras no existen, es su valor monetario lo que importa, que ellos canjean por lo que necesitan realmente.
- ¿Cómo vas a decir que no existen las cafeteras? Eso ya es tener un poder de negación extremo. Vos estás muy enfermo. Tenés que reconocer y aceptar tu entorno, no negarlo y decir que no existen las cafeteras, las licuadoras y las tostadoras. ¿Querés que te traiga una de la cocina así la ves y te das cuenta que existen?
- Me estoy refiriendo a otra cosa. Que no importa el regalo como objeto en sí.
- Bueno, entonces no entiendo de qué te quejás. Si no importa el regalo, no les regales y punto. Comé gratis. Y las cafeteras dámelas a mi, que sí quiero poner un bar.
sábado 31 de enero de 2009
Sesión 33: "La consulta gestáltica V"
Viernes, cansancio, sensación de pesadez que realenta los minutos, camino la última cuadra en un andar sin ganas, como arrastrando baldozas que se acumulan en mis cordones. Llego, me descalzo, me dejo caer como una torre de latas que no se puede mantener erguida, me desparramo sobre el puf naranja de la sala y exclamo...: puff!. Luego el psicólogo me pregunta:
- ¿Cómo fue tu semana?
- Mi semana nunca empieza hasta que termina.
- No existe el fin sin el principio. Cada cosa existe gracias a su opuesto.
- No estoy de acuerdo, yo existo gracias a mi padres.
- Ellos son opuestos, un hombre y una mujer.
- Sí, es cierto, además se matan entre sí.
- Quizás ahí estén las razones de tu depresión.
- No, toda mi vida estuve deprimido sin razones. Pero ya me cansé, ya asumí mis falencias, ahora quiero hacer el click, es hora de alabar la vida.
- Bien. ¿Encontraste las razones que te deprimían?
- No, las perdí aún más.
- Siempre tomás el camino inverso. A ver, ¿qué fue lo mejor que hiciste en tu vida?
- Lo mejor que hice en mi vida fue lo que no hice.
- Entonces todo... digo, como no hiciste nunca nada, todo fue lo mejor. -me dijo de manera irónica y burlona, luego continuó:- Veo que no querés cambiar. Cambiar significa jugarse por lo que uno cree o lo que uno es. ¿Por qué no lo hacés?
- Supongo que hay que tener paciencia, yo justo soy ansioso. Supongo que hay que tener fuerza, yo justo soy débil. Supongo que hay que mirar para adelante, yo justo soy nostálgico. Supongo que no hay que suponer, yo justo supongo.
- No me hagas un monólogo! No estás en el teatro ahora. La pregunta es: ¿Vos querés realmente vivir una vida emocionante sin sentir miedo ni culpa?
- Sí. Quiero arrojarme al vació desde lo alto, pero con un paracaídas. Quiero caminar sobre la cuerda floja, pero caer sobre una colchoneta. Quiero sentirme libre y solo, pero que haya alguien que me espere en casa. Quiero echarme a andar a toda velocidad en una bici..., pero con rueditas.
- Acostumbrás a ver la vida en términos de todo o nada, pero te quedás en la mitad. Y encima, me seguís haciendo el monólogo.
- Pero yo soy así, es lo que me pasa.
- Pensá bien si vale la pena que sigas viniendo. Te recomiendo que empieces una terapia de grupo. Vas a conocer personas que están en situaciones dolorosas, pero dolorosas en serio. No como en tu caso que es todo producto de tu cosmovisión caprichosa. Después de tu sesión justo tengo un grupo, te recomiendo que pruebes.
- La verdad, me da pudor ir a una terapia de grupo. Desconfío de esas cosas.
- No prejuzgues. Es muy común asistir a este tipo de encuentros. Además, te vas a dar cuenta que escuchando a los demás y ayudando a resolver problemas ajenos, te ayudás y te fortalecés vos.
- Te agradezco, pero no me convence.
- Probá, dura 2 horas y tiene un costo accesible.
- No, en serio, hoy no puedo. Tomá, te pago $100 de la sesión de recién.
- Gracias, ...bien, como te decía, son sólo 20 pesos la sesión, pensalo. Si querés podés abonar ahora y te reservo el cupo para la semana que viene. Hay chicas muy lindas, muy interesantes. Suele pasar que hay parejas que se conocen en una terapia de grupo, se ponen a salir y luego se casan...
- ¿Tenés cambio de 50?
- Supongo que nunca debo tener cambio..., ah!... yo justo hoy tengo.
- Lo único que me hace ruido, es que siento que empezar una terapia de grupo es lo más bajo que alguien puede caer.
- No te preocupes, hay colchonetas.
- ¿Cómo fue tu semana?
- Mi semana nunca empieza hasta que termina.
- No existe el fin sin el principio. Cada cosa existe gracias a su opuesto.
- No estoy de acuerdo, yo existo gracias a mi padres.
- Ellos son opuestos, un hombre y una mujer.
- Sí, es cierto, además se matan entre sí.
- Quizás ahí estén las razones de tu depresión.
- No, toda mi vida estuve deprimido sin razones. Pero ya me cansé, ya asumí mis falencias, ahora quiero hacer el click, es hora de alabar la vida.
- Bien. ¿Encontraste las razones que te deprimían?
- No, las perdí aún más.
- Siempre tomás el camino inverso. A ver, ¿qué fue lo mejor que hiciste en tu vida?
- Lo mejor que hice en mi vida fue lo que no hice.
- Entonces todo... digo, como no hiciste nunca nada, todo fue lo mejor. -me dijo de manera irónica y burlona, luego continuó:- Veo que no querés cambiar. Cambiar significa jugarse por lo que uno cree o lo que uno es. ¿Por qué no lo hacés?
- Supongo que hay que tener paciencia, yo justo soy ansioso. Supongo que hay que tener fuerza, yo justo soy débil. Supongo que hay que mirar para adelante, yo justo soy nostálgico. Supongo que no hay que suponer, yo justo supongo.
- No me hagas un monólogo! No estás en el teatro ahora. La pregunta es: ¿Vos querés realmente vivir una vida emocionante sin sentir miedo ni culpa?
- Sí. Quiero arrojarme al vació desde lo alto, pero con un paracaídas. Quiero caminar sobre la cuerda floja, pero caer sobre una colchoneta. Quiero sentirme libre y solo, pero que haya alguien que me espere en casa. Quiero echarme a andar a toda velocidad en una bici..., pero con rueditas.
- Acostumbrás a ver la vida en términos de todo o nada, pero te quedás en la mitad. Y encima, me seguís haciendo el monólogo.
- Pero yo soy así, es lo que me pasa.
- Pensá bien si vale la pena que sigas viniendo. Te recomiendo que empieces una terapia de grupo. Vas a conocer personas que están en situaciones dolorosas, pero dolorosas en serio. No como en tu caso que es todo producto de tu cosmovisión caprichosa. Después de tu sesión justo tengo un grupo, te recomiendo que pruebes.
- La verdad, me da pudor ir a una terapia de grupo. Desconfío de esas cosas.
- No prejuzgues. Es muy común asistir a este tipo de encuentros. Además, te vas a dar cuenta que escuchando a los demás y ayudando a resolver problemas ajenos, te ayudás y te fortalecés vos.
- Te agradezco, pero no me convence.
- Probá, dura 2 horas y tiene un costo accesible.
- No, en serio, hoy no puedo. Tomá, te pago $100 de la sesión de recién.
- Gracias, ...bien, como te decía, son sólo 20 pesos la sesión, pensalo. Si querés podés abonar ahora y te reservo el cupo para la semana que viene. Hay chicas muy lindas, muy interesantes. Suele pasar que hay parejas que se conocen en una terapia de grupo, se ponen a salir y luego se casan...
- ¿Tenés cambio de 50?
- Supongo que nunca debo tener cambio..., ah!... yo justo hoy tengo.
- Lo único que me hace ruido, es que siento que empezar una terapia de grupo es lo más bajo que alguien puede caer.
- No te preocupes, hay colchonetas.
miércoles 31 de diciembre de 2008
Sesión 32: "Una duda en el haber"
Le comenté a la psicóloga que mi sueño sería poder vivir de lo que me gusta. Poder desarrollar y trabajar de esa actividad que uno siente que lleva, metafóricamente, en la sangre. De esa manera, empecé la sesión diciéndole:
- Lamento mucho... Lamento mucho...
- ¿Qué lamentás mucho? -me preguntó la psicóloga-.
- Lamento mucho no haber nacido con vocación de contador. Sería lo máximo. Nacés con vocación de contador y safás! Es lo mejor del mundo! ¿Entiende lo que digo? -le dije exaltado, con los ojos desorbitados y fuera de mi-.
- No sé a qué te referís.
- Imagínese: tu vocación es algo totalmente alcanzable, rutinario, monótono, solitario, entre números, con una calculadora, solo, tranquilo, haciendo la tuya, sin que nadie te moleste. Admiro a las personas que nacieron con vocación de contador. Las admiro! ¿Por qué no me pasó a mí?
- Bueno, tranquilo. Calmate por favor. Estás muy acelerado y hablás que pareciera que tenés todas las respuestas de la humanidad.
- Las tengo... sólo me falta encontrar las preguntas adecuadas.
- ¿Y tenés miedo de fracasar?
- Sí, le tengo miedo al fracaso.
- Entonces esforzate por triunfar.
- También le tengo miedo al éxito.
- A ver... ¿Qué es lo que querés?
- Es simple, yo sólo quiero vivir de lo que me gusta...
- ¿Y qué te gusta?
- Ese es el problema, en este caso me falta saber qué es.
- Es el problema universal: encontrar y desarrollarse en lo que a uno le gusta.
- Sí, problema que los contadores no tienen. Qué bueno llevar la contaduría en la sangre. Contaduría como pasión. Ir por la calle con una remera que diga: "I Love contaduría". Ir a comer afuera y saber cuánto te va a salir la cena antes de pedir la cuenta. No sé, tantas cosas...
- Bueno, contador sabés que no sos. Entonces, a partir de ahí deberías pensar o fijarte qué es lo que sí querés para vos y no mirar tanto la vereda de enfrente. ¿Qué es lo que buscás vos?
- Yo busco la búsqueda. Soy una búsqueda constante. Nunca estoy seguro de nada, de eso estoy seguro. Dudo todo el tiempo. Dudo de la duda. Creo que la duda da lugar a la posibilidad. Creo que la duda es flexible, es abierta. Pero la certeza puede ser más efectiva para cumplir las metas... La certeza mira hacia adelante, la duda hacia los costados, y... -finalmente me quedé pensativo-.
- ¿Y qué?
- Ser contador sería lo máximo..., creo.
- Bueno, eso ya lo superamos. No lo sos. Volvamos a la búsqueda, volvamos a la duda. No es tan malo dudar. Los filósofos y los grandes pensadores de la historia no eran personas con certezas claras, sino todo lo contrario. Con esto quiero que entiendas que "La duda, es la sal de la inteligencia".
- Entonces no puedo así, me voy a morir.
- ¿Por qué decís una cosa así?
- Porque soy hipertenso.
- Ay... me cansé. La verdad, tenés razón. Yo también lamento no haber sido contadora.
- Lamento mucho... Lamento mucho...
- ¿Qué lamentás mucho? -me preguntó la psicóloga-.
- Lamento mucho no haber nacido con vocación de contador. Sería lo máximo. Nacés con vocación de contador y safás! Es lo mejor del mundo! ¿Entiende lo que digo? -le dije exaltado, con los ojos desorbitados y fuera de mi-.
- No sé a qué te referís.
- Imagínese: tu vocación es algo totalmente alcanzable, rutinario, monótono, solitario, entre números, con una calculadora, solo, tranquilo, haciendo la tuya, sin que nadie te moleste. Admiro a las personas que nacieron con vocación de contador. Las admiro! ¿Por qué no me pasó a mí?
- Bueno, tranquilo. Calmate por favor. Estás muy acelerado y hablás que pareciera que tenés todas las respuestas de la humanidad.
- Las tengo... sólo me falta encontrar las preguntas adecuadas.
- ¿Y tenés miedo de fracasar?
- Sí, le tengo miedo al fracaso.
- Entonces esforzate por triunfar.
- También le tengo miedo al éxito.
- A ver... ¿Qué es lo que querés?
- Es simple, yo sólo quiero vivir de lo que me gusta...
- ¿Y qué te gusta?
- Ese es el problema, en este caso me falta saber qué es.
- Es el problema universal: encontrar y desarrollarse en lo que a uno le gusta.
- Sí, problema que los contadores no tienen. Qué bueno llevar la contaduría en la sangre. Contaduría como pasión. Ir por la calle con una remera que diga: "I Love contaduría". Ir a comer afuera y saber cuánto te va a salir la cena antes de pedir la cuenta. No sé, tantas cosas...
- Bueno, contador sabés que no sos. Entonces, a partir de ahí deberías pensar o fijarte qué es lo que sí querés para vos y no mirar tanto la vereda de enfrente. ¿Qué es lo que buscás vos?
- Yo busco la búsqueda. Soy una búsqueda constante. Nunca estoy seguro de nada, de eso estoy seguro. Dudo todo el tiempo. Dudo de la duda. Creo que la duda da lugar a la posibilidad. Creo que la duda es flexible, es abierta. Pero la certeza puede ser más efectiva para cumplir las metas... La certeza mira hacia adelante, la duda hacia los costados, y... -finalmente me quedé pensativo-.
- ¿Y qué?
- Ser contador sería lo máximo..., creo.
- Bueno, eso ya lo superamos. No lo sos. Volvamos a la búsqueda, volvamos a la duda. No es tan malo dudar. Los filósofos y los grandes pensadores de la historia no eran personas con certezas claras, sino todo lo contrario. Con esto quiero que entiendas que "La duda, es la sal de la inteligencia".
- Entonces no puedo así, me voy a morir.
- ¿Por qué decís una cosa así?
- Porque soy hipertenso.
- Ay... me cansé. La verdad, tenés razón. Yo también lamento no haber sido contadora.
Sesión 31: "Una errónea percepción"
"Cada vez que veo a una persona cualquiera con una desgracia, siento que esa persona va a pensar que es mi culpa", le dije, y en torno a esa premisa se desarrolló la consulta.
- ¿Y vos qué tenés que ver con esa persona que padece una desgracia?
- Nada.
- ¿Y por qué esa persona va a pensar que es tu culpa?
- No sé... Tal vez por que a mí no me pasa. Por momentos creo que es culpa mía por el sólo hecho de haber nacido.
De repente, el aire acondicionado que estaba funcionando dentro del consultorio se detuvo con un extraño ruido, similar al de un animal herido. La psicóloga me miró fijo y yo, como atajándome de la situación, solo atiné a decir:
- Tal vez, una fase haya entrado en corto, es muy común en estas épocas de calor... la infraestructura de la red eléctrica suele no dar abasto...
- Esto nunca sucedió -me dijo-. Tal vez sea tu cul... tu hipótesis, claro. De todas formas, creo que es importante que te desligues de sentir responsabilidades en cosas que te son ajenas. Insisto, creo que tenés que quererte un poco más.
- No puedo, cuando me halagan me siento incómodo, no lo puedo sostener, no sé qué decir, me siento en deuda con esa persona y me da más culpa. Y si encima la persona que me halaga tiene una desgracia, ahí me siento doblemente culpable, directamente me quiero morir.
- Es extraño lo que te pasa.
- ¿Qué de todo?
- Que alguien te halague. Quiero decir, ¿Vos tenés alguna noción de la realidad? -dijo como corrigiéndose-.
- A veces siento que tengo una percepción errónea de la realidad, que suelo percibir las cosas para mal. Al punto que no sé si las cosas malas que me suceden son un decreto de mi mente o si en cambio soy poseedor de un sexto sentido que vislumbra de manera objetiva y pasiva un futuro que luego se concreta.
Quedé perplejo por mi espontánea declaración. Luego, permanecimos unos segundos en silencio, hasta que exlamé como un suspiro.
- Ya me siento aliviado. Toda esta reflexión me ayudó a alejar mis percepciones pesimistas y mi visión negativa de la realidad. Hasta hoy estuve únicamente percibiendo todo para mal y ahora sé que estaba equivocado.
- Claro... No era percepción errónea, sino, la cruda realidad.
- No entiendo, ud. me está diciendo que mi realidad es lamentable...
- Quedate tranquilo, no es tu culpa.
- ¿Y vos qué tenés que ver con esa persona que padece una desgracia?
- Nada.
- ¿Y por qué esa persona va a pensar que es tu culpa?
- No sé... Tal vez por que a mí no me pasa. Por momentos creo que es culpa mía por el sólo hecho de haber nacido.
De repente, el aire acondicionado que estaba funcionando dentro del consultorio se detuvo con un extraño ruido, similar al de un animal herido. La psicóloga me miró fijo y yo, como atajándome de la situación, solo atiné a decir:
- Tal vez, una fase haya entrado en corto, es muy común en estas épocas de calor... la infraestructura de la red eléctrica suele no dar abasto...
- Esto nunca sucedió -me dijo-. Tal vez sea tu cul... tu hipótesis, claro. De todas formas, creo que es importante que te desligues de sentir responsabilidades en cosas que te son ajenas. Insisto, creo que tenés que quererte un poco más.
- No puedo, cuando me halagan me siento incómodo, no lo puedo sostener, no sé qué decir, me siento en deuda con esa persona y me da más culpa. Y si encima la persona que me halaga tiene una desgracia, ahí me siento doblemente culpable, directamente me quiero morir.
- Es extraño lo que te pasa.
- ¿Qué de todo?
- Que alguien te halague. Quiero decir, ¿Vos tenés alguna noción de la realidad? -dijo como corrigiéndose-.
- A veces siento que tengo una percepción errónea de la realidad, que suelo percibir las cosas para mal. Al punto que no sé si las cosas malas que me suceden son un decreto de mi mente o si en cambio soy poseedor de un sexto sentido que vislumbra de manera objetiva y pasiva un futuro que luego se concreta.
Quedé perplejo por mi espontánea declaración. Luego, permanecimos unos segundos en silencio, hasta que exlamé como un suspiro.
- Ya me siento aliviado. Toda esta reflexión me ayudó a alejar mis percepciones pesimistas y mi visión negativa de la realidad. Hasta hoy estuve únicamente percibiendo todo para mal y ahora sé que estaba equivocado.
- Claro... No era percepción errónea, sino, la cruda realidad.
- No entiendo, ud. me está diciendo que mi realidad es lamentable...
- Quedate tranquilo, no es tu culpa.
jueves 27 de noviembre de 2008
Sesión 30: "La consulta gestáltica IV"
Luego de varios días sin ver a mi terapeuta gestáltico -ese sujeto que siempre simplifica absolutamente todo-, acudí a su encuentro con varios asuntos que había acumulado en mi mente para decirle; asuntos que, como consecuencia de mi mala memoria, los había olvidado.
- Yo quiero decirle algo.
- Es simple, decilo -me contestó el terapeuta-.
- Todo este tiempo sin venir acá, junté un montón de cuestiones para hablar y ahora que me encuentro frente suyo no recuerdo nada lo que tenía pensado decirle. No tengo memoria a corto plazo, creo que me pasa desde que ví la película Memento. Me acuerdo de detalles intrascendentes, recónditos, pero no del centro de las cosas importantes.
- Buscá el lado positivo. Te sirve para ver la misma película o leer el mismo libro varias veces. También para que todo parezca una primera vez.
- Me estoy acordando de algo, que quizás no venga al caso. Antes de venir acá, vi una noticia en TN Ecología que me preocupó un poco. Decía que como consecuencia del derretimiento de los glaciares, en 20 años el 40 % de la población mundial podría morir bajo el agua.
- Bueno, tené en cuenta que te están avisando con 20 años de anticipación. Hay otras opciones. Podés ir comprando una lancha en cómodas cuotas e ir viendo la posibilidad de emigrar a un país con cierta elevación sobre el nivel del mar.
- Ah..., quizás parezca totalmente descolocado, pero me estoy acordando que también le quería decir que cuando hablo por teléfono y la llamada se corta, yo no sé si llamar o esperar a que esa persona me llame nuevamente.
- Llamá vos...
- Pero si decido llamar yo, quizás esa persona se esté tratando de comunicar conmigo y entonces me va a atender el contestador y pierdo una llamada.
- Entonces esperá a que te llame.
- Pero quizás la otra persona esté esperando a que yo la llame, y ahí pueden pasar días, meses y hasta años sin volver a hablar.
- De todos modos, como consecuencia de tu mala memoria a corto plazo, te olvidarías de que esa persona te llamó y se cortó, y al no acordarte de nada, no tendrías motivos para preocuparte.
- ¿Y si no me olvido?
- Bueno, en 20 años morirías bajo el agua y ya está. No tuvo importancia el hecho. ¿Qué más me querías decir?
- Me pone nervioso que haya tantos canales en la televisión. No sé cuál elegir. Cualquier cosa que mire, yo siento que me estoy perdiendo de algo mejor en otro canal, por lo que finalmente me quedo haciendo zapping sin plantarme en ningún programa.
- ¿Y una vez que terminás el zapping?
- Lo vuelvo a hacer, y termino agotado, son demasiados canales. Al final, acabo siempre a TN para mantenerme al tanto de lo que está pasando con la temperatura. Siempre quiero que llegue al record de calor, porque me gusta el quilombo.
- Pero no te olvides que de ese modo se van a derretir más rápido los glaciares y podés morir ahogado.
- Y bueno, por un lado mejor, así no me preocupo por esa llamada que se cortó y me ahorro toda esa mala sangre de no saber quién tiene que llamar a quien.
- Bueno, ¿algo más que te acuerdes?
- No.
- Te estás olvidando de algo.
- ¿De qué?
- Me debés 6 pesos de la última sesión.
- Yo quiero decirle algo.
- Es simple, decilo -me contestó el terapeuta-.
- Todo este tiempo sin venir acá, junté un montón de cuestiones para hablar y ahora que me encuentro frente suyo no recuerdo nada lo que tenía pensado decirle. No tengo memoria a corto plazo, creo que me pasa desde que ví la película Memento. Me acuerdo de detalles intrascendentes, recónditos, pero no del centro de las cosas importantes.
- Buscá el lado positivo. Te sirve para ver la misma película o leer el mismo libro varias veces. También para que todo parezca una primera vez.
- Me estoy acordando de algo, que quizás no venga al caso. Antes de venir acá, vi una noticia en TN Ecología que me preocupó un poco. Decía que como consecuencia del derretimiento de los glaciares, en 20 años el 40 % de la población mundial podría morir bajo el agua.
- Bueno, tené en cuenta que te están avisando con 20 años de anticipación. Hay otras opciones. Podés ir comprando una lancha en cómodas cuotas e ir viendo la posibilidad de emigrar a un país con cierta elevación sobre el nivel del mar.
- Ah..., quizás parezca totalmente descolocado, pero me estoy acordando que también le quería decir que cuando hablo por teléfono y la llamada se corta, yo no sé si llamar o esperar a que esa persona me llame nuevamente.
- Llamá vos...
- Pero si decido llamar yo, quizás esa persona se esté tratando de comunicar conmigo y entonces me va a atender el contestador y pierdo una llamada.
- Entonces esperá a que te llame.
- Pero quizás la otra persona esté esperando a que yo la llame, y ahí pueden pasar días, meses y hasta años sin volver a hablar.
- De todos modos, como consecuencia de tu mala memoria a corto plazo, te olvidarías de que esa persona te llamó y se cortó, y al no acordarte de nada, no tendrías motivos para preocuparte.
- ¿Y si no me olvido?
- Bueno, en 20 años morirías bajo el agua y ya está. No tuvo importancia el hecho. ¿Qué más me querías decir?
- Me pone nervioso que haya tantos canales en la televisión. No sé cuál elegir. Cualquier cosa que mire, yo siento que me estoy perdiendo de algo mejor en otro canal, por lo que finalmente me quedo haciendo zapping sin plantarme en ningún programa.
- ¿Y una vez que terminás el zapping?
- Lo vuelvo a hacer, y termino agotado, son demasiados canales. Al final, acabo siempre a TN para mantenerme al tanto de lo que está pasando con la temperatura. Siempre quiero que llegue al record de calor, porque me gusta el quilombo.
- Pero no te olvides que de ese modo se van a derretir más rápido los glaciares y podés morir ahogado.
- Y bueno, por un lado mejor, así no me preocupo por esa llamada que se cortó y me ahorro toda esa mala sangre de no saber quién tiene que llamar a quien.
- Bueno, ¿algo más que te acuerdes?
- No.
- Te estás olvidando de algo.
- ¿De qué?
- Me debés 6 pesos de la última sesión.
lunes 24 de noviembre de 2008
Sesión 29: "Panóptico 5 estrellas"
La sesión siguiente a mi regreso del viaje, quise dedicarla a contarle sobre el hotel donde me hospedaron y sobre el nuevo trauma que descubrí al respecto. No pude evitar sentirme observado en cada instante. Llegué a un punto de desesperación en el que me sentía un fugitivo tratando de huir de esas miradas anónimas que me pesaban en la nuca.
Al empezar la sesión, tuve el presentimiento de que ella me iba a entender y ayudar, e incluso su comprensión fue mayor a la esperada.
- Contame de tu viaje...
- El hotel era 5 estrellas, de esos con señores de galera en la entrada que te abren la puerta del auto. Habitaciones amplias, con aire acondicionado central, televisor de plasma, jacuzzi y ducha escocesa incorporada en el baño, spa, sauna, gimnasio, business center y había salmón en el desayuno.
- Entonces, ¿bien?
- La verdad que yo no pido más que eso, me sé conformar.
- Entonces ningún problema. ¿Lo dejamos acá?
- ¿Cómo lo dejamos acá? Claro que hubo problemas, fue una experiencia terrible, no paré de sentirme observado. En el hotel cámaras por todas partes. Al salir de la habitación, en los pasillos, cada cinco pasos, en cualquier rincón una cámara, me sentía sospechoso de estar saliendo en vivo por esos monitores en blanco y negro de los servicios de seguridad internos, tenía miedo de que me llevaran detenido.
- Claro, no es fácil. Te hubieras quedado en la habitación.
- Lo intenté, pero fue peor. Siempre que voy a un hotel siento que en la habitación me están filmando. De hecho, me fijo si en el techo hay alguna cámara escondida y desconfío profundamente de los detectores de humo, ya que para mí, en realidad, además de detectar el humo, filman, ya que no les cuesta nada tener 2 funciones.
- Pero vos sos muy ingenuo.
- Es lo que siento, no lo puedo evitar. Siento que me están filmando desnudo o en situaciones muy íntimas.
- Por eso te digo, sos muy ingenuo.
- Ya lo sé, ¿Pero qué quiere que haga?
- Que no seas ingenuo! Que estés siempre vestido... te bañes en malla, al cambiarte cubrite con una toalla y tené mucho cuidado, ni se te ocurra llevártela.
Al empezar la sesión, tuve el presentimiento de que ella me iba a entender y ayudar, e incluso su comprensión fue mayor a la esperada.
- Contame de tu viaje...
- El hotel era 5 estrellas, de esos con señores de galera en la entrada que te abren la puerta del auto. Habitaciones amplias, con aire acondicionado central, televisor de plasma, jacuzzi y ducha escocesa incorporada en el baño, spa, sauna, gimnasio, business center y había salmón en el desayuno.
- Entonces, ¿bien?
- La verdad que yo no pido más que eso, me sé conformar.
- Entonces ningún problema. ¿Lo dejamos acá?
- ¿Cómo lo dejamos acá? Claro que hubo problemas, fue una experiencia terrible, no paré de sentirme observado. En el hotel cámaras por todas partes. Al salir de la habitación, en los pasillos, cada cinco pasos, en cualquier rincón una cámara, me sentía sospechoso de estar saliendo en vivo por esos monitores en blanco y negro de los servicios de seguridad internos, tenía miedo de que me llevaran detenido.
- Claro, no es fácil. Te hubieras quedado en la habitación.
- Lo intenté, pero fue peor. Siempre que voy a un hotel siento que en la habitación me están filmando. De hecho, me fijo si en el techo hay alguna cámara escondida y desconfío profundamente de los detectores de humo, ya que para mí, en realidad, además de detectar el humo, filman, ya que no les cuesta nada tener 2 funciones.
- Pero vos sos muy ingenuo.
- Es lo que siento, no lo puedo evitar. Siento que me están filmando desnudo o en situaciones muy íntimas.
- Por eso te digo, sos muy ingenuo.
- Ya lo sé, ¿Pero qué quiere que haga?
- Que no seas ingenuo! Que estés siempre vestido... te bañes en malla, al cambiarte cubrite con una toalla y tené mucho cuidado, ni se te ocurra llevártela.
sábado 22 de noviembre de 2008
Sesión 28: "Sólo se trata de vivir"
La sesión 28 fue la última antes de irme a actuar a la ciudad de Rosario y también fue mi gran oportunidad para no avisarle sobre mi fecha de regreso, y de este modo, darle fin a la continuidad de esta terapia. Oportunidad que, de por cierto, dejé pasar, ante la imprevisibilidad en el desarrollo de los hechos.
- Mañana me voy a Rosario -le dije-.
- ¿A vivir? -me preguntó sorpresivamente-.
- No! ¿Cómo a vivir? ¿De qué me está hablando? Solamente me voy a actuar.
En ese momento comprendí que me había equivocado. Ella me había dejado todo servido para que yo simplemente respondiera que sí, que me iba a vivir y que no iba a regresar nunca más. Pero fue tanta la sorpresa y hasta la bronca por el desapego de su comentario, que mi defensa automática, mi acto reflejo, fue aclararle mi verdadero propósito del viaje y dejar pasar así, mi gran oportunidad.
- Bueno, pero también vas a vivir -me replicó-.
- No. Voy y vuelvo -le contesté descolocado, como quien no quiere perder, dejando pasar una segunda oportunidad-.
- Bueno - continuó ella-, pero vas a vivir allá, vas a estar vivo. ¿O tenés pensado ir sin vivir, ir fallecido? Eso es lo que te pasa, te olvidás que vivís y te olvidás de vivir. Lo das tan por sentado que no te das cuenta.
No supe qué decir, su juego de palabras me había hecho dudar de mi viaje, de mi nombre y hasta del planeta en el que habito. Luego me preguntó:
- ¿Te quedás allá por varios meses?
Yo no entendía qué estaba sucediendo, ella insistía con que yo me iba a ir por un largo periodo de tiempo. Sé que era otra nueva oportunidad, pero había algo que era más fuerte que yo: me estaba sintiendo rechazado y no le iba a dar el gusto.
- No! -le dije tajantemente-. Vuelvo pasado mañana, ¿Ok? Y es más, a mi regreso tengo pensado verla más seguido.
- No creo que sea posible, ya no tengo vida -me dijo en tono de lamento y en sintonía con lo que expresaban sus ojos vidriosos-.
- ¿Y por qué no se va a vivir a otra ciudad?
- Dejame ver mi agenda, tal vez te acompañe.
- Mañana me voy a Rosario -le dije-.
- ¿A vivir? -me preguntó sorpresivamente-.
- No! ¿Cómo a vivir? ¿De qué me está hablando? Solamente me voy a actuar.
En ese momento comprendí que me había equivocado. Ella me había dejado todo servido para que yo simplemente respondiera que sí, que me iba a vivir y que no iba a regresar nunca más. Pero fue tanta la sorpresa y hasta la bronca por el desapego de su comentario, que mi defensa automática, mi acto reflejo, fue aclararle mi verdadero propósito del viaje y dejar pasar así, mi gran oportunidad.
- Bueno, pero también vas a vivir -me replicó-.
- No. Voy y vuelvo -le contesté descolocado, como quien no quiere perder, dejando pasar una segunda oportunidad-.
- Bueno - continuó ella-, pero vas a vivir allá, vas a estar vivo. ¿O tenés pensado ir sin vivir, ir fallecido? Eso es lo que te pasa, te olvidás que vivís y te olvidás de vivir. Lo das tan por sentado que no te das cuenta.
No supe qué decir, su juego de palabras me había hecho dudar de mi viaje, de mi nombre y hasta del planeta en el que habito. Luego me preguntó:
- ¿Te quedás allá por varios meses?
Yo no entendía qué estaba sucediendo, ella insistía con que yo me iba a ir por un largo periodo de tiempo. Sé que era otra nueva oportunidad, pero había algo que era más fuerte que yo: me estaba sintiendo rechazado y no le iba a dar el gusto.
- No! -le dije tajantemente-. Vuelvo pasado mañana, ¿Ok? Y es más, a mi regreso tengo pensado verla más seguido.
- No creo que sea posible, ya no tengo vida -me dijo en tono de lamento y en sintonía con lo que expresaban sus ojos vidriosos-.
- ¿Y por qué no se va a vivir a otra ciudad?
- Dejame ver mi agenda, tal vez te acompañe.
jueves 6 de noviembre de 2008
Sesión 27: "La consulta gestáltica III"
La casa donde me atiende el terapeuta gestáltico es muy grande, tiene dos pisos, un altillo y varias habitaciones. En todos los ambientes se huele sahumerio, y en los pasillos una mezcla de éstos. Hoy me tocó pasar al altillo, porque la sala principal estaba ocupada por un grupo de mujeres treintañeras haciendo yoga o "ioga", como dice él.
"Vos subí al altillo que yo ya voy", me dijo. No me gustó nada la idea del altillo. A decir verdad, soy un poco fóbico y paranóico, y este ambiente de las terapias me hace desconfiar mucho de la idoneidad de quienes las llevan a cabo. Sin embargo, al subir y ver las fotos que tenía con su mujer y sus hijos me tranqulicé.
- Hoy quiero dejar de lado un poco la relación que tenés con tu psicóloga y que trabajemos en resolver cuestiones puntuales que tienen que ver con tu manera de hacer, ser y estar. Cerrá los ojos.
Yo hice trampa y no los llegué a cerrar del todo, como dejándolos entre abiertos. Luego puso una música media oriental, me pidió que respirara hondo y me preguntó:
- ¿Cómo te sentís?
- Creo que estoy enfermo de manera crónica.
- No podés pensar todos los días que estás enfermo.
- Es que si no pienso eso me olvido de tomar la medicación. Yo tengo un problema y es que del oído izquierdo escucho la mitad.
- Tapate el oído derecho. ¿Cuántos decibeles menos escuchás? ¿veinte?
- ¿Dijiste diez?
- Sí, es cierto, escuchás la mitad.
- Y yo odio ir al otorrino, porque siempre que voy me pide que me haga una audiometría. Se la entrego, la observa y luego me dice que del oído izquierdo escucho menos. Yo ya lo sé, por eso fui. Quiero una solución al respecto, no que me repitan cada vez que voy lo que ya sé que tengo.
- ¿Te molesta escuchar menos de un oído?
- Sí.
- Bueno, la solución es que no te moleste. Tema superado, seguimos. ¿Qué otro tema puntual a resolver tenés?
- Creo que soy un poco paranóico. La crisis económica no me está afectando tanto, y como me está yendo bien en el trabajo, la otra vez decidí ir al shopping a comprar un par de zapatillas. Apenas entré al negocio se cortó la luz y yo sentí que todos pensaban que fue mi culpa.
- Ah, ¿sos paranóico? Bueno, no seas más paranóico. ¿Qué otro problema tenés?
- No sé, me siento mal.
- Sentite bien.
- Y sobre todas las cosas, como ya le planteé en el primer encuentro, quiero cambiar.
- ...Y cambiá!
Sentí que la charla fue un poco superficial. Eso fue todo y así es un encuentro con el terapeuta gestáltico, y lo increible es que, paradójicamente, logré sentirme mucho mejor, todo me llegó a parecer más fácil.
Al finalizar el encuentro me dijo:
- Debido al aumento de costos que se está padeciendo en la canasta familiar y en los servicios públicos, me veo obligado a subirte la consulta de $90 a $100.
- Pero yo tengo entendido, que los costos están congelados por la crisis.
- Entonces es simple. Tomalo como que el incremento se debe a que nunca tengo diez pesos de vuelto para darte y se pierde mucho tiempo con el tema de buscar cambio, como ocurrió la semana pasada. Por lo que te paso a cobrar $1oo porque es un número redondo. Yo ya te lo enseñé, es parte de mi terapia: siempre hay que simplificar las cosas.
- Justo traje cambio hoy, $90 exactos.
- ¿No llegás a $100?
- No, me quedan 4 pesos.
- Bueno, no importa, no te hagas ningún tipo de problema. Hasta la semana que viene. Ah, y traé $106.
"Vos subí al altillo que yo ya voy", me dijo. No me gustó nada la idea del altillo. A decir verdad, soy un poco fóbico y paranóico, y este ambiente de las terapias me hace desconfiar mucho de la idoneidad de quienes las llevan a cabo. Sin embargo, al subir y ver las fotos que tenía con su mujer y sus hijos me tranqulicé.
- Hoy quiero dejar de lado un poco la relación que tenés con tu psicóloga y que trabajemos en resolver cuestiones puntuales que tienen que ver con tu manera de hacer, ser y estar. Cerrá los ojos.
Yo hice trampa y no los llegué a cerrar del todo, como dejándolos entre abiertos. Luego puso una música media oriental, me pidió que respirara hondo y me preguntó:
- ¿Cómo te sentís?
- Creo que estoy enfermo de manera crónica.
- No podés pensar todos los días que estás enfermo.
- Es que si no pienso eso me olvido de tomar la medicación. Yo tengo un problema y es que del oído izquierdo escucho la mitad.
- Tapate el oído derecho. ¿Cuántos decibeles menos escuchás? ¿veinte?
- ¿Dijiste diez?
- Sí, es cierto, escuchás la mitad.
- Y yo odio ir al otorrino, porque siempre que voy me pide que me haga una audiometría. Se la entrego, la observa y luego me dice que del oído izquierdo escucho menos. Yo ya lo sé, por eso fui. Quiero una solución al respecto, no que me repitan cada vez que voy lo que ya sé que tengo.
- ¿Te molesta escuchar menos de un oído?
- Sí.
- Bueno, la solución es que no te moleste. Tema superado, seguimos. ¿Qué otro tema puntual a resolver tenés?
- Creo que soy un poco paranóico. La crisis económica no me está afectando tanto, y como me está yendo bien en el trabajo, la otra vez decidí ir al shopping a comprar un par de zapatillas. Apenas entré al negocio se cortó la luz y yo sentí que todos pensaban que fue mi culpa.
- Ah, ¿sos paranóico? Bueno, no seas más paranóico. ¿Qué otro problema tenés?
- No sé, me siento mal.
- Sentite bien.
- Y sobre todas las cosas, como ya le planteé en el primer encuentro, quiero cambiar.
- ...Y cambiá!
Sentí que la charla fue un poco superficial. Eso fue todo y así es un encuentro con el terapeuta gestáltico, y lo increible es que, paradójicamente, logré sentirme mucho mejor, todo me llegó a parecer más fácil.
Al finalizar el encuentro me dijo:
- Debido al aumento de costos que se está padeciendo en la canasta familiar y en los servicios públicos, me veo obligado a subirte la consulta de $90 a $100.
- Pero yo tengo entendido, que los costos están congelados por la crisis.
- Entonces es simple. Tomalo como que el incremento se debe a que nunca tengo diez pesos de vuelto para darte y se pierde mucho tiempo con el tema de buscar cambio, como ocurrió la semana pasada. Por lo que te paso a cobrar $1oo porque es un número redondo. Yo ya te lo enseñé, es parte de mi terapia: siempre hay que simplificar las cosas.
- Justo traje cambio hoy, $90 exactos.
- ¿No llegás a $100?
- No, me quedan 4 pesos.
- Bueno, no importa, no te hagas ningún tipo de problema. Hasta la semana que viene. Ah, y traé $106.
martes 4 de noviembre de 2008
Sesión 26: "El placard abierto"
Me levanté con el pie izquierdo y fue una odisea llegar a la sesión. Me había quedado dormido por no haber descansado bien durante la noche y en las tres cuadras que caminé, troté y corrí para llegar a tiempo al consultorio me pasaron varias cosas.
Pasé por debajo de una escalera de una obra en construcción y después un gato negro asustado se me cruzó por enfrente. Por fortuna vi a una novia que entraba a un registro civil y me pregunté: ¿Novia mata escalera? ¿Y con el gato negro qué hago? Luego, por suerte pisé excremento canino.
Me limpié a orillas de la vereda con el agüita que corría rumbo a la alcantarilla y finalmente subí al segundo piso donde queda el consultorio.
- ¿Cómo estamos hoy? -me preguntó-.
- Yo bien, ud. no sé. -Le dije en tono jocoso-.
- ¿Estás bien o maso? ¿maso?
- No, estoy bien. Estoy perfecto. Bueno, creía que estaba bien, pero ahora que me lo pregunta de esta forma me hace dudar. Quizás tenga razón, puede ser que esté mal, sí, hecho mierda.
- ¿Qué anda pasando?
- No, nada. En realidad, pensándolo bien, no tengo motivos para estar mal.
- Bueno, motivos te sobran.
- No sé, ahora que me lo dice, me hace dudar. Puede ser, sí.
- De todos modos, me imagino que no siempre estuviste así, tan mal. Quiero decir, no siempre tuviste tantos problemas.
- No, claro que no. Yo en un momento no tenía ningún tipo de problema, ni uno solo.
- ¿Te acordás cuando fue?
- Sí, tenía 4 años.
- ¿Y ahora qué es lo que te pasa?
- No, nada. En realidad dormí mal. Creo que tengo ciertas obsesiones. Por ejemplo, no me puedo dormir si tengo el placard abierto porque siento que es de mala suerte y que algo terrible puede suceder.
- Que el placard esté abierto o cerrado no es ni buena ni mala suerte. No es nada. Ahora bien, si vos pensás que es mala suerte, probablemente sea mala suerte porque vas a estar sugestionado y lo vas a provocar con tus pensamientos. A ver Andrés si entendés esto: Las cosas por si solas no son ni buenas ni malas, uno las hace buenas o malas. El problema no es que el placard esté abierto, sino qué hacés vos con eso, cómo te afecta. En la vida las cosas no son ni fáciles ni difíciles, uno elige cómo hacerlas.
- Pero el hecho fáctico es que dormí mal. Y sí, el placard abierto no me dejaba tranquilo, me perturbaba. Tampoco me quise levantar para cerrarlo, para no despabilarme. Y finalmente me quedé entre dormido pensando que algo terrible iba a pasar y soñé toda la noche con el placard. Lo soñé en diferentes tipos de madera, pero el mío es de durlock, y con personas que entraban y salían de ahí. Finalmente mi abuela se quedó atascada con una percha y ahí me desperté para ayudarla y entonces lo cerré.
De repente la psicóloga se levantó enérgicamente, como poseída por una fuerza superior. Tomó de los vértices inferiores un cuadro con el retrato de Freud que estaba colgado en la pared y aparentemente lo enderezó. Sorprendido por su accionar, le pregunté:
- ¿Qué hace licenciada?
- No nada, ya está -me dijo como quien disminuye la cosa-.
- Hace un rato me dijo que las cosas no son ni buenas ni malas y ahora usted endereza el cuadro porque se suele decir que un cuadro torcido produce mala suerte.
- Claro, el cuadro torcido no es ni bueno ni malo. Pero justo me acordé que en la sección "sorpresa" de mi horóscopo del domingo decía: "Mantenga su casa en orden y algo bueno le va a suceder".
- ¿De qué signo es licenciada?
- De Escorpio.
- Yo también...
- Bueno, por hoy lo dejamos acá. Estate tranquilo... No te preocupes por el placard, y te recomiendo que ordenes ya tu casa.
- Por las dudas lo voy a hacer.
- Claro, siempre hay que abrir el paraguas antes de que llueva.
- ¿Pero no es de mala suerte eso?
Pasé por debajo de una escalera de una obra en construcción y después un gato negro asustado se me cruzó por enfrente. Por fortuna vi a una novia que entraba a un registro civil y me pregunté: ¿Novia mata escalera? ¿Y con el gato negro qué hago? Luego, por suerte pisé excremento canino.
Me limpié a orillas de la vereda con el agüita que corría rumbo a la alcantarilla y finalmente subí al segundo piso donde queda el consultorio.
- ¿Cómo estamos hoy? -me preguntó-.
- Yo bien, ud. no sé. -Le dije en tono jocoso-.
- ¿Estás bien o maso? ¿maso?
- No, estoy bien. Estoy perfecto. Bueno, creía que estaba bien, pero ahora que me lo pregunta de esta forma me hace dudar. Quizás tenga razón, puede ser que esté mal, sí, hecho mierda.
- ¿Qué anda pasando?
- No, nada. En realidad, pensándolo bien, no tengo motivos para estar mal.
- Bueno, motivos te sobran.
- No sé, ahora que me lo dice, me hace dudar. Puede ser, sí.
- De todos modos, me imagino que no siempre estuviste así, tan mal. Quiero decir, no siempre tuviste tantos problemas.
- No, claro que no. Yo en un momento no tenía ningún tipo de problema, ni uno solo.
- ¿Te acordás cuando fue?
- Sí, tenía 4 años.
- ¿Y ahora qué es lo que te pasa?
- No, nada. En realidad dormí mal. Creo que tengo ciertas obsesiones. Por ejemplo, no me puedo dormir si tengo el placard abierto porque siento que es de mala suerte y que algo terrible puede suceder.
- Que el placard esté abierto o cerrado no es ni buena ni mala suerte. No es nada. Ahora bien, si vos pensás que es mala suerte, probablemente sea mala suerte porque vas a estar sugestionado y lo vas a provocar con tus pensamientos. A ver Andrés si entendés esto: Las cosas por si solas no son ni buenas ni malas, uno las hace buenas o malas. El problema no es que el placard esté abierto, sino qué hacés vos con eso, cómo te afecta. En la vida las cosas no son ni fáciles ni difíciles, uno elige cómo hacerlas.
- Pero el hecho fáctico es que dormí mal. Y sí, el placard abierto no me dejaba tranquilo, me perturbaba. Tampoco me quise levantar para cerrarlo, para no despabilarme. Y finalmente me quedé entre dormido pensando que algo terrible iba a pasar y soñé toda la noche con el placard. Lo soñé en diferentes tipos de madera, pero el mío es de durlock, y con personas que entraban y salían de ahí. Finalmente mi abuela se quedó atascada con una percha y ahí me desperté para ayudarla y entonces lo cerré.
De repente la psicóloga se levantó enérgicamente, como poseída por una fuerza superior. Tomó de los vértices inferiores un cuadro con el retrato de Freud que estaba colgado en la pared y aparentemente lo enderezó. Sorprendido por su accionar, le pregunté:
- ¿Qué hace licenciada?
- No nada, ya está -me dijo como quien disminuye la cosa-.
- Hace un rato me dijo que las cosas no son ni buenas ni malas y ahora usted endereza el cuadro porque se suele decir que un cuadro torcido produce mala suerte.
- Claro, el cuadro torcido no es ni bueno ni malo. Pero justo me acordé que en la sección "sorpresa" de mi horóscopo del domingo decía: "Mantenga su casa en orden y algo bueno le va a suceder".
- ¿De qué signo es licenciada?
- De Escorpio.
- Yo también...
- Bueno, por hoy lo dejamos acá. Estate tranquilo... No te preocupes por el placard, y te recomiendo que ordenes ya tu casa.
- Por las dudas lo voy a hacer.
- Claro, siempre hay que abrir el paraguas antes de que llueva.
- ¿Pero no es de mala suerte eso?
viernes 31 de octubre de 2008
Sesión 25: "El Test de Rorschach"
Toqué timbre, la psicóloga me abrió la puerta y me invitó a pasar al consultorio. Una vez sentados frente a frente, me dijo:
- Te noto bien. Apenas abrí la puerta ya te vi distinto, como con otra actitud corporal, transmitiendo mayor seguridad. ¿Puede ser?
- No, no creo, estoy igual que siempre me parece -le dije, para evitar sospechas sobre mi tratamiento paralelo-.
- Te está haciendo muy bien esta terapia. Estás realmente mejor, más seguro, con otra mirada. Me alegra saber que estamos haciendo un buen trabajo, juntos claro.
- No sé. Quizás sea porque me llamaron de una gran empresa. Hoy a la tarde voy a tener la entrevista de trabajo. Quiero quedar, pero al mismo tiempo me da bronca que justo me llamen ahora que me había acostumbrado a mi rutina y a tener tiempos flexibles, tan requeridos por mí.
- Los cambios son desafíos que hay que afrontar para progresar. Y es parte de la ley de la vida que siempre surgen la cosas buenas cuando uno está en un buen momento. ¿Te gustan las entrevistas de trabajo? ¿Ya tuviste alguna?
- Sí, tuve. Y las odio. Son siempre iguales. A lo último te pueden llegar a decir dos cosas: "Bueno, vas a formar parte de nuestra base de datos", o en su defecto, "Cualquier cosa te llamamos".
- Bueno, vamos por partes. ¿Qué problema tenés en pasar a formar parte de una base de datos?
- Que no me gusta reducirme a un mero dato en un archivo. El ser humano es algo demasiado complejo para eso. Me niego a ser un dato! Estoy compuesto de células, infinitos procesos biológicos, órganos, cerebro, cinco sentidos, un corazón que late para transportar sangre a cada rincón de mi cuerpo y proveer de oxígeno y energía para mi metabolismo, reproducción y existencia a través de la combus...
- Bueno! -me interrumpió debido a mi exacerbación desenfrenada-. ¿Quién no forma parte de una base de datos? Así como alguna vez tuviste compañeros de primaria o secundaria, tenés compañeros de "base", ya que muchos de nosotros debemos estar en las mismas bases de datos sin saberlo. Y por otro lado, ¿Qué problema tenés con que te digan que cualquier cosa te llaman?
- Es que no se entiende a qué se refieren, no son directos. ¿En caso de qué me llaman? ¿Si sube la bolsa? ¿Si cae la bolsa? ¿Qué significa "cualquier cosa me llaman"? No lo entiendo, si esta persona que elige al personal pisa un chicle por la calle, ¿me llama? digo, porque eso también sería cualquier cosa. No sé, para mí, cualquier cosa es que un elefante suba una escalera mecánica en un shopping.
- ¿Sabés en qué consiste la entrevista? Yo tengo experiencia en psicodiagnósticos y te puedo ayudar. Tirarte unos "tips" -me dijo con aire canchero mientras me guiñaba el ojo-.
- Sí, me dijo un conocido que fue, que me van a pedir que haga el Rorschach*. (*El Rorschach es un test proyectivo para evaluar la personalidad, basado en la libre interpretación de una serie de imágenes abstractas que se caracterizan por su ambigüedad y falta de estructuración).
- Ah, Es simple! Lleva masa de hojaldre, dulce de leche, hojaldre, dulce de leche, hojaldre, dulce de leche y merengue arriba.
- No, eso es "Rogel" y es una torta. A mí me van a pedir que haga el "Rorschach".
- Ah sí, claro disculpá. De todos modos es más fácil, el Royal es instantáneo..., un postrecito.
- Te noto bien. Apenas abrí la puerta ya te vi distinto, como con otra actitud corporal, transmitiendo mayor seguridad. ¿Puede ser?
- No, no creo, estoy igual que siempre me parece -le dije, para evitar sospechas sobre mi tratamiento paralelo-.
- Te está haciendo muy bien esta terapia. Estás realmente mejor, más seguro, con otra mirada. Me alegra saber que estamos haciendo un buen trabajo, juntos claro.
- No sé. Quizás sea porque me llamaron de una gran empresa. Hoy a la tarde voy a tener la entrevista de trabajo. Quiero quedar, pero al mismo tiempo me da bronca que justo me llamen ahora que me había acostumbrado a mi rutina y a tener tiempos flexibles, tan requeridos por mí.
- Los cambios son desafíos que hay que afrontar para progresar. Y es parte de la ley de la vida que siempre surgen la cosas buenas cuando uno está en un buen momento. ¿Te gustan las entrevistas de trabajo? ¿Ya tuviste alguna?
- Sí, tuve. Y las odio. Son siempre iguales. A lo último te pueden llegar a decir dos cosas: "Bueno, vas a formar parte de nuestra base de datos", o en su defecto, "Cualquier cosa te llamamos".
- Bueno, vamos por partes. ¿Qué problema tenés en pasar a formar parte de una base de datos?
- Que no me gusta reducirme a un mero dato en un archivo. El ser humano es algo demasiado complejo para eso. Me niego a ser un dato! Estoy compuesto de células, infinitos procesos biológicos, órganos, cerebro, cinco sentidos, un corazón que late para transportar sangre a cada rincón de mi cuerpo y proveer de oxígeno y energía para mi metabolismo, reproducción y existencia a través de la combus...
- Bueno! -me interrumpió debido a mi exacerbación desenfrenada-. ¿Quién no forma parte de una base de datos? Así como alguna vez tuviste compañeros de primaria o secundaria, tenés compañeros de "base", ya que muchos de nosotros debemos estar en las mismas bases de datos sin saberlo. Y por otro lado, ¿Qué problema tenés con que te digan que cualquier cosa te llaman?
- Es que no se entiende a qué se refieren, no son directos. ¿En caso de qué me llaman? ¿Si sube la bolsa? ¿Si cae la bolsa? ¿Qué significa "cualquier cosa me llaman"? No lo entiendo, si esta persona que elige al personal pisa un chicle por la calle, ¿me llama? digo, porque eso también sería cualquier cosa. No sé, para mí, cualquier cosa es que un elefante suba una escalera mecánica en un shopping.
- ¿Sabés en qué consiste la entrevista? Yo tengo experiencia en psicodiagnósticos y te puedo ayudar. Tirarte unos "tips" -me dijo con aire canchero mientras me guiñaba el ojo-.
- Sí, me dijo un conocido que fue, que me van a pedir que haga el Rorschach*. (*El Rorschach es un test proyectivo para evaluar la personalidad, basado en la libre interpretación de una serie de imágenes abstractas que se caracterizan por su ambigüedad y falta de estructuración).
- Ah, Es simple! Lleva masa de hojaldre, dulce de leche, hojaldre, dulce de leche, hojaldre, dulce de leche y merengue arriba.
- No, eso es "Rogel" y es una torta. A mí me van a pedir que haga el "Rorschach".
- Ah sí, claro disculpá. De todos modos es más fácil, el Royal es instantáneo..., un postrecito.
miércoles 29 de octubre de 2008
Sesión 24: "La consulta gestáltica II"
La última sesión con mi psicóloga fue un diálogo entre sordos, algo de no creer. Con expectativas renovadas necesité verlo a mi terapeuta gestáltico, en busca del otro enfoque y pasar del pensamiento a la acción.
Una vez descalzado, y reclinado sobre unos almohadones con bordados de elefantes dorados, le comenté:
- Quiero dejar a mi psicóloga, pero no puedo. No sé cómo decírselo. Es más, no sé qué es más difícil, si dejar a una chica con la que uno sale o la psicóloga. ¿Cómo hago? Se me ocurrió esperar que llegue el mes de enero, decirle que me voy de vacaciones, pero no avisarle cuando regreso.
- Contame un poco más los inicios de tu relación con la psicóloga. ¿Cómo se desarrollaban esas primeras sesiones que hicieron que continuaras?
- Al principio no hablábamos, nos quedábamos callados 25 minutos.
- ¿Y el resto?
- No había resto. Como no sabía qué decirle me rajaba antes.
- ¿Y después cómo evolucionó todo?
- En las sesiones siguientes yo hablaba un poco más, pero tampoco llegaba a cubrir todo el tiempo de la sesión.
- ¿Y el resto?
- Le preguntaba sobre ella.
- ¿Y qué pasa ahora?
- Ahora la noto mejor.
Se quedó meditando unos segundos y luego me dijo:
- Hay personas que se aferran tanto a las cosas, a ciertas relaciones, a sus rutinas... buenas o malas, que luego no pueden desprenderse. Ahora vamos a hacer un ejercicio.
Sacó de una caja de mimbre marrón dos bochas de plastilina, una verde y otra azul. Me pidió que haga algún objeto y que me tomara el tiempo necesario hasta que quedara yo conforme. Luego de maniobrar unos minutos con mis torpes manos, pero con una dedicación y concentración inusitada, le presenté una casa de plastilina con todos los detalles que ésta pudiera tener.
- ¿Te gusta? -Me preguntó-.
- Creo que sí, le puse dedicación.
- Ahora tirala a la basura.
- ¿Qué? No, no quiero. Es algo que hice yo, invertí mi tiempo en eso.
- A veces esa inversión de tiempo y dedicación, es lo que hace que a uno le cueste desprenderse de ciertas cosas, aunque no le hagan bien del todo.
Luego me pidió que me ubicara en un punto fijo dentro de la sala y que visualice en mí al Andrés que yo desearía ser y que piense qué consejo le diría éste al Andrés que soy, que estaría ubicado en otro punto de la sala.
´Andrés que deseo ser´: - No sé, le diría que no tenga miedo de vivir, que sea felíz...
- A mí no me lo digas, decíselo al andrés que tenés ahí en frente -me corrigió el terapeuta, señalándome un punto en el espacio delimitado por un almohadón-.
´Andrés que deseo ser´: - Hacé como yo, disfrutá la vida, atrevete a todo, no pidas permisos internos para tomar decisiones y que no te de miedo ser feliz. Desprendete de tus culpas y no te aferres a las cosas que no te hacen bien, es fácil, se puede, yo lo logré. Cambiá!
- Buen trabajo -me dijo el terapeuta-. Ahora tirá a la basura y con fuerza a esa casita de plastilina que hiciste.
Yo tiré la casita de plastilina a un tacho de basura, tal como me lo pidió.
- Bien! ¿Qué siente en este momento el otro andrés, el de las dificultades?
- Me siento mejor, como que no es tan difícil cambiar y desprenderse de lo que a uno le pesa. Es una cuestión de actitud. Creo que cambié mi forma de pensar las cosas y ver la vida. Es como que me siento otro, me siento nuevo.
- Es lógico. Esta terapia es así, se buscan soluciones. ¿Tenés $90 justo? Porque sólo tengo un billete de $10 y no quiero quedarme sin cambio.
- No, tengo $100.
- Qué lástima, voy a ver después cómo me arreglo. Te veo la semana que viene.
- Te quería pedir una cosa antes de irme.
- Sí, decime.
- ¿Me podrías devolver mi casita de plastilina?
Una vez descalzado, y reclinado sobre unos almohadones con bordados de elefantes dorados, le comenté:
- Quiero dejar a mi psicóloga, pero no puedo. No sé cómo decírselo. Es más, no sé qué es más difícil, si dejar a una chica con la que uno sale o la psicóloga. ¿Cómo hago? Se me ocurrió esperar que llegue el mes de enero, decirle que me voy de vacaciones, pero no avisarle cuando regreso.
- Contame un poco más los inicios de tu relación con la psicóloga. ¿Cómo se desarrollaban esas primeras sesiones que hicieron que continuaras?
- Al principio no hablábamos, nos quedábamos callados 25 minutos.
- ¿Y el resto?
- No había resto. Como no sabía qué decirle me rajaba antes.
- ¿Y después cómo evolucionó todo?
- En las sesiones siguientes yo hablaba un poco más, pero tampoco llegaba a cubrir todo el tiempo de la sesión.
- ¿Y el resto?
- Le preguntaba sobre ella.
- ¿Y qué pasa ahora?
- Ahora la noto mejor.
Se quedó meditando unos segundos y luego me dijo:
- Hay personas que se aferran tanto a las cosas, a ciertas relaciones, a sus rutinas... buenas o malas, que luego no pueden desprenderse. Ahora vamos a hacer un ejercicio.
Sacó de una caja de mimbre marrón dos bochas de plastilina, una verde y otra azul. Me pidió que haga algún objeto y que me tomara el tiempo necesario hasta que quedara yo conforme. Luego de maniobrar unos minutos con mis torpes manos, pero con una dedicación y concentración inusitada, le presenté una casa de plastilina con todos los detalles que ésta pudiera tener.
- ¿Te gusta? -Me preguntó-.
- Creo que sí, le puse dedicación.
- Ahora tirala a la basura.
- ¿Qué? No, no quiero. Es algo que hice yo, invertí mi tiempo en eso.
- A veces esa inversión de tiempo y dedicación, es lo que hace que a uno le cueste desprenderse de ciertas cosas, aunque no le hagan bien del todo.
Luego me pidió que me ubicara en un punto fijo dentro de la sala y que visualice en mí al Andrés que yo desearía ser y que piense qué consejo le diría éste al Andrés que soy, que estaría ubicado en otro punto de la sala.
´Andrés que deseo ser´: - No sé, le diría que no tenga miedo de vivir, que sea felíz...
- A mí no me lo digas, decíselo al andrés que tenés ahí en frente -me corrigió el terapeuta, señalándome un punto en el espacio delimitado por un almohadón-.
´Andrés que deseo ser´: - Hacé como yo, disfrutá la vida, atrevete a todo, no pidas permisos internos para tomar decisiones y que no te de miedo ser feliz. Desprendete de tus culpas y no te aferres a las cosas que no te hacen bien, es fácil, se puede, yo lo logré. Cambiá!
- Buen trabajo -me dijo el terapeuta-. Ahora tirá a la basura y con fuerza a esa casita de plastilina que hiciste.
Yo tiré la casita de plastilina a un tacho de basura, tal como me lo pidió.
- Bien! ¿Qué siente en este momento el otro andrés, el de las dificultades?
- Me siento mejor, como que no es tan difícil cambiar y desprenderse de lo que a uno le pesa. Es una cuestión de actitud. Creo que cambié mi forma de pensar las cosas y ver la vida. Es como que me siento otro, me siento nuevo.
- Es lógico. Esta terapia es así, se buscan soluciones. ¿Tenés $90 justo? Porque sólo tengo un billete de $10 y no quiero quedarme sin cambio.
- No, tengo $100.
- Qué lástima, voy a ver después cómo me arreglo. Te veo la semana que viene.
- Te quería pedir una cosa antes de irme.
- Sí, decime.
- ¿Me podrías devolver mi casita de plastilina?
martes 28 de octubre de 2008
Sesión 23: "Trastornos de ansiedad"
Otra vez me dejó esperando en el hall, esta vez sin música. Hubiera tenido ganas de querer ir al baño para, aunque sea, matar un par de minutos de la espera, pero no.
Antes de entrar al consultorio me preguntó si había visto al fumigador que en teoría tendría que haber llegado bien temprano para desinsectizar las alacenas de su cocina, a lo que le respondí que no, que no había visto a nadie. De esta manera, comencé la sesión un poco fastidioso ya que no me gusta que me hagan esperar tanto.
- ¿Cómo estás hoy, llegaste bien? -me preguntó-.
- Salí de mi casa y me irritó que el ascensor no esté en mi piso.
- Bueno, ¿y...?
- Después decidí venir en taxi, porque no tenía nafta en el auto. Las estaciones de servicio últimamente están llenas de autos haciendo cola y no tengo paciencia de esperar. Además no quería retrasarme.
- ¿Y qué más?
- En el taxi, para no aburrirme, intenté leer un libro nuevo que me compré. Lo abrí, pero como siempre, antes de empezar un libro, cuento cuántas páginas tiene, también me fijo si tiene capítulos, cuántos tiene y cuántas páginas tiene cada capítulo, ya que mi meta antes de empezar a leer es dejarlo en el punto final de algún capítulo.
- Sí, en este caso, teniendo en cuenta que un viaje en taxi es corto, podrías haber empezado por el final..., del libro, digo.
- El asunto es que me agarraron como 5 semáforos, y no los soporto. En cada uno de ellos siempre, e impulsivamente, suelo agarrar mi celular y empiezo a modificar boludeces, como la configuración de la pantalla y mando mensajes de texto a cualquiera, no sé, no me puedo quedar quieto.
- Pero se te gasta la batería más rápido de ese modo y es un lío después esperar a que cargue. ¿No lo pensaste así?
- En un momento, tomamos la avenida Santa Fe, grave error. No avanzaba. Yo rezaba para que apareciera una ambulancia y apurara a todos los autos. Me sentí mal por pensarlo, ya que seguramente, quien se encuentra dentro de una ambulancia, es porque está agonizando y yo deseando que apareciera sólo para que se acelere el tránsito.
- ¿Y entonces? ¿resumiendo?
- Lo increíble es que la ambulancia apareció, y le dije al chofer que se ponga atrás de ella así pasaba a todos los autos. Una vez que la ambulancia pasó a todos, apagó la sirena. Ahí me quedó una duda: ¿Se recuperó el enfermo o por el contrario murió y ya no hubo más nada que hacer?
- Mientras te escuchaba relatar esto, se me ocurrió que tal vez, para acelerar el tratamiento, podría derivarte a una profesional de mi confianza para que te medique.
- ¿Y todo para qué? Para finalmente llegar acá puntual y que usted me deje esperando.
- Es que me retrasé con mi paciente de las 8:50.
- Pero licenciada, yo soy el paciente de las 8:50!
- ¿Y entonces a quién atendí?
Antes de entrar al consultorio me preguntó si había visto al fumigador que en teoría tendría que haber llegado bien temprano para desinsectizar las alacenas de su cocina, a lo que le respondí que no, que no había visto a nadie. De esta manera, comencé la sesión un poco fastidioso ya que no me gusta que me hagan esperar tanto.
- ¿Cómo estás hoy, llegaste bien? -me preguntó-.
- Salí de mi casa y me irritó que el ascensor no esté en mi piso.
- Bueno, ¿y...?
- Después decidí venir en taxi, porque no tenía nafta en el auto. Las estaciones de servicio últimamente están llenas de autos haciendo cola y no tengo paciencia de esperar. Además no quería retrasarme.
- ¿Y qué más?
- En el taxi, para no aburrirme, intenté leer un libro nuevo que me compré. Lo abrí, pero como siempre, antes de empezar un libro, cuento cuántas páginas tiene, también me fijo si tiene capítulos, cuántos tiene y cuántas páginas tiene cada capítulo, ya que mi meta antes de empezar a leer es dejarlo en el punto final de algún capítulo.
- Sí, en este caso, teniendo en cuenta que un viaje en taxi es corto, podrías haber empezado por el final..., del libro, digo.
- El asunto es que me agarraron como 5 semáforos, y no los soporto. En cada uno de ellos siempre, e impulsivamente, suelo agarrar mi celular y empiezo a modificar boludeces, como la configuración de la pantalla y mando mensajes de texto a cualquiera, no sé, no me puedo quedar quieto.
- Pero se te gasta la batería más rápido de ese modo y es un lío después esperar a que cargue. ¿No lo pensaste así?
- En un momento, tomamos la avenida Santa Fe, grave error. No avanzaba. Yo rezaba para que apareciera una ambulancia y apurara a todos los autos. Me sentí mal por pensarlo, ya que seguramente, quien se encuentra dentro de una ambulancia, es porque está agonizando y yo deseando que apareciera sólo para que se acelere el tránsito.
- ¿Y entonces? ¿resumiendo?
- Lo increíble es que la ambulancia apareció, y le dije al chofer que se ponga atrás de ella así pasaba a todos los autos. Una vez que la ambulancia pasó a todos, apagó la sirena. Ahí me quedó una duda: ¿Se recuperó el enfermo o por el contrario murió y ya no hubo más nada que hacer?
- Mientras te escuchaba relatar esto, se me ocurrió que tal vez, para acelerar el tratamiento, podría derivarte a una profesional de mi confianza para que te medique.
- ¿Y todo para qué? Para finalmente llegar acá puntual y que usted me deje esperando.
- Es que me retrasé con mi paciente de las 8:50.
- Pero licenciada, yo soy el paciente de las 8:50!
- ¿Y entonces a quién atendí?
jueves 23 de octubre de 2008
Sesión 22: "Sentirse en deuda"
Me dio gusto volver a verla. Sin embargo, no podía evitar sentir que ella lo sabía todo. Aunque pensándolo en frío, ella no tendría porqué saberlo. Hay miles de psicólogos en la ciudad y no creo que se estén comunicando todos entre si cada vez que uno tiene una nueva presa o un paciente nuevo. Tal vez, haya quedado un poco perseguido por la consulta con el gestáltico, pero de todas formas, yo no se lo iba a decir; y ocultar, no es mentir.
- ¿Cómo estuviste estos días? -me preguntó de la misma manera monocorde como la mayoría de las veces-.
- Bien, mal, digo, maso, no sé. En realidad, bien... pero tampoco una cosa de locos, ni estoy curado, tampoco voy a dejar de venir acá, quédese tranquila.
No sé qué pasó por mi cabeza para responder una cosa semejante. A decir verdad, no sabía qué decir para no levantar sospechas sobre mi infidelidad hacia ella. Pero por otro lado, una consulta aislada tampoco me iba a curar, así que ella podría quedarse tranquila de que no la iba a dejar. Tampoco sé porqué pienso tantas conjeturas si ella no sabe nada y no tendría porqué saberlo.
- ¿Te pasa algo? -me preguntó como sospechando por mi respuesta ambivalente-.
- No, sólo que me siento en deuda. -no sé porqué dije esa idiotez, pero mi mente no estaba pudiendo dominar a mis palabras, ni a la situación-.
Ahora iba a tener que sostener y justificar lo que había dicho y entonces continué:
- Fui a una gomería porque tenía un clavo en el neumático. El gomero sacó el clavo pero el neumático no perdía aire, por lo que me dijo que no llegó a pincharse. Yo le pregunté sorprendido y hasta desilusionado: "¿Qué? ¿no tiene nada?". Y el me contestó que "No", que me vaya tranquilo. Y entonces me sentí en deuda con él, porque yo lo había hecho trabajar; ya que se agachó, sacó el clavo, fue sincero y me dejó ir. No sé, quería pedirle que me ponga el parche igual aunque no tuviera nada, pero él se negó ya que me dijo que no hacía falta.
- Y claro, ¿cómo te iba a poner el parche, o cobrar, si no tenía nada el neumático? El hombre fue amable y desinteresado, aceptá que hay gente así también, es muy bueno eso.
- Pero no es sólo eso. Si le pregunto una calle a un canillita me siento obligado a comprarle un diario; si entro a un bar para pedir el baño, siento que sí o sí voy a tener que tomar un café; si le pregunto a un kiosquero dónde queda la parada de tal colectivo, me siento en deuda y entonces le compro unos chicles o una barrita de cereal, pagando con monedas, claro, ya que no quiero sentirme en deuda, ni deber favores.
- Entiendo, debe ser complicado vivir así. No toda la gente pide algo a cambio, también hay personas buenas en el mundo. Bueno, por hoy suficiente, ya se cumplió el tiempo de la sesión. Lo dejamos acá.
- Disculpe licenciada, ¿Qué hora es?
- Son las 9.29 hs.
- Gracias.
- No me agradezcas. Son 10 pesos.
- ¿Cómo estuviste estos días? -me preguntó de la misma manera monocorde como la mayoría de las veces-.
- Bien, mal, digo, maso, no sé. En realidad, bien... pero tampoco una cosa de locos, ni estoy curado, tampoco voy a dejar de venir acá, quédese tranquila.
No sé qué pasó por mi cabeza para responder una cosa semejante. A decir verdad, no sabía qué decir para no levantar sospechas sobre mi infidelidad hacia ella. Pero por otro lado, una consulta aislada tampoco me iba a curar, así que ella podría quedarse tranquila de que no la iba a dejar. Tampoco sé porqué pienso tantas conjeturas si ella no sabe nada y no tendría porqué saberlo.
- ¿Te pasa algo? -me preguntó como sospechando por mi respuesta ambivalente-.
- No, sólo que me siento en deuda. -no sé porqué dije esa idiotez, pero mi mente no estaba pudiendo dominar a mis palabras, ni a la situación-.
Ahora iba a tener que sostener y justificar lo que había dicho y entonces continué:
- Fui a una gomería porque tenía un clavo en el neumático. El gomero sacó el clavo pero el neumático no perdía aire, por lo que me dijo que no llegó a pincharse. Yo le pregunté sorprendido y hasta desilusionado: "¿Qué? ¿no tiene nada?". Y el me contestó que "No", que me vaya tranquilo. Y entonces me sentí en deuda con él, porque yo lo había hecho trabajar; ya que se agachó, sacó el clavo, fue sincero y me dejó ir. No sé, quería pedirle que me ponga el parche igual aunque no tuviera nada, pero él se negó ya que me dijo que no hacía falta.
- Y claro, ¿cómo te iba a poner el parche, o cobrar, si no tenía nada el neumático? El hombre fue amable y desinteresado, aceptá que hay gente así también, es muy bueno eso.
- Pero no es sólo eso. Si le pregunto una calle a un canillita me siento obligado a comprarle un diario; si entro a un bar para pedir el baño, siento que sí o sí voy a tener que tomar un café; si le pregunto a un kiosquero dónde queda la parada de tal colectivo, me siento en deuda y entonces le compro unos chicles o una barrita de cereal, pagando con monedas, claro, ya que no quiero sentirme en deuda, ni deber favores.
- Entiendo, debe ser complicado vivir así. No toda la gente pide algo a cambio, también hay personas buenas en el mundo. Bueno, por hoy suficiente, ya se cumplió el tiempo de la sesión. Lo dejamos acá.
- Disculpe licenciada, ¿Qué hora es?
- Son las 9.29 hs.
- Gracias.
- No me agradezcas. Son 10 pesos.
miércoles 22 de octubre de 2008
Sesión 21: "La consulta gestáltica"
Ante la imposibilidad de dejarla, decidí recurrir paralelamente a otro psicólogo con otra orientación y enfoque: un psicólogo gestáltico. Una terapia más ligada a la acción, al cuerpo, a buscar soluciones prácticas, más que limitarme a entender o a desahogarme.
Admito que este sub-mundo de la terapia me está asustando un poco. En definitiva lo que yo hago es contarle mis intimidades a un desconocido que pasa a saber todo de mí y yo nada de él. ¿Y si es un loco? ¿Y si me extorsiona o me amenaza? Al estilo de: dame 10 mil pesos o le cuento a (...) que (...), mirá que te grabé...
Este terapeuta me cobra 90 pesos la sesión. Creo que está bien, mis problemas valen más o menos eso, y que por 90 pesos él va a poner empeño en escucharme y en recordar de sesión a sesión cómo me llamo. Es un hombre que debe tener entre 39 y 41 años, no sé bien del lado de qué década está. El consultorio tiene un aire alternativo y relajado, algunas colchonetas, paredes naranjas y un dejo de olor a pata mezclado con Glade® "bosque de pinos", ya que es requisito descalzarse antes de pisar la alfombra y sentarse en la colchoneta o en el puf.
En esta primera consulta, dediqué gran parte del tiempo a presentarme, contarle mis miedos e inseguridades. Además, le comenté que yo hacía una terapia con una licenciada, pero que no sabía cómo dejarla para no herirla, ya que estaba muy compenetrado con su vida.
- ...estoy haciendo un tratamiento con una psicóloga, sin embargo, siento que tengo muchos problemas que no puedo resolver -le dije en los albores de la sesión-.
- ¿Le contaste a tu psicóloga?
- Mi psicóloga es el problema.
- ¿Perdón?
- Sí, no sé cómo dejarla y ahora que estoy acá, encima, me siento infiel.
- Supongo que habrá otros problemas también, motivo por el cual habrás empezado a tratarte. ¿Qué te dice ella al respecto?
- Que tengo razón, en estar mal.
- El asunto no pasa por tener razón, sino por vivir en paz con uno mismo. Este tipo de terapia, está basada en la acción, en el cuerpo, en buscar soluciones prácticas y rápidas, sin tanta vuelta que no conduce a nada. Para empezar, ¿te gusta cómo sos?
- A veces sufro por cómo soy.
- Bueno, es simple, cambiá entonces!
Claro, cómo no se me ocurrió antes! -pensé entusiasmado-. Con respecto a la acción, me puse las zapatillas y me fui. Ahora veo otro horizonte, sólo es cuestión de cambiar.
Admito que este sub-mundo de la terapia me está asustando un poco. En definitiva lo que yo hago es contarle mis intimidades a un desconocido que pasa a saber todo de mí y yo nada de él. ¿Y si es un loco? ¿Y si me extorsiona o me amenaza? Al estilo de: dame 10 mil pesos o le cuento a (...) que (...), mirá que te grabé...
Este terapeuta me cobra 90 pesos la sesión. Creo que está bien, mis problemas valen más o menos eso, y que por 90 pesos él va a poner empeño en escucharme y en recordar de sesión a sesión cómo me llamo. Es un hombre que debe tener entre 39 y 41 años, no sé bien del lado de qué década está. El consultorio tiene un aire alternativo y relajado, algunas colchonetas, paredes naranjas y un dejo de olor a pata mezclado con Glade® "bosque de pinos", ya que es requisito descalzarse antes de pisar la alfombra y sentarse en la colchoneta o en el puf.
En esta primera consulta, dediqué gran parte del tiempo a presentarme, contarle mis miedos e inseguridades. Además, le comenté que yo hacía una terapia con una licenciada, pero que no sabía cómo dejarla para no herirla, ya que estaba muy compenetrado con su vida.
- ...estoy haciendo un tratamiento con una psicóloga, sin embargo, siento que tengo muchos problemas que no puedo resolver -le dije en los albores de la sesión-.
- ¿Le contaste a tu psicóloga?
- Mi psicóloga es el problema.
- ¿Perdón?
- Sí, no sé cómo dejarla y ahora que estoy acá, encima, me siento infiel.
- Supongo que habrá otros problemas también, motivo por el cual habrás empezado a tratarte. ¿Qué te dice ella al respecto?
- Que tengo razón, en estar mal.
- El asunto no pasa por tener razón, sino por vivir en paz con uno mismo. Este tipo de terapia, está basada en la acción, en el cuerpo, en buscar soluciones prácticas y rápidas, sin tanta vuelta que no conduce a nada. Para empezar, ¿te gusta cómo sos?
- A veces sufro por cómo soy.
- Bueno, es simple, cambiá entonces!
Claro, cómo no se me ocurrió antes! -pensé entusiasmado-. Con respecto a la acción, me puse las zapatillas y me fui. Ahora veo otro horizonte, sólo es cuestión de cambiar.
martes 21 de octubre de 2008
Sesión 20: "Futuros recuerdos"
Como hacía un tiempo que no me pasaba, al llegar al hall me dejó esperando con una canción que me trajo recuerdos y una reflexión: Las canciones son como fotografías, te traen imágenes y sensaciones perfectas de experiencias ya vividas. La sesión de hoy fue un laberinto que giró en torno al concepto de tiempo.
- No lo sé, creo que sí, pero yo disfruto el presente cuando se transforma en pasado, en recuerdo -esa fue mi respuesta a la pregunta sobre si disfruté el fin de semana-.
- Esa es una característica que ilustra un tipo de personalidad, denota a alguien que valora lo que tiene cuando lo pierde. Y, si esto es así, esta va a ser nuestra última sesión.
- Yo soy de los que piensan que todo tiempo pasado fue mejor. El pasado tiene una belleza especial, codiciada, similar a una pieza de museo. El pasado tiene certeza porque no se puede modificar, es quieto, calmo. Es una imagen petrificada a la que se puede recurrir y visitar en cualquier momento y así, el pasado se vuelve cálido, inofensivo y hasta tierno.
- Tenés que ser feliz en el presente, que es lo único que tenés. El pasado ya pasó y el futuro no existe.
- El presente tampoco existe, cuando me quiero dar cuenta ya pasó, es un instante que se escurre en el sólo hecho de querer nombrarlo. La vida es 99.9% de recuerdos pasados y 0.1% de efímero instante presente. Todos son futuros recuerdos. Recién me doy cuenta de cómo la pasé en el presente cuando pasa a formar parte de mi historia. Yo no siento el "soy feliz", pero en un año voy a mirar a la distancia este momento y seguramente voy a sentir el "fui feliz", cuando todo se vuelva cálido, seguro y conocido, frente a un futuro que me puede resultar amenzanante, agresivo e incierto. El futuro me preocupa.
- Yo podría decir eso, que trabajo de psicóloga por obra social y me cuesta mantener y darles un buen pasar a mis hijos.
- ¿Ud. tiene hijos?
- No, pero para cuando los tenga.
- No se preocupe por el futuro licenciada, todavía no llegó.
- No lo sé, creo que sí, pero yo disfruto el presente cuando se transforma en pasado, en recuerdo -esa fue mi respuesta a la pregunta sobre si disfruté el fin de semana-.
- Esa es una característica que ilustra un tipo de personalidad, denota a alguien que valora lo que tiene cuando lo pierde. Y, si esto es así, esta va a ser nuestra última sesión.
- Yo soy de los que piensan que todo tiempo pasado fue mejor. El pasado tiene una belleza especial, codiciada, similar a una pieza de museo. El pasado tiene certeza porque no se puede modificar, es quieto, calmo. Es una imagen petrificada a la que se puede recurrir y visitar en cualquier momento y así, el pasado se vuelve cálido, inofensivo y hasta tierno.
- Tenés que ser feliz en el presente, que es lo único que tenés. El pasado ya pasó y el futuro no existe.
- El presente tampoco existe, cuando me quiero dar cuenta ya pasó, es un instante que se escurre en el sólo hecho de querer nombrarlo. La vida es 99.9% de recuerdos pasados y 0.1% de efímero instante presente. Todos son futuros recuerdos. Recién me doy cuenta de cómo la pasé en el presente cuando pasa a formar parte de mi historia. Yo no siento el "soy feliz", pero en un año voy a mirar a la distancia este momento y seguramente voy a sentir el "fui feliz", cuando todo se vuelva cálido, seguro y conocido, frente a un futuro que me puede resultar amenzanante, agresivo e incierto. El futuro me preocupa.
- Yo podría decir eso, que trabajo de psicóloga por obra social y me cuesta mantener y darles un buen pasar a mis hijos.
- ¿Ud. tiene hijos?
- No, pero para cuando los tenga.
- No se preocupe por el futuro licenciada, todavía no llegó.
jueves 16 de octubre de 2008
Sesión 19: "Lágrimas"
A veces me parece ridículo seguir atendiéndome con esta profesional, pero de alguna manera me siento mejor y eso sumado a otros problemas psicológicos que debo tener -y desconocer- no me permito dejarla.
Quizás porque a veces se inspira y rescato con mi red algunas frases interesantes. Quizás porque me logro escuchar mientras hablo y eso estimula mi pensar. Quizás porque encontré un sentido reescribiendo estas sesiones en este espacio virtual de ex-presión. Quizás porque me doy cuenta que no estoy tan mal o que hay gente que está peor que yo. Aunque esa última idea no me gusta, ya que prefiero sentirme bien sin mirar a los costados, por mí mismo, y no por el contraste de la comparación.
Quizás esta fue una de las sesiones que más me conmovió. Quizás la recuerde como "tal vez".
- Tengo que rehacer mi vida... y mi problema es que me está costando -le dije, en sintonía con la temática de la sesión anterior-.
- No. No es que no la podés rehacer, nunca la hiciste siquiera. Para rehacerla primero hay que hacerla y desde que naciste que no la pudiste hacer.
- Siento que tengo angustia crónica y eso me bloquea.
- Si tenés angustia llorá. El cuerpo humano es muy sabio, porque tiene sus propias defensas enfocadas en vencer lo que le hace mal. Tiene a los glóbulos blancos para luchar contra los virus y las enfermedades; plaquetas para cicatrizar heridas; piel de gallina como reacción protectora ante el frío; estornudos para expulsar residuos del aire; y el llanto, las lágrimas para calmar, curar y descargar la angustia. ¿Nunca te lo pusiste a pensar? Hay que entender a las lágrimas como anticuerpo destinado a eliminar la angustia, como inmunidad.
- Entiendo, y es muy emocionante lo que dice y la forma en que lo dice.
- Cuando uno se angustia es normal que llore y hay que dejarlo salir, no taparlo. Es inevitable, sobre todo si uno está sufriendo mucho.
- Tiene razón. Disculpe licenciada, estoy conmovido. ¿Tiene carilinas o algo así?
- No...
- Bueno, le doy las mías para que se seque las lágrimas. Si quiere le hablo de algo lindo...
Quizás porque a veces se inspira y rescato con mi red algunas frases interesantes. Quizás porque me logro escuchar mientras hablo y eso estimula mi pensar. Quizás porque encontré un sentido reescribiendo estas sesiones en este espacio virtual de ex-presión. Quizás porque me doy cuenta que no estoy tan mal o que hay gente que está peor que yo. Aunque esa última idea no me gusta, ya que prefiero sentirme bien sin mirar a los costados, por mí mismo, y no por el contraste de la comparación.
Quizás esta fue una de las sesiones que más me conmovió. Quizás la recuerde como "tal vez".
- Tengo que rehacer mi vida... y mi problema es que me está costando -le dije, en sintonía con la temática de la sesión anterior-.
- No. No es que no la podés rehacer, nunca la hiciste siquiera. Para rehacerla primero hay que hacerla y desde que naciste que no la pudiste hacer.
- Siento que tengo angustia crónica y eso me bloquea.
- Si tenés angustia llorá. El cuerpo humano es muy sabio, porque tiene sus propias defensas enfocadas en vencer lo que le hace mal. Tiene a los glóbulos blancos para luchar contra los virus y las enfermedades; plaquetas para cicatrizar heridas; piel de gallina como reacción protectora ante el frío; estornudos para expulsar residuos del aire; y el llanto, las lágrimas para calmar, curar y descargar la angustia. ¿Nunca te lo pusiste a pensar? Hay que entender a las lágrimas como anticuerpo destinado a eliminar la angustia, como inmunidad.
- Entiendo, y es muy emocionante lo que dice y la forma en que lo dice.
- Cuando uno se angustia es normal que llore y hay que dejarlo salir, no taparlo. Es inevitable, sobre todo si uno está sufriendo mucho.
- Tiene razón. Disculpe licenciada, estoy conmovido. ¿Tiene carilinas o algo así?
- No...
- Bueno, le doy las mías para que se seque las lágrimas. Si quiere le hablo de algo lindo...
martes 14 de octubre de 2008
Sesión 18: "Todo se supera"
Desde el miércoles que no la veía, ya que la psicóloga se tomó el fin de semana largo. Estos días estuve pensativo, deprimido, algo revuelto y movilizado. La lluvia y los días grises trajeron consigo no sólo agua, también recuerdos. Recuerdos de mi ex, ganas de estar con ella viendo una película en la cama y tomando helado. De hecho, la película la vi, pero el helado lo descarté, ya que no me gustaba la imagen de tomarlo solo, y además, me estoy cuidando.
Durante 30 minutos le conté a la psicóloga detalles de la relación, como así también, mis miedos e incertidumbres sobre cómo superar esta etapa de separación.
- Siento que es imposible olvidar a una persona con la que uno compartió tantas cosas, tantos códigos, tanta vida. Es parte de mí y por eso siento que de a poco se va muriendo una parte mía. Todavía no me entra en la cabeza haber terminado, fueron muchos años ¿Cómo se hace para estar bien?
- Por empezar, pensá así: ¿Por qué todo tiene que ser eterno? La vida son etapas y cada etapa es una vida en si misma. Suma de momentos, que empiezan y terminan, que no se miden por su duración sino por su intensidad, y vos por suerte lo viviste, y por suerte fue importante.
- Qué interesante, ¿eso lo dice Freud?
- No, sentido común.
- Pero yo necesito una esperanza, un referente. Sé que no debo ser el único ser en la historia de la humanidad en pasar por una situación así. Sé incluso que hay gente que se casa y se separa después de veinte años... y con hijos..., y sobreviven. Pero en estos momentos me siento el único, siento que nadie se puede poner en mi lugar y comprenderme. ¿Ud. conoce a alguien que haya vivido una experiencia similar y que la haya podido sobrellevar?
- Sí, por supuesto que se puede salir adelante. No es ético que te comente sobre mi vida privada, pero para que te sirva de consuelo y de ejemplo, voy a hacer una excepción. Yo he tenido una separación luego de varios años de intenso noviazgo, pensé que nunca me iba a sobreponer y ahora estoy muy bien. Al principio fue difícil, pero creeme que con el tiempo todo se supera. El tiempo cura todo.
- Yo creo que el tiempo no cura, anestesia.
- El tiempo por sí solo no hace nada. Todo depende de vos, qué hagas vos con el tiempo y en el tiempo. Te recomiendo que mires para adelante y concentres tus energías en hacer lo que te gusta, que salgas, te diviertas, disfrutes de las cosas lindas que te da la vida. El tema es salir a distraerse, no quedarse encerrado pensando. Yo ahora, por ejemplo, estoy muy bien... yo salgo, voy al cine, al teatro, a cenar afuera.
- Sí, puede ser. Me alegra saber que hay solución. Antes de irme la quiero saludar y felicitar por el "día del psicólogo" que fue ayer. Sé que es una fecha anecdótica, pero nunca está de más saludar, así que, Muy Feliz Día!
- Gracias, pero la verdad, me irrita muchísimo que exista el día del psicólogo, y no me gusta que me saluden por esa ocasión. De todas formas, la intención vale.
- Con respecto a lo anterior me quedé pensando: ya que para olvidarme de mi ex novia debo salir a distraerme, tengo que pensar quién podría acompañarme, ya que es medio angustiante en estas instancias ir solo al cine o al teatro. ¿Ud. va sola?
- No, no. Con mi ex.
Durante 30 minutos le conté a la psicóloga detalles de la relación, como así también, mis miedos e incertidumbres sobre cómo superar esta etapa de separación.
- Siento que es imposible olvidar a una persona con la que uno compartió tantas cosas, tantos códigos, tanta vida. Es parte de mí y por eso siento que de a poco se va muriendo una parte mía. Todavía no me entra en la cabeza haber terminado, fueron muchos años ¿Cómo se hace para estar bien?
- Por empezar, pensá así: ¿Por qué todo tiene que ser eterno? La vida son etapas y cada etapa es una vida en si misma. Suma de momentos, que empiezan y terminan, que no se miden por su duración sino por su intensidad, y vos por suerte lo viviste, y por suerte fue importante.
- Qué interesante, ¿eso lo dice Freud?
- No, sentido común.
- Pero yo necesito una esperanza, un referente. Sé que no debo ser el único ser en la historia de la humanidad en pasar por una situación así. Sé incluso que hay gente que se casa y se separa después de veinte años... y con hijos..., y sobreviven. Pero en estos momentos me siento el único, siento que nadie se puede poner en mi lugar y comprenderme. ¿Ud. conoce a alguien que haya vivido una experiencia similar y que la haya podido sobrellevar?
- Sí, por supuesto que se puede salir adelante. No es ético que te comente sobre mi vida privada, pero para que te sirva de consuelo y de ejemplo, voy a hacer una excepción. Yo he tenido una separación luego de varios años de intenso noviazgo, pensé que nunca me iba a sobreponer y ahora estoy muy bien. Al principio fue difícil, pero creeme que con el tiempo todo se supera. El tiempo cura todo.
- Yo creo que el tiempo no cura, anestesia.
- El tiempo por sí solo no hace nada. Todo depende de vos, qué hagas vos con el tiempo y en el tiempo. Te recomiendo que mires para adelante y concentres tus energías en hacer lo que te gusta, que salgas, te diviertas, disfrutes de las cosas lindas que te da la vida. El tema es salir a distraerse, no quedarse encerrado pensando. Yo ahora, por ejemplo, estoy muy bien... yo salgo, voy al cine, al teatro, a cenar afuera.
- Sí, puede ser. Me alegra saber que hay solución. Antes de irme la quiero saludar y felicitar por el "día del psicólogo" que fue ayer. Sé que es una fecha anecdótica, pero nunca está de más saludar, así que, Muy Feliz Día!
- Gracias, pero la verdad, me irrita muchísimo que exista el día del psicólogo, y no me gusta que me saluden por esa ocasión. De todas formas, la intención vale.
- Con respecto a lo anterior me quedé pensando: ya que para olvidarme de mi ex novia debo salir a distraerme, tengo que pensar quién podría acompañarme, ya que es medio angustiante en estas instancias ir solo al cine o al teatro. ¿Ud. va sola?
- No, no. Con mi ex.
miércoles 8 de octubre de 2008
Sesión 17: "indecisiones"
- "No sé. Dudo. Antes de tomar cualquier mínima decision, como doblar en una calle, se me cruza por la mente toda mi vida en un segundo. Desde mi nacimiento, pasando por mi infancia, mi adolescencia, mi camino a la adultez, mis traumas, conflictos, logros y asignaturas pendientes. Todo eso se me pasa por el interior de mi retina en esa única e intrascendente decisión de doblar en una calle...
Pero eso no es todo: No sé hasta dónde servir la bebida cuando alguien me pide que le sirva en su vaso. Sobre todo si la persona nunca me dice: hasta ahí...
Tampoco sé saludar con un beso en la mejilla. Porque pienso: ¿En qué mejilla es? Entre tanto dudar tengo miedo de darle un pico en la boca. Porque hay gente que al saludarte te apunta a la otra mejilla, no a la tradicional, y luego te hace una gambeta y te cambia el ángulo de saludo...
Y hay más: soy indeciso en la vereda cuando alguien viene caminando de frente y hacia mí, ya que no sé para qué lado correrme...
Y en el supermercado, hay dios mío..., me quedo mirando la góndola como si fuera una galería de arte y no me puedo decidir. Cualquier persona que me viera desde afuera pensaría que trato de leer algún mensaje oculto que hay que descifrar. Lo peor es que agarro por ejemplo unas papas fritas Lays, sigo con el changuito dando vueltas y vueltas, me pierdo, luego aparezco nuevamente frente a la góndola de papas fritas Lays y las dejo. Y hasta me cuesta eligir entre el mismo producto, porque pienso que el paquete que agarré es peor que el que no agarré, por más que sean todos iguales. Cuando estoy en la góndola de los desodorantes, nunca agarro los de la primera fila porque pienso que son los más probados. Con los panes Fargo, comparo la fecha de vencimiento y elijo el que venza más tarde. Y busco y busco, porque siempre va a haber alguno que tire un día más. Lo mismo cuando voy a un Esso shop a comprar empanadas, agarro las de atrás que son las últimas que cocinaron...
Por otro lado, me siento un idiota cuando quiero enchufar un enchufe de patitas inclinadas, porque siempre lo trato de encajar al revés. Y hablando de conexiones, tampoco sé en qué momento ir a hablarle a una chica que me gusta, y si ésta me dice que tiene novio, me consuelo, pienso que eso no significa que yo no le gusté, sino todo lo contrario, se muere de ganas de estar conmigo, pero ella es una chica fiel y yo lo respeto...
También me cuesta decidir si me conviene o no seguir haciendo terapia. Pienso que como no es una ciencia exacta, cada profesional me diría algo distinto y entonces pienso que hay tantos caminos posibles como terapeutas. Me pregunto qué pasaría si yo fuera a otro, ¿qué me diría?".
- Te diría que no dudes tanto, que sigas por el camino en el que estás. Creo. Me hiciste dudar -me respondió la psicóloga-.
- Licenciada, disculpe, pero me tengo que ir antes hoy, está por vencer un pan Fargo.
- No hay problema. Bajá por la escalera que el ascensor no anda bien, a veces se queda trabado en el primero.
- Qué suerte, gracias por simplificar mi vida.
Pero eso no es todo: No sé hasta dónde servir la bebida cuando alguien me pide que le sirva en su vaso. Sobre todo si la persona nunca me dice: hasta ahí...
Tampoco sé saludar con un beso en la mejilla. Porque pienso: ¿En qué mejilla es? Entre tanto dudar tengo miedo de darle un pico en la boca. Porque hay gente que al saludarte te apunta a la otra mejilla, no a la tradicional, y luego te hace una gambeta y te cambia el ángulo de saludo...
Y hay más: soy indeciso en la vereda cuando alguien viene caminando de frente y hacia mí, ya que no sé para qué lado correrme...
Y en el supermercado, hay dios mío..., me quedo mirando la góndola como si fuera una galería de arte y no me puedo decidir. Cualquier persona que me viera desde afuera pensaría que trato de leer algún mensaje oculto que hay que descifrar. Lo peor es que agarro por ejemplo unas papas fritas Lays, sigo con el changuito dando vueltas y vueltas, me pierdo, luego aparezco nuevamente frente a la góndola de papas fritas Lays y las dejo. Y hasta me cuesta eligir entre el mismo producto, porque pienso que el paquete que agarré es peor que el que no agarré, por más que sean todos iguales. Cuando estoy en la góndola de los desodorantes, nunca agarro los de la primera fila porque pienso que son los más probados. Con los panes Fargo, comparo la fecha de vencimiento y elijo el que venza más tarde. Y busco y busco, porque siempre va a haber alguno que tire un día más. Lo mismo cuando voy a un Esso shop a comprar empanadas, agarro las de atrás que son las últimas que cocinaron...
Por otro lado, me siento un idiota cuando quiero enchufar un enchufe de patitas inclinadas, porque siempre lo trato de encajar al revés. Y hablando de conexiones, tampoco sé en qué momento ir a hablarle a una chica que me gusta, y si ésta me dice que tiene novio, me consuelo, pienso que eso no significa que yo no le gusté, sino todo lo contrario, se muere de ganas de estar conmigo, pero ella es una chica fiel y yo lo respeto...
También me cuesta decidir si me conviene o no seguir haciendo terapia. Pienso que como no es una ciencia exacta, cada profesional me diría algo distinto y entonces pienso que hay tantos caminos posibles como terapeutas. Me pregunto qué pasaría si yo fuera a otro, ¿qué me diría?".
- Te diría que no dudes tanto, que sigas por el camino en el que estás. Creo. Me hiciste dudar -me respondió la psicóloga-.
- Licenciada, disculpe, pero me tengo que ir antes hoy, está por vencer un pan Fargo.
- No hay problema. Bajá por la escalera que el ascensor no anda bien, a veces se queda trabado en el primero.
- Qué suerte, gracias por simplificar mi vida.
lunes 6 de octubre de 2008
Sesión 16: "El centro de mesa"
Todavía no me decido a dejarla. La última sesión la vi mejor, parecía distinta, y quizás ella haya podido cambiar. Eso me pone bien.
Quise empezar remarcando ese problema trascendental del que vengo hablando desde la primera sesión. Ese tema íntimo, que me viene atormentando, que no me permite sentirme libre, concentrarme en mis objetivos y disfrutar.
Esa preocupación por la cual, hasta el momento, no había tenido ningún tipo de apoyo, respuesta, ni ayuda por parte de mi terapeuta, quien sólo se ocupó de eludirla y postergarla.
Hoy, por momentos, pudimos profundizar algo y llegar a cierto nivel de comprensión. Aunque, como de costumbre, caímos en ciertos desfasajes y cortocircuitos en nuestra comunicación.
- Le vuelvo a insistir que me desespera y me pone nervioso cuando un "centro de mesa", cualquiera sea, no está en el centro de la mesa -le dije secamente, dando inicio a la sesión-.
- Eso te pasa por que en tu vida no querés o no podés elegir. Mientras el centro de mesa está en el centro, reina la calma. De ese modo evitás jugarte, evitás decidir. Ni a la derecha, ni a la izquierda. Perfecto, no hay conflicto, está todo en orden, en armonía, en equilibrio. Tenés que soportar que las cosas no son simétricas, perfectas y tenés que animarte a elegir.
- Yo elijo mi vida. Elijo siempre. Elijo no elegir.
- Tenés que elegir elegir.
- No, porque elegir, también es rechazar. Y yo quiero el oro y el moro; el pan y la torta; la chancha y los veinte; pájaro en mano y además, cien volando.
- Hay que poder elegir, porque elegir es decidir. Y la vida está hecha de decisiones. ¿No creés que es así?
- No sé.
- Para la próxima sesión pensá sobre qué cosas te cuesta decidir, así vamos profundizando sobre este tema. ¿Lo podrás hacer?
- Sí... no, no sé.
- Así no se puede trabajar. Mínimamente hay que tener una noción de algo. Saber dónde uno está parado. Para decidir, hay que registrar el entorno, conocerlo y aceptar que uno se puede equivocar. ¿Está bien Ariel?
- ¿Cómo Ariel, Doctora? Ya hace un mes que vengo, tres veces por semana y Ud. me sigue llamando Ariel! Es de no creer esto. ¿De qué entorno me habla si ni siquiera registra cómo me llamo?
- Vos me seguís diciendo "Doctora", cuando yo no soy Doctora, soy Licenciada.
- Bueno, le digo “Doctora” de manera amable, porque en jerarquía suena mejor, es más lindo que "Licenciada".
- Y "Ariel" es un nombre más lindo que "Andrés". Lo dejamos acá.
Quise empezar remarcando ese problema trascendental del que vengo hablando desde la primera sesión. Ese tema íntimo, que me viene atormentando, que no me permite sentirme libre, concentrarme en mis objetivos y disfrutar.
Esa preocupación por la cual, hasta el momento, no había tenido ningún tipo de apoyo, respuesta, ni ayuda por parte de mi terapeuta, quien sólo se ocupó de eludirla y postergarla.
Hoy, por momentos, pudimos profundizar algo y llegar a cierto nivel de comprensión. Aunque, como de costumbre, caímos en ciertos desfasajes y cortocircuitos en nuestra comunicación.
- Le vuelvo a insistir que me desespera y me pone nervioso cuando un "centro de mesa", cualquiera sea, no está en el centro de la mesa -le dije secamente, dando inicio a la sesión-.
- Eso te pasa por que en tu vida no querés o no podés elegir. Mientras el centro de mesa está en el centro, reina la calma. De ese modo evitás jugarte, evitás decidir. Ni a la derecha, ni a la izquierda. Perfecto, no hay conflicto, está todo en orden, en armonía, en equilibrio. Tenés que soportar que las cosas no son simétricas, perfectas y tenés que animarte a elegir.
- Yo elijo mi vida. Elijo siempre. Elijo no elegir.
- Tenés que elegir elegir.
- No, porque elegir, también es rechazar. Y yo quiero el oro y el moro; el pan y la torta; la chancha y los veinte; pájaro en mano y además, cien volando.
- Hay que poder elegir, porque elegir es decidir. Y la vida está hecha de decisiones. ¿No creés que es así?
- No sé.
- Para la próxima sesión pensá sobre qué cosas te cuesta decidir, así vamos profundizando sobre este tema. ¿Lo podrás hacer?
- Sí... no, no sé.
- Así no se puede trabajar. Mínimamente hay que tener una noción de algo. Saber dónde uno está parado. Para decidir, hay que registrar el entorno, conocerlo y aceptar que uno se puede equivocar. ¿Está bien Ariel?
- ¿Cómo Ariel, Doctora? Ya hace un mes que vengo, tres veces por semana y Ud. me sigue llamando Ariel! Es de no creer esto. ¿De qué entorno me habla si ni siquiera registra cómo me llamo?
- Vos me seguís diciendo "Doctora", cuando yo no soy Doctora, soy Licenciada.
- Bueno, le digo “Doctora” de manera amable, porque en jerarquía suena mejor, es más lindo que "Licenciada".
- Y "Ariel" es un nombre más lindo que "Andrés". Lo dejamos acá.
viernes 3 de octubre de 2008
Sesión 15: "Todo conectado y algo cambió"
Llegué al estacionamiento y me causó cierta extrañeza y decepción no ver al encargado del garage. Pero mucho más raro aún, al borde de lo inverosímil, e incluso, poniendo en riesgo la credibilidad de mi relato, fue verlo al encargado salir del consultorio de mi analista, segundos antes de que mi sesión empezara.
Eso me distrajo. Yo venía con la mente puesta en decirle a mi psicóloga lo que no pude concretar durante la sesión anterior: que hoy iba a ser mi última vez ahí. De hecho, mi nerviosismo fue tal que en mi intento de abonar la consulta por adelantado, para evitar pagar en el silencio y la incomodidad de la despedida, una lluvia de monedas se escurrió entre mis manos cayendo y rodando por debajo de la mesa. Me agaché para juntarlas, tras la sombra que el mantel producía y me quedé con la extraña sensación de que varias pudieron haber quedado reposando en esa oscuridad.
La sesión de hoy fue rara, no parecía ella. Estaba mucho más alegre y concentrada. Realmente sentí que me escuchaba e incorporaba a su sinapsis palabra por palabra que yo emitía. Entre varias cosas que me dijo, lo que más rescato fue: "la llave hay que buscarla adentro; siempre se puede dar marcha atrás cuando uno se equivoca, no puede salir o siente que no está en el lugar adecuado; y que no hay que vivir acelerado ni con las revoluciones muy altas, ya que eso dificulta pensar con claridad y decidir con anticipación el camino que a uno le conviene tomar".
Le comenté que varias veces me siento inadvertido y con la sensación de que las personas no me entienden ni me escuchan. En ese momento, pensé que ella me iba a decir algo desubicado, que no vendría al caso y que iba a reforzar e incluso empeorar ese sentimiento de no sentirme escuchado. Sin embargo, la genialidad de su metáfora me sorprendió: "Cuando por fin decidas salir, tocá bocina, hacete escuchar y los demás no sólo te oirán, sino que también, se abrirán a tu paso".
El encuentro de hoy no podría haber sido mejor. En un estado de felicidad plena, regresé al estacionamiento para buscar mi auto. Potenció mi alegría ser recibido por el encargado que ya se encontraba allí, en su puesto, y con su TV de catorce pulgadas, esta vez, sintonizando el canal Cosmo.
En mi intento de pagarle con el cambio justo los $7,90, recordé lo de las monedas y las desplacé, cual baraja de naipes, sobre la mesada adjunta a la caja, para sacármelas de encima. El encargado extendió su mano, agarró un botón de pantalón que estaba extrañamente infiltrado entre las tantas monedas, se sonrojó, y con una leve sonrisa cómplice me dijo:
- Hoy no me debés nada, andá tranquilo. ...y tocá bocina al salir.
Eso me distrajo. Yo venía con la mente puesta en decirle a mi psicóloga lo que no pude concretar durante la sesión anterior: que hoy iba a ser mi última vez ahí. De hecho, mi nerviosismo fue tal que en mi intento de abonar la consulta por adelantado, para evitar pagar en el silencio y la incomodidad de la despedida, una lluvia de monedas se escurrió entre mis manos cayendo y rodando por debajo de la mesa. Me agaché para juntarlas, tras la sombra que el mantel producía y me quedé con la extraña sensación de que varias pudieron haber quedado reposando en esa oscuridad.
La sesión de hoy fue rara, no parecía ella. Estaba mucho más alegre y concentrada. Realmente sentí que me escuchaba e incorporaba a su sinapsis palabra por palabra que yo emitía. Entre varias cosas que me dijo, lo que más rescato fue: "la llave hay que buscarla adentro; siempre se puede dar marcha atrás cuando uno se equivoca, no puede salir o siente que no está en el lugar adecuado; y que no hay que vivir acelerado ni con las revoluciones muy altas, ya que eso dificulta pensar con claridad y decidir con anticipación el camino que a uno le conviene tomar".
Le comenté que varias veces me siento inadvertido y con la sensación de que las personas no me entienden ni me escuchan. En ese momento, pensé que ella me iba a decir algo desubicado, que no vendría al caso y que iba a reforzar e incluso empeorar ese sentimiento de no sentirme escuchado. Sin embargo, la genialidad de su metáfora me sorprendió: "Cuando por fin decidas salir, tocá bocina, hacete escuchar y los demás no sólo te oirán, sino que también, se abrirán a tu paso".
El encuentro de hoy no podría haber sido mejor. En un estado de felicidad plena, regresé al estacionamiento para buscar mi auto. Potenció mi alegría ser recibido por el encargado que ya se encontraba allí, en su puesto, y con su TV de catorce pulgadas, esta vez, sintonizando el canal Cosmo.
En mi intento de pagarle con el cambio justo los $7,90, recordé lo de las monedas y las desplacé, cual baraja de naipes, sobre la mesada adjunta a la caja, para sacármelas de encima. El encargado extendió su mano, agarró un botón de pantalón que estaba extrañamente infiltrado entre las tantas monedas, se sonrojó, y con una leve sonrisa cómplice me dijo:
- Hoy no me debés nada, andá tranquilo. ...y tocá bocina al salir.
jueves 2 de octubre de 2008
Sesión 14: "Tema desviado"
Quedé disconforme con la sesión del lunes y decidí verla nuevamente al día siguiente para ponerle un fin a todo esto. Mi objetivo era decirle que no quería ir más.
Apenas tomé asiento en lo que considero "la silla de los que se sienten acusados", ella se me adelantó a cualquier frase que le pudiera expresar y me dijo:
- Creo que te está haciendo bien la terapia.
En ese momento la adrenalina empezó a subir por mis oídos y la bronca comenzó a cobrar forma de discurso. Le iba a decir de una vez por todas que no quería venir más a sesión.
- Doctora, siento que las sesiones algunas veces bordean lo superficial, ingresan en la frivolidad y mueren en lo trivial, sin llegar nunca al centro de mi inconsciente. Hoy quiero hablarle de un tema serio y profundo para mí y que a su ética profesional también le compete. Yo le quiero decir que no quiero venir más.
- Deberíamos tener unas sesiones extras para analizar qué te está pasando y resolverlo. Yo creo que vos te estás precipitando y no es ético de mi parte dejarte en la condición en la que estás, sin tratamiento y no me gusta engañar a las personas.
- Yo no digo que Ud. me esté engañando ni nada, sólo digo que no quiero ven…
- (interrumpiéndome) ¿Qué cosas en tu vida cotidiana sentís que te engañan?
- No es el punto. No entiendo a dónde quiere llegar. Yo sólamente no quiero ven...
- (interrumpiéndome) No eludas mi pregunta, es un ejercicio lacaniano. Decime qué cosas cotidianas o banales sentís que te engañan, decí una sola...
- No sé, las publicidades engañan. ¿Pero qué importancia tiene? De todas formas yo le quiero decir que no quiero ven...
- (interrumpiéndome) ¿Por ejemplo, cuál? Decí una... la que se te ocurra, ya!
- Casancrem -dije casi explotando, como si la palabra misma fuera un insulto-. Casancrem me engaña porque dice que hace mis comidas más livianas y es pura crema grasosa. ¿Cómo un producto a base de crema va a hacer las comidas más livianas? Es ridículo. Y es cínica la publicidad porque muestra al chef que se eleva, que sube, que vuela, que vence la ley de gravedad, simplemente por que se come unas suculentas pastas mezcladas con Casancrem. Y yo hice la prueba de ponerle Casancrem a una tostada, la solté y se cayó al piso!
- Uff -exclamó la psicóloga con aparente alivio-. ¿Te das cuenta? Con este ejercicio te quería demostrar cómo vivimos siendo engañados constantemente. Naturalizamos el mundo que nos rodea como algo dado y lo absorvemos de manera acrítica y pasiva, sin poderlo cuestionar. A veces estamos al borde de tomar decisiones equivocadas por vivir dentro de un repertorio de creencias y mitos consensuados y un sentido común que no es ingenuo. Siempre tenés que pensar varias veces lo que tenés para decir y antes de tomar cualquier decisión, mirá el objeto desde diferentes ángulos, deconstruyéndolo y volviéndolo a formar. Lo lograste, te felicito!
Me quedé atónito, confundido, mareado. No supe qué más decir e incluso me había olvidado cuáles eran mis propósitos iniciales. Finalmente, ella continuó:
- Lo importante igual es –mira el reloj –... Uy, se pasó volando la sesión, nos vemos el viernes... y "Janá todá!"
- Shaná tová.
- Ah! Y por favor, no te preocupes que yo te voy a ayudar. Te recomiendo que pruebes el Casancrem Light, que está reducido en grasas y es más liviano.
Apenas tomé asiento en lo que considero "la silla de los que se sienten acusados", ella se me adelantó a cualquier frase que le pudiera expresar y me dijo:
- Creo que te está haciendo bien la terapia.
En ese momento la adrenalina empezó a subir por mis oídos y la bronca comenzó a cobrar forma de discurso. Le iba a decir de una vez por todas que no quería venir más a sesión.
- Doctora, siento que las sesiones algunas veces bordean lo superficial, ingresan en la frivolidad y mueren en lo trivial, sin llegar nunca al centro de mi inconsciente. Hoy quiero hablarle de un tema serio y profundo para mí y que a su ética profesional también le compete. Yo le quiero decir que no quiero venir más.
- Deberíamos tener unas sesiones extras para analizar qué te está pasando y resolverlo. Yo creo que vos te estás precipitando y no es ético de mi parte dejarte en la condición en la que estás, sin tratamiento y no me gusta engañar a las personas.
- Yo no digo que Ud. me esté engañando ni nada, sólo digo que no quiero ven…
- (interrumpiéndome) ¿Qué cosas en tu vida cotidiana sentís que te engañan?
- No es el punto. No entiendo a dónde quiere llegar. Yo sólamente no quiero ven...
- (interrumpiéndome) No eludas mi pregunta, es un ejercicio lacaniano. Decime qué cosas cotidianas o banales sentís que te engañan, decí una sola...
- No sé, las publicidades engañan. ¿Pero qué importancia tiene? De todas formas yo le quiero decir que no quiero ven...
- (interrumpiéndome) ¿Por ejemplo, cuál? Decí una... la que se te ocurra, ya!
- Casancrem -dije casi explotando, como si la palabra misma fuera un insulto-. Casancrem me engaña porque dice que hace mis comidas más livianas y es pura crema grasosa. ¿Cómo un producto a base de crema va a hacer las comidas más livianas? Es ridículo. Y es cínica la publicidad porque muestra al chef que se eleva, que sube, que vuela, que vence la ley de gravedad, simplemente por que se come unas suculentas pastas mezcladas con Casancrem. Y yo hice la prueba de ponerle Casancrem a una tostada, la solté y se cayó al piso!
- Uff -exclamó la psicóloga con aparente alivio-. ¿Te das cuenta? Con este ejercicio te quería demostrar cómo vivimos siendo engañados constantemente. Naturalizamos el mundo que nos rodea como algo dado y lo absorvemos de manera acrítica y pasiva, sin poderlo cuestionar. A veces estamos al borde de tomar decisiones equivocadas por vivir dentro de un repertorio de creencias y mitos consensuados y un sentido común que no es ingenuo. Siempre tenés que pensar varias veces lo que tenés para decir y antes de tomar cualquier decisión, mirá el objeto desde diferentes ángulos, deconstruyéndolo y volviéndolo a formar. Lo lograste, te felicito!
Me quedé atónito, confundido, mareado. No supe qué más decir e incluso me había olvidado cuáles eran mis propósitos iniciales. Finalmente, ella continuó:
- Lo importante igual es –mira el reloj –... Uy, se pasó volando la sesión, nos vemos el viernes... y "Janá todá!"
- Shaná tová.
- Ah! Y por favor, no te preocupes que yo te voy a ayudar. Te recomiendo que pruebes el Casancrem Light, que está reducido en grasas y es más liviano.
lunes 29 de septiembre de 2008
Sesión 13: "Algo anda mal"
Siento que la relación se está volviendo cada vez más tensa. No sé si tengo un sexto sentido para percibir los pensamientos ajenos o si quizás me esté volviendo un poco paranóico, pero sea como fuere, siento que la psicóloga me odia. Esto, creo, se vio reflejado en la sesión de hoy.
Empecé contándole que el fin de semana me sentí mal anímicamente, con una angustia que brotaba como una catarata de agua dentro de mi pecho. Por otro lado, le comenté que estuve disconforme con lo que produje como artista. Que en el show del sábado a la noche, mi monólogo humorístico lo sentí largo.
- Y quizás esté un poco largo -me dijo-. Acortalo a ver qué pasa.
- ¿Acortarlo? ¿Cómo?
- Sí... sacale todos los remates.
Después le comenté algunos de mis problemas, llegando yo mismo a la conclusión de que sólo veo las cosas malas de mi persona.
- Es evidente, evidente que sólo veas las cosas malas de tu persona -me dijo-.
- Sí, y ahora Ud. me va a decir, como siempre, que me entiende, que tengo razón en estar mal, y que hay que trabajar sobre eso -le dije en tono de reproche-.
- No, al contrario. Es lógico que sólo veas las cosas malas de tu persona. Ya que no hay nada bueno para ver.
Me dejó destruido, necesitado de alguna frase amable que me contenga. Pero no la tuve. Justo hoy, había ido en colectivo.
Empecé contándole que el fin de semana me sentí mal anímicamente, con una angustia que brotaba como una catarata de agua dentro de mi pecho. Por otro lado, le comenté que estuve disconforme con lo que produje como artista. Que en el show del sábado a la noche, mi monólogo humorístico lo sentí largo.
- Y quizás esté un poco largo -me dijo-. Acortalo a ver qué pasa.
- ¿Acortarlo? ¿Cómo?
- Sí... sacale todos los remates.
Después le comenté algunos de mis problemas, llegando yo mismo a la conclusión de que sólo veo las cosas malas de mi persona.
- Es evidente, evidente que sólo veas las cosas malas de tu persona -me dijo-.
- Sí, y ahora Ud. me va a decir, como siempre, que me entiende, que tengo razón en estar mal, y que hay que trabajar sobre eso -le dije en tono de reproche-.
- No, al contrario. Es lógico que sólo veas las cosas malas de tu persona. Ya que no hay nada bueno para ver.
Me dejó destruido, necesitado de alguna frase amable que me contenga. Pero no la tuve. Justo hoy, había ido en colectivo.
viernes 26 de septiembre de 2008
Sesión 12: "Por sólo siete con noventa"
Finalmente, le mandé un mail para suspender la sesión del sábado y para vernos directamente la semana próxima, pero ella consideró que era mejor pasarla para hoy.
El mail lo aproveché también para aclararle que la sesión según lo estipulado debería durar 40 minutos y no 25 como en la práctica me viene dando. Por lo que en la sesión de hoy, hablé los primeros 25 minutos y los siguientes 15 permanecimos callados.
Admito que me siento igual, que no avanzo. Y al mismo tiempo no me animo a decirle que no quiero ir más, ni por mail. Pero por otro lado, pienso que son sólo 10 pesos. 10 pesos para que una persona finja escucharme y simule que está involucrada en mis problemas. Esa manía de ver el reloj constantemente, de atenderme menos tiempo, de esquivar llegar a la raíz de mis problemas, es lo que me merezco por lo que yo le doy a cambio. No sé qué hacer, de todas formas creo no importa qué me diga. Lo trato de tomar como un espacio para escucharme yo mismo en voz alta y sacar mis propias conclusiones.
El mail lo aproveché también para aclararle que la sesión según lo estipulado debería durar 40 minutos y no 25 como en la práctica me viene dando. Por lo que en la sesión de hoy, hablé los primeros 25 minutos y los siguientes 15 permanecimos callados.
Admito que me siento igual, que no avanzo. Y al mismo tiempo no me animo a decirle que no quiero ir más, ni por mail. Pero por otro lado, pienso que son sólo 10 pesos. 10 pesos para que una persona finja escucharme y simule que está involucrada en mis problemas. Esa manía de ver el reloj constantemente, de atenderme menos tiempo, de esquivar llegar a la raíz de mis problemas, es lo que me merezco por lo que yo le doy a cambio. No sé qué hacer, de todas formas creo no importa qué me diga. Lo trato de tomar como un espacio para escucharme yo mismo en voz alta y sacar mis propias conclusiones.
Aunque reconozco que últimamente me siento culpable, soy culpógeno y hasta me da culpa sentir culpa, sabiendo que la vida es más linda sin cargar con esa sensación. No lo puedo soportar, la sesión me cuesta $10 y la playa de estacionamiento me sale $7,90. El encargado de ahí siempre está con su tele de 14 pulgadas encendida. Parece que no te presta atención, pero al revés que la psicóloga, está en cada detalle y se involucra mucho conmigo, incluso sin mirarme a los ojos.
Hoy, mientras parecía no apartar su atención de “Mañanas informales”, me dijo: "Te noto confundido, indeciso, ¿puede ser?". Sí, así es tal cual como me siento. No sé cómo pudo darse cuenta sin intercambiar diálogo alguno más que el número de mi patente.
Lo que me quedó de la sesión de hoy, fue lo que me dijo el encargado del garage cuando me estaba por ir y yo intentaba, a duras penas, sacar mi auto de un lugar complicado: "Vos arrancá y dale. A veces parece que no pasa, pero una vez en movimiento, sin darte cuenta, vas a salir sin problemas".
miércoles 24 de septiembre de 2008
Sesión 11: "El trauma del contestador automático"
- Doctora, yo quería avisarle que los sábados prefiero no venir. Quisiera aprovechar ese día para descansar. Sólo que la semana pasada no me animé a llamarla y decírselo por teléfono.
- Bueno, si no te animaste es porque quizás no sea tan así y preferís seguir viniendo los sábados.
- No, no es eso. Tengo un problema cuando tengo que llamar a alguien. Me pongo nervioso, me da vergüenza. Cuando llamo a una chica que me gusta para invitarla a salir o a alguna persona importante para pedirle trabajo, me empiezo a agitar antes de marcar y me cuesta tomar esa decisión. Estoy minutos con el teléfono en la mano pensando qué decir o cómo empezar la conversación. De hecho, la practico sin llamar, simulando que estoy hablando.
- Entiendo... ¿Y qué más te pasa?
- Si me atiende el contestador automático, corto. Les tengo terror a los contestadores. Tengo un trauma con eso, me surge la fantasía de que varias personas se van a poner en ronda, alrededor del contestador automático para escuchar mi voz y reírse de mí. Ni loco dejo un mensaje, por nada del mundo. De todas formas, si llamo y no me atiende nadie siento un alivio tremendo. Mi pensamiento es el siguiente: Bueno, yo me animé a llamar, lo intenté, estoy tranquilo con mi conciencia. Si no me atendieron no es culpa mía, el destino así lo quiso, no puedo hacer nada contra eso, pero yo estoy bien conmigo, estoy en paz con mis pensamientos, y además, estoy orgulloso de mí.
- Entiendo, pero no lograste tu objetivo que era hablar con esa persona y pusiste en primer plano el intento, más que la meta. Vos tenés que lograr tu meta cueste lo que cueste, no morir en el intento. La meta es lo primordial.
- Pero en el caso de decirle que no quiero venir más los sábados, ni siquiera lo intenté. Directamente no me animé a llamarla y eso es una frustración para mí. Pero estoy seguro de lo que quiero. Estoy seguro que los sábados quiero aprovecharlos para dormir, más que venir acá. Aunque me cueste decirlo.
- Bueno, los cambios tampoco son de un día para el otro y de manera brusca. Yo diría que si no te animaste a llamarme sigas viniendo. En una de esas te puedo atender menos tiempo. Además habría que ver porqué querés dormir en lugar de enfrentarte con tus problemas.
- Es que parte de mis problemas es que estoy siempre cansado.
- Bueno, yo anoto que el sábado venís, pensalo, meditalo bien. Tranquilo, de última me llamás y me dejás un mensaje en el contestador.
- Bueno, si no te animaste es porque quizás no sea tan así y preferís seguir viniendo los sábados.
- No, no es eso. Tengo un problema cuando tengo que llamar a alguien. Me pongo nervioso, me da vergüenza. Cuando llamo a una chica que me gusta para invitarla a salir o a alguna persona importante para pedirle trabajo, me empiezo a agitar antes de marcar y me cuesta tomar esa decisión. Estoy minutos con el teléfono en la mano pensando qué decir o cómo empezar la conversación. De hecho, la practico sin llamar, simulando que estoy hablando.
- Entiendo... ¿Y qué más te pasa?
- Si me atiende el contestador automático, corto. Les tengo terror a los contestadores. Tengo un trauma con eso, me surge la fantasía de que varias personas se van a poner en ronda, alrededor del contestador automático para escuchar mi voz y reírse de mí. Ni loco dejo un mensaje, por nada del mundo. De todas formas, si llamo y no me atiende nadie siento un alivio tremendo. Mi pensamiento es el siguiente: Bueno, yo me animé a llamar, lo intenté, estoy tranquilo con mi conciencia. Si no me atendieron no es culpa mía, el destino así lo quiso, no puedo hacer nada contra eso, pero yo estoy bien conmigo, estoy en paz con mis pensamientos, y además, estoy orgulloso de mí.
- Entiendo, pero no lograste tu objetivo que era hablar con esa persona y pusiste en primer plano el intento, más que la meta. Vos tenés que lograr tu meta cueste lo que cueste, no morir en el intento. La meta es lo primordial.
- Pero en el caso de decirle que no quiero venir más los sábados, ni siquiera lo intenté. Directamente no me animé a llamarla y eso es una frustración para mí. Pero estoy seguro de lo que quiero. Estoy seguro que los sábados quiero aprovecharlos para dormir, más que venir acá. Aunque me cueste decirlo.
- Bueno, los cambios tampoco son de un día para el otro y de manera brusca. Yo diría que si no te animaste a llamarme sigas viniendo. En una de esas te puedo atender menos tiempo. Además habría que ver porqué querés dormir en lugar de enfrentarte con tus problemas.
- Es que parte de mis problemas es que estoy siempre cansado.
- Bueno, yo anoto que el sábado venís, pensalo, meditalo bien. Tranquilo, de última me llamás y me dejás un mensaje en el contestador.
lunes 22 de septiembre de 2008
Sesión 10: "Día de la primavera"
Lunes a la mañana, el libro de la semana que se abre y la primera línea que se escribe es: "¿Cómo te recibió la primavera?" -esto me dijo la psicóloga al comenzar la sesión-.
- Como cualquier día -le contesté- .
Le expliqué que no me gusta que me saluden por el día de la primavera:
- ¿Por qué me saludan? ¿Qué saben si a mí me gusta la primavera? Mi estación preferida es el otoño. Considero que el otoño es una estación relajada, sin tensiones. Me gusta su paz, su color, su melancolía, su llamado a la introspección. Por lo que considero una falta de respeto que me digan "Feliz Primavera", y no en su momento "Feliz Otoño". Además, ¿Qué tengo que ver yo con la primavera? No es ningún mérito mío. Fue porque el mundo gira, porque la naturaleza tiene 4 estaciones, y porque durante 4 meses la posición del sol con respecto a determinado hemisferio de la Tierra hace que a partir del 21 de septiembre, en el hemisferio sur, salgan florcitas del piso. No me saluden ni me feliciten. Lo único que falta es que la gente se salude por el día de la tormenta de Santa Rosa o se diga por ejemplo: "Feliz caída de granizo!".
- Bueno, creo que no deberías tomarte tan a pecho algo anecdótico como el día de la primavera. Hay varios días que sobresalen del calendario y eso es bueno. Son excusas, motivos para saludarse. Tenés que estar tranquilo, relajarte un poco más, meditá sobre lo que me dijiste antes y tratá de buscar algo positivo. A ver... respirá hondo...
Pasaron 30 segundos y luego de mi último gran suspiro me preguntó:
- ¿Y? ¿Qué sentiste? ¿Qué tenés para decir ahora?
- Que no sólo odio el día de la primavera, sino que también odio todos los días que son el día de algo: El día del amigo, el día de la madre, el día del padre, el día del niño, el día del maestro, el día de San Valentín, el día de la raza, el día del kiosquero, el día del arquero, el día que las vacas vuelen y Halloween. No, Halloween no odio porque no es día, es noche.
- Bueno, yo creo que la cuestión pasa por sentirse uno querido y reconocido. Por eso, es muy importante fijarte con qué clase de personas te relacionás. Necesitás gente que se comprometa con vos, que te escuche, que sepa quién sos y lo que podés dar. Cuando por fin te sientas reconocido y respetado, todo ese odio latente va a desaparecer. Bueno, lo dejamos acá. Muy productiva la sesión de hoy. ¿Nos vemos el miércoles Ariel?
- Andrés es mi nombre.
- Cierto! Feliz día de la Primavera.
- Como cualquier día -le contesté- .
Le expliqué que no me gusta que me saluden por el día de la primavera:
- ¿Por qué me saludan? ¿Qué saben si a mí me gusta la primavera? Mi estación preferida es el otoño. Considero que el otoño es una estación relajada, sin tensiones. Me gusta su paz, su color, su melancolía, su llamado a la introspección. Por lo que considero una falta de respeto que me digan "Feliz Primavera", y no en su momento "Feliz Otoño". Además, ¿Qué tengo que ver yo con la primavera? No es ningún mérito mío. Fue porque el mundo gira, porque la naturaleza tiene 4 estaciones, y porque durante 4 meses la posición del sol con respecto a determinado hemisferio de la Tierra hace que a partir del 21 de septiembre, en el hemisferio sur, salgan florcitas del piso. No me saluden ni me feliciten. Lo único que falta es que la gente se salude por el día de la tormenta de Santa Rosa o se diga por ejemplo: "Feliz caída de granizo!".
- Bueno, creo que no deberías tomarte tan a pecho algo anecdótico como el día de la primavera. Hay varios días que sobresalen del calendario y eso es bueno. Son excusas, motivos para saludarse. Tenés que estar tranquilo, relajarte un poco más, meditá sobre lo que me dijiste antes y tratá de buscar algo positivo. A ver... respirá hondo...
Pasaron 30 segundos y luego de mi último gran suspiro me preguntó:
- ¿Y? ¿Qué sentiste? ¿Qué tenés para decir ahora?
- Que no sólo odio el día de la primavera, sino que también odio todos los días que son el día de algo: El día del amigo, el día de la madre, el día del padre, el día del niño, el día del maestro, el día de San Valentín, el día de la raza, el día del kiosquero, el día del arquero, el día que las vacas vuelen y Halloween. No, Halloween no odio porque no es día, es noche.
- Bueno, yo creo que la cuestión pasa por sentirse uno querido y reconocido. Por eso, es muy importante fijarte con qué clase de personas te relacionás. Necesitás gente que se comprometa con vos, que te escuche, que sepa quién sos y lo que podés dar. Cuando por fin te sientas reconocido y respetado, todo ese odio latente va a desaparecer. Bueno, lo dejamos acá. Muy productiva la sesión de hoy. ¿Nos vemos el miércoles Ariel?
- Andrés es mi nombre.
- Cierto! Feliz día de la Primavera.
sábado 20 de septiembre de 2008
Sesión 9: "Otra vez, no"
Decidí volver a poner énfasis en el problema que me atañe. Nuevamente, como en la sesión anterior y como en varias de las sesiones desde que empecé el tratamiento, retomé la explicación sobre la raíz de eso que me tiene perturbado, obsesionado e intranquilo.
Concluida mi declaración, ambos permanecimos en silencio durante mezquinos y rasposos segundos.
Sostuve mi mirada fija en sus ojos, con dura firmeza, y logré sentir cómo ella intentaba contener el desesperado vicio de mirar el reloj en un toco y me voy.
Pude vislumbrar su sudor, un intento de gota amenazante que pretendía deslizarse por su frente. Al borde del colapso de su rol y fachada, rompió el silencio y me dijo:
- Sí, es claro. Hay que trabajar sobre eso.
"No, esta vez...No" -pensé fuerte, casi retumbando en mis adentros-. junté coraje para enfrentarla y le repliqué:
- Mire Doctora, esta es casi la décima sesión, creo. Tal vez sea un poco ansioso, pero ¿Cuándo vamos a EMPEZAR a trabajar sobre eso?
- Tenés razón -me dijo-.
- Vio... tengo razón.
- Sí..., sos un poco ansioso. Hay que trabajar sobre eso.
Concluida mi declaración, ambos permanecimos en silencio durante mezquinos y rasposos segundos.
Sostuve mi mirada fija en sus ojos, con dura firmeza, y logré sentir cómo ella intentaba contener el desesperado vicio de mirar el reloj en un toco y me voy.
Pude vislumbrar su sudor, un intento de gota amenazante que pretendía deslizarse por su frente. Al borde del colapso de su rol y fachada, rompió el silencio y me dijo:
- Sí, es claro. Hay que trabajar sobre eso.
"No, esta vez...No" -pensé fuerte, casi retumbando en mis adentros-. junté coraje para enfrentarla y le repliqué:
- Mire Doctora, esta es casi la décima sesión, creo. Tal vez sea un poco ansioso, pero ¿Cuándo vamos a EMPEZAR a trabajar sobre eso?
- Tenés razón -me dijo-.
- Vio... tengo razón.
- Sí..., sos un poco ansioso. Hay que trabajar sobre eso.
viernes 19 de septiembre de 2008
Sesión 8: "Sin más"
Hoy decidí retomar un tema fundamental, que me viene atormentando y del que en parte vengo hablando desde la primer sesión. Estuve los 26 minutos relatando con lujo de detalles mi problema, la raíz de mi problema, mi imperante necesidad de resolverlo, de cambiar, de terminar con todo eso cuanto antes. Hablé casi sin respirar, con los ojos humedecidos, la boca seca. Ella parecía escucharme atentamente, sólo dos veces en toda la sesión apartó sus ojos de mi mirada, sólo para mirar zigzagueantemente su reloj digital. Todo un récord.
Luego de los 26 minutos, hice una pausa. Me di cuenta que no tenía nada más que agregar. Que había sido claro y contundente.
Luego ella se acomodó sobre su silla, tensionó sus comisuras y atinó a hablar. Ansioso esperé su respuesta, como quien espera el veredicto de un juez supremo en una causa de vida o muerte. Finalmente me dijo:
- Bueno, sí... es claro... Hay que trabajar sobre eso. Lo dejamos acá.
Luego de los 26 minutos, hice una pausa. Me di cuenta que no tenía nada más que agregar. Que había sido claro y contundente.
Luego ella se acomodó sobre su silla, tensionó sus comisuras y atinó a hablar. Ansioso esperé su respuesta, como quien espera el veredicto de un juez supremo en una causa de vida o muerte. Finalmente me dijo:
- Bueno, sí... es claro... Hay que trabajar sobre eso. Lo dejamos acá.
miércoles 17 de septiembre de 2008
Sesión 7: "Delirios superyoicos"
No entiendo nada. Siento que estoy enloqueciendo. Quizás haya que tocar fondo para luego indefectiblemente empezar a subir.
En la calle, mis amigos, en el trabajo, todos me dicen que estoy mal. Excepto mi psicóloga.
Ella sigue insistiendo que es normal que esté así, que cualquiera en mi situación lo estaría.
- Yo te entiendo, claro. Cómo no vas a estar mal con todo lo que te pasa. -me lo dice como quien recita un fragmento del himno-.
Le conté que hace poco perdí parte de la audición de mi oído izquierdo. Ella me constestó que ante situaciones de mucha presión y estrés, uno puede somatizar en el cuerpo heridas que pueden ser temporarias o irreversibles.
- ¿Cómo irreversibles? ¿Qué hago ahora? -le pregunté impulsivo y exaltado-.
- Tranquilo. Eso no es nada, el tratamiento te está ayudando. Entendé que tuviste suerte. Sos un chico sano, es mejor perder parte de la audición temporariamente que padecer trastornos de delirios graves. Es decir, ante situaciones de estrés aguda, una persona puede caer en lo que se denomina síndrome de delirios superyoicos.
- No, no es mi caso -le contesté aliviado-. Los superhéroes no deliramos.
En la calle, mis amigos, en el trabajo, todos me dicen que estoy mal. Excepto mi psicóloga.
Ella sigue insistiendo que es normal que esté así, que cualquiera en mi situación lo estaría.
- Yo te entiendo, claro. Cómo no vas a estar mal con todo lo que te pasa. -me lo dice como quien recita un fragmento del himno-.
Le conté que hace poco perdí parte de la audición de mi oído izquierdo. Ella me constestó que ante situaciones de mucha presión y estrés, uno puede somatizar en el cuerpo heridas que pueden ser temporarias o irreversibles.
- ¿Cómo irreversibles? ¿Qué hago ahora? -le pregunté impulsivo y exaltado-.
- Tranquilo. Eso no es nada, el tratamiento te está ayudando. Entendé que tuviste suerte. Sos un chico sano, es mejor perder parte de la audición temporariamente que padecer trastornos de delirios graves. Es decir, ante situaciones de estrés aguda, una persona puede caer en lo que se denomina síndrome de delirios superyoicos.
- No, no es mi caso -le contesté aliviado-. Los superhéroes no deliramos.
Sesión 6: "Referencias"
Últimamente estoy lleno de problemas desordenados en mi cabeza y me pasa que no sé por dónde empezar o cuál elegir para arrancar. Ante mi dubitativo silencio, la sesión comenzó por la pregunta sobre qué hice el fin de semana.
Por el tono con el que me la formuló, más que una psicóloga parecía una amiga, con la diferencia que me cobra por darme consejos, no me hace favores y no me ofrece nada para tomar estando yo en su casa.
Lamentablemente, la pregunta sobre lo que hice el fin de semana desvió la sesión por un atajo que esquivaría la ruta hacia mis problemas.
Entre temas superficiales que no están a la altura de mi momento actual y sus respectivos "titulares", se me ocurrió contarle que conocí a una mujer que estuvo de novia durante casi 2 años con un conocido mío, no amigo, y que al igual que yo, acababa de separarse.
Me preguntó qué me había parecido esa chica y mi respuesta fue que "bien", que mucho no la llegué a conocer, y que según mi experiencia personal y mis traumas de primera cita: la primera impresión no es la que cuenta, sino la que engaña.
- Es simple -me dijo-. Llamá a su ex novio.
- ¿Para pedirle permiso?
- No, para pedirle referencias.
Ante el fruncimiento de mi ceño y la perplejidad de mi semblante, prosiguió:
- Es coherente. Así como al postularse para un empleo se piden referencias sobre el trabajo anterior; o se piden referencias comerciales antes de abrirle una cuenta corriente a un cliente; ¿Qué tiene de raro en este caso pedir referencias amorosas?
Me parecía una idiotez, pero al mismo tiempo había cierta lógica en su razonamiento que sonaba interesante.
- ¿Usted me está diciendo que llame al ex novio y que le pida referencias sobre su ex, que precisamente es con la que yo pretendo salir?
- Sí, que te diga si te la recomienda o no. Que te diga qué onda, qué opina de ella, qué defectos tiene, si le hizo algo malo, si le fue fiel, si es celosa, si es posesiva, si lo volvió loco, si fingió un embarazo, si le sacó dinero... En fin, para ver si te conviene ponerte de novio. Quizás te dice: "es una mina genial, nosotros no encajábamos, pero quizás vos sí..., dale para adelante". Y con eso vos te quedás tranquilo.
- ¿Y yo puedo pedirle referencias a sus pacientes sobre usted? -le pregunté en tono de apariencia gracioso, pero con seria intención-.
- No querido! Eso sería un desplazamiento...
Por el tono con el que me la formuló, más que una psicóloga parecía una amiga, con la diferencia que me cobra por darme consejos, no me hace favores y no me ofrece nada para tomar estando yo en su casa.
Lamentablemente, la pregunta sobre lo que hice el fin de semana desvió la sesión por un atajo que esquivaría la ruta hacia mis problemas.
Entre temas superficiales que no están a la altura de mi momento actual y sus respectivos "titulares", se me ocurrió contarle que conocí a una mujer que estuvo de novia durante casi 2 años con un conocido mío, no amigo, y que al igual que yo, acababa de separarse.
Me preguntó qué me había parecido esa chica y mi respuesta fue que "bien", que mucho no la llegué a conocer, y que según mi experiencia personal y mis traumas de primera cita: la primera impresión no es la que cuenta, sino la que engaña.
- Es simple -me dijo-. Llamá a su ex novio.
- ¿Para pedirle permiso?
- No, para pedirle referencias.
Ante el fruncimiento de mi ceño y la perplejidad de mi semblante, prosiguió:
- Es coherente. Así como al postularse para un empleo se piden referencias sobre el trabajo anterior; o se piden referencias comerciales antes de abrirle una cuenta corriente a un cliente; ¿Qué tiene de raro en este caso pedir referencias amorosas?
Me parecía una idiotez, pero al mismo tiempo había cierta lógica en su razonamiento que sonaba interesante.
- ¿Usted me está diciendo que llame al ex novio y que le pida referencias sobre su ex, que precisamente es con la que yo pretendo salir?
- Sí, que te diga si te la recomienda o no. Que te diga qué onda, qué opina de ella, qué defectos tiene, si le hizo algo malo, si le fue fiel, si es celosa, si es posesiva, si lo volvió loco, si fingió un embarazo, si le sacó dinero... En fin, para ver si te conviene ponerte de novio. Quizás te dice: "es una mina genial, nosotros no encajábamos, pero quizás vos sí..., dale para adelante". Y con eso vos te quedás tranquilo.
- ¿Y yo puedo pedirle referencias a sus pacientes sobre usted? -le pregunté en tono de apariencia gracioso, pero con seria intención-.
- No querido! Eso sería un desplazamiento...
sábado 13 de septiembre de 2008
Sesión 5: "Los sueños"
Hoy sábado a la mañana llegué un poco cansado a la sesión, me preguntó qué me pasaba y le conté que tenía un poco de sueño. Al instante se le ocurrió preguntarme por mis sueños y lo que prosiguió giró en torno a eso.
- Me gusta dormir y soñar - le dije-. Me gusta vivir los sueños, sentirme adentro de ellos como si fueran la realidad pura. Creo que la vida es perfecta en el sentido que te provee un mundo de leyes rígidas, y otro mundo de sueños donde todo es posible: puedo volar, tener a la mujer que desee, hacerme invisible, ser niño, ser otro… ¿Por qué uno le da mayor jerarquía a la vida de despierto que a la de dormido? Creo que me gusta más soñar que estar despierto, ¿Tiene algo de malo eso? -le pregunté-.
- Cuando te mueras vas a tener suficiente tiempo para dormir.
- Pero no voy a estar vivo para soñar -le contesté-.
- Me gusta dormir y soñar - le dije-. Me gusta vivir los sueños, sentirme adentro de ellos como si fueran la realidad pura. Creo que la vida es perfecta en el sentido que te provee un mundo de leyes rígidas, y otro mundo de sueños donde todo es posible: puedo volar, tener a la mujer que desee, hacerme invisible, ser niño, ser otro… ¿Por qué uno le da mayor jerarquía a la vida de despierto que a la de dormido? Creo que me gusta más soñar que estar despierto, ¿Tiene algo de malo eso? -le pregunté-.
- Cuando te mueras vas a tener suficiente tiempo para dormir.
- Pero no voy a estar vivo para soñar -le contesté-.
Sesión 4: "Foto multa"
Hoy tuve uno de esos días en los cuales nada me viene bien. Llegué a sesión un poco harto del mundo, con una mirada pesimista sobre la vida. Lo primero que le conté a la psicóloga mientras me sacaba mi campera y la colgaba en la silla, fue que en el trayecto en auto hacia el consultorio una cámara de un semáforo me tomó pasándolo en rojo.
Ella, se sacó sus anteojos y sosteniéndolos con una mano, me dijo seria y lentamente: "¿Por qué siempre ves toda tu vida como una tragedia? ¿No te das cuenta que eso es buenísimo? ¿Vos no sos actor? Ponelo en tu currículum entonces!".
Ella, se sacó sus anteojos y sosteniéndolos con una mano, me dijo seria y lentamente: "¿Por qué siempre ves toda tu vida como una tragedia? ¿No te das cuenta que eso es buenísimo? ¿Vos no sos actor? Ponelo en tu currículum entonces!".
jueves 11 de septiembre de 2008
Sesión 3: "Mi nombre"
Lo primero que hice hoy al comenzar la sesión, fue recordarle mi nombre a la psicóloga.
Casi terminando la sesión noté algo extraño, le recordé mi apellido y le comenté que yo no soy el que trabaja de mozo en un bar del microcentro, tal como ella suponía.
- Ah, qué coincidencia -me dijo-, es que tengo otro paciente que también se llama como vos, Ariel.
- Andrés es mi nombre, se lo dije antes.
- Bueno, otro día hablamos sobre ese tema. No se puede todo en la misma sesión. Hoy lo dejamos acá.
Casi terminando la sesión noté algo extraño, le recordé mi apellido y le comenté que yo no soy el que trabaja de mozo en un bar del microcentro, tal como ella suponía.
- Ah, qué coincidencia -me dijo-, es que tengo otro paciente que también se llama como vos, Ariel.
- Andrés es mi nombre, se lo dije antes.
- Bueno, otro día hablamos sobre ese tema. No se puede todo en la misma sesión. Hoy lo dejamos acá.
Sesión 2: "Con razón"
Hoy llegué puntual, pero tuve que esperar en el hall hasta que terminara con la paciente que estaba antes que yo. Me dejó esperando con música clásica. A pesar de eso, logré escuchar algunas cosas que hablaba con su paciente, sobre todo risas. Me dio un poco de celos sentir que seguramente la estaba pasando mejor con ella de lo que la iba a pasar conmigo. Y así fue.
Dediqué mi sesión a contarle algunos de mis problemas más actuales y demás angustias que me tienen mal.
- Claro, tenés razón en estar mal -me dijo-. Y agregó: "Es lógico… no es fácil tu situación, yo en tu lugar me sentiría igual”.
Lo único que rescato de la sesión de hoy, es que al menos parece que tengo razón en algo, en estar mal. ...Qué bueno! Y yo que pensaba que mis problemas eran boludeces comparados con otras cosas.
Dediqué mi sesión a contarle algunos de mis problemas más actuales y demás angustias que me tienen mal.
- Claro, tenés razón en estar mal -me dijo-. Y agregó: "Es lógico… no es fácil tu situación, yo en tu lugar me sentiría igual”.
Lo único que rescato de la sesión de hoy, es que al menos parece que tengo razón en algo, en estar mal. ...Qué bueno! Y yo que pensaba que mis problemas eran boludeces comparados con otras cosas.
martes 9 de septiembre de 2008
Sesión 1: "Primeras dudas"
Con cierta desconfianza a la ruleta rusa del tratamiento por cartilla, decidí empezar terapia por mi obra social, que según me dijeron, me cubren 30 sesiones anuales. Probé con 4 psicólogos distintos y ninguno me convenció, por lo que de las 30 sesiones, me quedaron 26.
Me quedé con una terapeuta que parece entenderme, no me dice nada, pero veo como asiente con la cabeza y eso me da cierta esperanza. De todas formas, sólo pago 10 pesos la consulta.
...10 pesos la consulta! Eso sí que me da culpa, siento que la estoy estafando. ¿Eso vale su tiempo? ¿Eso valen mis problemas? ¿Me conviene darle un billete de $10? ¿...o mejor uno de $5, dos de $2 y una moneda para que parezca más quilombo de plata? No, la moneda arruinaría todo.
Cómo hago para que un desconocido esté al día con mis veintilargos años de recuerdos. Lograr que pueda entender mis sensaciones, mis preocupaciones, mis anteojos para ver el mundo.
Hoy me presenté, parece imposible. Anotaba sin parar, y no sabía si sentir tranquilidad por eso, o preocupación. ¿Anota para no olvidarse o para luego publicar mis intimidades en algún libro o revista especializada sobre diversas patologías?
Pude percibir que en reiteradas ocasiones sus ojos se desvíaban horizontalmente hacia un reloj digital que tenía a un costado de su mesa. Supongo que lo debió hacer por los 10 pesos de la sesión, pasarse de los 40 minutos que establece el plan, sí que sería un abuso.
Concluyó a los 27 minutos. Quizás para evitar una sobredosis en la primera charla. Bueno, ella sabrá. Y yo no me animé a decirle nada.
Me quedé con una terapeuta que parece entenderme, no me dice nada, pero veo como asiente con la cabeza y eso me da cierta esperanza. De todas formas, sólo pago 10 pesos la consulta.
...10 pesos la consulta! Eso sí que me da culpa, siento que la estoy estafando. ¿Eso vale su tiempo? ¿Eso valen mis problemas? ¿Me conviene darle un billete de $10? ¿...o mejor uno de $5, dos de $2 y una moneda para que parezca más quilombo de plata? No, la moneda arruinaría todo.
Cómo hago para que un desconocido esté al día con mis veintilargos años de recuerdos. Lograr que pueda entender mis sensaciones, mis preocupaciones, mis anteojos para ver el mundo.
Hoy me presenté, parece imposible. Anotaba sin parar, y no sabía si sentir tranquilidad por eso, o preocupación. ¿Anota para no olvidarse o para luego publicar mis intimidades en algún libro o revista especializada sobre diversas patologías?
Pude percibir que en reiteradas ocasiones sus ojos se desvíaban horizontalmente hacia un reloj digital que tenía a un costado de su mesa. Supongo que lo debió hacer por los 10 pesos de la sesión, pasarse de los 40 minutos que establece el plan, sí que sería un abuso.
Concluyó a los 27 minutos. Quizás para evitar una sobredosis en la primera charla. Bueno, ella sabrá. Y yo no me animé a decirle nada.
Pendiente en mi inconsciente
Hay algo que quería hacer y no recuerdo bien qué era. Es constante en mí sentir que tengo algo pendiente, de que me olvido algo, o de algo. No sé qué. Pero es una sensación en el pecho de desarraigo que me angustia y me bloquea. Hasta no saber qué es aquello de lo que me olvido, no me puedo quedar tranquilo. Siempre me pregunto lo mismo: ¿Por qué no me lo anoté? ¿Qué era eso que tenía que hacer? Ah, ya me acuerdo, lo acabo de hacer. Volví.
Luego de una ausencia, no podía volver como si nada. Cuanto más tiempo pasa, menos uno se anima a regresar y mayor es la presión, porque la expectativa es grande y la potencial desilusión también.
Este tiempo necesité un cambio, un nuevo punto de vista, una necesidad de respuesta mágica a mis problemas, un autoconocimiento más profundo. Así nace una nueva sección: "Desde el Diván", charlas y experiencias con mi terapeuta divididas en sesiones.
La terapia no me hace ni bien ni mal, no logro hallar esa solución mágica. Pensé en abandonar, pero decidí seguir para alimentar de vivencias a este lugar y hacer de él, el verdadero espacio de ex–presión.
Luego de una ausencia, no podía volver como si nada. Cuanto más tiempo pasa, menos uno se anima a regresar y mayor es la presión, porque la expectativa es grande y la potencial desilusión también.
Este tiempo necesité un cambio, un nuevo punto de vista, una necesidad de respuesta mágica a mis problemas, un autoconocimiento más profundo. Así nace una nueva sección: "Desde el Diván", charlas y experiencias con mi terapeuta divididas en sesiones.
La terapia no me hace ni bien ni mal, no logro hallar esa solución mágica. Pensé en abandonar, pero decidí seguir para alimentar de vivencias a este lugar y hacer de él, el verdadero espacio de ex–presión.
domingo 3 de agosto de 2008
Cállate que me desesperas
No sé cómo hacer para irme cuando alguien me está hablando y estoy apurado. En ese momento pienso: cómo hago para que no quede brusco. Y yo parezco estar escuchando atentamente el discurso del otro, pero sólo estoy intentando encontrar una coma, un punto, una pausa, un paro cardíaco, para decir "bueno, me tengo que ir" y salir rajando.
Me desespera que la pausa no aparezca y que esa persona siga sin parar. ¿Cómo se conluye? ¿Me alejo de a poco? O digo: "En fin..., lo importante es que estás bien". (Bueno, no sé si está bien, no escuché, pero parecía con vida y con ganas de hablar).
Me desespera que la pausa no aparezca y que esa persona siga sin parar. ¿Cómo se conluye? ¿Me alejo de a poco? O digo: "En fin..., lo importante es que estás bien". (Bueno, no sé si está bien, no escuché, pero parecía con vida y con ganas de hablar).
Ni chicha ni limonada
De todas las cosas del mundo se puede decir que no son ni chicha ni limonada. Excepto la chicha y la limonada.
jueves 31 de julio de 2008
Mejor no saber
Si un alimento manufacturado me gusta mucho, aprendí que no tengo que leer con qué ingredientes está hecho. De muy niño me pasaba con las "Kesitas", leía que estaban hechas con un aceite que cuando le pregunté a mi papá me dijo que era el aceite que usaban los camiones. Con los "Chizitos" llegué a ser un experto: están hechos a base de "palos de harina de maíz y queso". Mi papá me dijo que los "palos de la harina" es lo peor de la harina. A partir de ese momento nunca más los volví a comer, sin culpa.
Ocho horas
Apenas me despierto cuento las horas que dormí para ver si llego, al menos, a las 8 horas.
En los feriados, cuanto más tarde me levanto más contento me pongo, pero cuando no llego a las 8 horas me siento obligado a dormir una siesta. Al levantarme de la siesta cuento las horas que duró y las sumo a las horas que dormí durante la noche. Esperando superar las ocho y el excedente dejarlo de reserva.
En los feriados, cuanto más tarde me levanto más contento me pongo, pero cuando no llego a las 8 horas me siento obligado a dormir una siesta. Al levantarme de la siesta cuento las horas que duró y las sumo a las horas que dormí durante la noche. Esperando superar las ocho y el excedente dejarlo de reserva.
martes 29 de julio de 2008
Estar mal sin motivos
Soy una persona que siempre está mal sin motivos. Necesito encontrar un motivo para dejar de estar mal por eso.
El primero en aplaudir
Suelo jugar a ser el primero que comienza los aplausos en el teatro. Me gusta la sensación de vértigo que produce. Aunque a los dos segundos de estar solo, me siento un pelotudo.
Cyber silencio
No sé cuándo termina una conversación por Messenger. Me pone incómodo el no saber qué más decir y que encima no me digan más nada. También me pone incómodo tratar de resucitar la conversación con alguna pregunta, corriendo el peligro de que termine pareciendo un reportaje.
¿Si no tengo nada más para decir debo despedirme con un "chau" aunque me quiera quedar conectado?
Ante la desesperación, la mejor salida que encuentro es cerrar todas las ventanas, y si es necesario apagar todo e irme a ver la tele y si no llega a ser suficiente, dar de baja mi servicio de internet.
¿Si no tengo nada más para decir debo despedirme con un "chau" aunque me quiera quedar conectado?
Ante la desesperación, la mejor salida que encuentro es cerrar todas las ventanas, y si es necesario apagar todo e irme a ver la tele y si no llega a ser suficiente, dar de baja mi servicio de internet.
Justo a tiempo
Cuando manejo escuchando la radio y anuncian la hora, automáticamente me fijo en el reloj del auto para verificar que sea la misma. Si coincide exacto, me siento calibrado con el mundo.
Besos que pican
Me molesta cuando alguien me da un beso en la mejilla y me deposita sutiles huellas de saliva, la cual pretendo limpiar disimuladamente. Lo terrible es no poder hacerlo ante la atenta mirada de quien me saludó. Es ahí cuando los rastros de saliva se secan y por alergia psicológica me empieza a picar.
Excusas sinceras
Cada vez que suspendo una actividad o falto al trabajo porque estoy enfermo, presiento que van a desconfiar de mí. Que van a pensar que en realidad es una mera excusa y que no tengo ningún malestar. Por eso, cuando me reincorporo, me gusta tener algún vestigio de mi enfermedad y mostrarlo al máximo, para entonces curar todo tipo de dudas.
viernes 11 de julio de 2008
Vergüenza es robar
Cuando alguien me paga por algún producto o servicio brindado, me da vergüenza contar la plata adelante de mi cliente. Lo siento como un acto de desconfianza y no quisiera ofenderlo, por lo que para contar espero el momento de estar a solas y rezo para que no falte ni sobre nada. Bueno, que no falte.
jueves 10 de julio de 2008
Cortar o pasarse del minuto, esa es la cuestión
Les tengo extrema bronca a los contestadores de celulares que te hacen perder el tiempo y plata, ya que al atenderte te dicen pausadamente cada número que discaste, como por ejemplo: "uno, uno, cinco, uno, ocho, cinco, ocho, nueve, uno (...) no se encuentra disponible en este momento (...) cuando escuche el tono, por favor, deje su mensaje, para finalizar corte o presione la tecla numeral para más opciones".
Apenas escucho la voz de ese conmutador me angustio y quiero cortar. Lo único que rescato es que al menos tienen la delicadeza de avisarme que "al finalizar corte", sino fuera por ese buen gesto no sabría qué hacer para terminar la llamada. De hecho, en este mismo instante seguiría conectado de una llamada que hice ayer.
Apenas escucho la voz de ese conmutador me angustio y quiero cortar. Lo único que rescato es que al menos tienen la delicadeza de avisarme que "al finalizar corte", sino fuera por ese buen gesto no sabría qué hacer para terminar la llamada. De hecho, en este mismo instante seguiría conectado de una llamada que hice ayer.
miércoles 9 de julio de 2008
Desgracias compartidas
Si en mi departamento me quedo sin agua, sin luz o sin gas, prefiero que sea un problema de todo el edificio antes que mío sólo.
Cuando sea grande
De chico pensaba que de grande, mágicamente por el hecho de ser grande, iba a entender cosas que de chico no entendía.
¿Cuándo voy a ser grande?
¿Cuándo voy a ser grande?
Cyber paranoia
Cuando en el messenger alguien que figura como "ausente" no me contesta, seguro es porque no quiere.
Restos fósiles de tranvía
No me gusta sentir el temblor del auto al manejar por calles empedradas. En ciertas de esas calles agradezco que alguna vez haya circulado por ahí un tranvía, me gusta ir por encima de sus vías.
domingo 6 de julio de 2008
La imagen de la desolación
Me duele entrar a mi casilla de mails y tener cero mensajes nuevos.
Aunque más me duele encontrar de personas "Hi 5" o que quieren "tagged me".
Aunque más me duele encontrar de personas "Hi 5" o que quieren "tagged me".
viernes 27 de junio de 2008
Control remoto nuevo
No me acostumbro a los controles remotos nuevos. No identifico los botones.
Siempre el botón que yo pienso que es el de volumen, es el de canal. Por lo que cambio de canal justo en la parte que más me interesa.
Siempre el botón que yo pienso que es el de volumen, es el de canal. Por lo que cambio de canal justo en la parte que más me interesa.
lunes 23 de junio de 2008
jueves 19 de junio de 2008
Contagio mental
Cada vez que leo o me entero sobre alguna enfermedad, al instante siento que la padezco.
Recién acabo de terminar de leer un artículo muy interesante sobre la muerte súbita, que si bien no es una enfermedad, tiene característi
Recién acabo de terminar de leer un artículo muy interesante sobre la muerte súbita, que si bien no es una enfermedad, tiene característi
miércoles 18 de junio de 2008
Frontera peligrosa
No me gusta entrar a un negocio y que apenas cruzo la frontera entre el exterior y el interior se me acerque un vendedor al acecho y me pregunte si necesito algo.
Por favor, dejame que vea, que me acomode, que me interiorice con el lugar, que me aclimatice, que haga el duelo por perder algo de mi libertad.
Lo peor es que le digo que no, y el vendedor se queda cerca mío, a pocos metros, observándome fijamente, cada movimiento, como un Doberman hambriento custodiando una casa y a punto de atacar.
Es increíble lo aliviado que me siento cuando regreso a mi territorio. Si estoy a salvo, obviamente.
Por favor, dejame que vea, que me acomode, que me interiorice con el lugar, que me aclimatice, que haga el duelo por perder algo de mi libertad.
Lo peor es que le digo que no, y el vendedor se queda cerca mío, a pocos metros, observándome fijamente, cada movimiento, como un Doberman hambriento custodiando una casa y a punto de atacar.
Es increíble lo aliviado que me siento cuando regreso a mi territorio. Si estoy a salvo, obviamente.
miércoles 11 de junio de 2008
Sobre gustos no había nada escrito
Más de una vez escuché la frase: "sobre gustos no hay nada escrito".
Resulta extraño. Las primeras escrituras conocidas fueron inventadas por los egipcios y los mesopotamios aproximadamente cuatro mil años a.C. y eran marcas en pequeñas tabletas de arcilla que se sujetaban como etiquetas. Luego vinieron los rollos de papiro (volumina), después el pergamino (Siglo III a.C.), el formato códice y muy posteriormente el papel. Qué bárbaro, cuánto tiempo pasó desde aquel entonces!
Me parecía raro y hasta increíble, que en la historia de la humanidad, con tantos seres que nacieron, vivieron y murieron; que con la invención de la imprenta de tipos móviles por Gutenberg en el siglo XV; que con los millones de libros, gacetas, diarios y revistas escritas, que con el auge de las telecomunicaciones; que con el desarrollo de la teconología digital, las computadoras, los portales web y los blogs, la frase "sobre gustos no hay nada escrito" siga vigente.
Creo que es hora de terminar con todo esto, sé que es una gran responsabilidad cortar con casi 6 mil años de historia, pero al mismo tiempo sé que alguien debería hacerlo.
No sé si lo merezco. Me ruborizo, me avergüenzo y hasta me da culpa, pero alguien tenía que ser el primero, y pensándolo bien ¿Por qué no ser la primer persona que escriba algo sobre gustos?
Me gustan los días nublados, el color gris y sentir cómo el día se relaja entrada las 7 de la tarde. Me gusta escuchar al viento, la luz tenue y apreciar mi cama hecha. Me gusta no sentir la presión del tiempo y la sensación de no tener cosas pendientes. Me gusta el momento antes de irme a dormir. Me gusta ver los mapamundis y asombrarme con la inmensidad de los océanos. Me gustan los aromas frescos, las superficies aterciopeladas y el aire acondicionado. Me gustan las papas fritas recién hechas y el helado de tramontana. También me gusta salir, encontrar justo un lugar donde estacionar el auto y encontrarlo en el mismo lugar cuando regreso.
Listo, ya está, podría seguir, pero creo que di un importante puntapié inicial, para finalmente hoy, 11 de junio de 2008, poder afirmar que: "Sobre gustos ya hay algo escrito".
Resulta extraño. Las primeras escrituras conocidas fueron inventadas por los egipcios y los mesopotamios aproximadamente cuatro mil años a.C. y eran marcas en pequeñas tabletas de arcilla que se sujetaban como etiquetas. Luego vinieron los rollos de papiro (volumina), después el pergamino (Siglo III a.C.), el formato códice y muy posteriormente el papel. Qué bárbaro, cuánto tiempo pasó desde aquel entonces!
Me parecía raro y hasta increíble, que en la historia de la humanidad, con tantos seres que nacieron, vivieron y murieron; que con la invención de la imprenta de tipos móviles por Gutenberg en el siglo XV; que con los millones de libros, gacetas, diarios y revistas escritas, que con el auge de las telecomunicaciones; que con el desarrollo de la teconología digital, las computadoras, los portales web y los blogs, la frase "sobre gustos no hay nada escrito" siga vigente.
Creo que es hora de terminar con todo esto, sé que es una gran responsabilidad cortar con casi 6 mil años de historia, pero al mismo tiempo sé que alguien debería hacerlo.
No sé si lo merezco. Me ruborizo, me avergüenzo y hasta me da culpa, pero alguien tenía que ser el primero, y pensándolo bien ¿Por qué no ser la primer persona que escriba algo sobre gustos?
Me gustan los días nublados, el color gris y sentir cómo el día se relaja entrada las 7 de la tarde. Me gusta escuchar al viento, la luz tenue y apreciar mi cama hecha. Me gusta no sentir la presión del tiempo y la sensación de no tener cosas pendientes. Me gusta el momento antes de irme a dormir. Me gusta ver los mapamundis y asombrarme con la inmensidad de los océanos. Me gustan los aromas frescos, las superficies aterciopeladas y el aire acondicionado. Me gustan las papas fritas recién hechas y el helado de tramontana. También me gusta salir, encontrar justo un lugar donde estacionar el auto y encontrarlo en el mismo lugar cuando regreso.
Listo, ya está, podría seguir, pero creo que di un importante puntapié inicial, para finalmente hoy, 11 de junio de 2008, poder afirmar que: "Sobre gustos ya hay algo escrito".
sábado 31 de mayo de 2008
Encontrar plata
Amo encontrar plata de manera sorpresiva en el bolsillo de una campera o pantalón que no uso hace mucho tiempo.
Ayer, ordenando ropa vieja del placard, me puse muy contento al encontrar 20 pesos en el bolsillo interno de una campera de cuero (más un boleto de colectivo de la línea 130, ya borroso, con fecha 21 de agosto de 1999).
Después, volví a encontrar plata, pero ahí ya no me alegré. Eran 30 mil australes. Si hubiera ordenado la ropa 18 años atrás, me habría comprado un Tiki Taka o un yo-yo Bronco, y con lo que me sobrase, un Naranjú, congelado, por supuesto.
Ayer, ordenando ropa vieja del placard, me puse muy contento al encontrar 20 pesos en el bolsillo interno de una campera de cuero (más un boleto de colectivo de la línea 130, ya borroso, con fecha 21 de agosto de 1999).
Después, volví a encontrar plata, pero ahí ya no me alegré. Eran 30 mil australes. Si hubiera ordenado la ropa 18 años atrás, me habría comprado un Tiki Taka o un yo-yo Bronco, y con lo que me sobrase, un Naranjú, congelado, por supuesto.
martes 27 de mayo de 2008
Zapping protocolar
Antes de irme a dormir enciendo el televisor y realizo un zapping general, rápido e inútil.
Más bien, para quedarme tranquilo (o intraquilo) de que el mundo sigue igual, en su órbita, girando. Que no hubo ningún apocalipsis, que el diluvio universal no regresó, que en Japón el sol no se apagó y que en la 9 de julio el tránsito es normal (al igual que en las principales "arterias" de la ciudad).
La televisión a la madrugada es una depresión. Rasgos de esta depresión: TN ya no pasa noticias sino que está "A dos voces" o "Desde el llano". La angustia máxima llega con el Pastor evangélico brasileño. Sí, la televisión a la madrugada es una depresión, que de alguna manera te provee señales que te dicen que apagues todo y que te vayas a dormir.
Me cuesta ese momento. Es crucial. El zapping es un trámite que pretende postergar el ineludible momento en el que me encuentro a solas y a oscuras con mi conciencia, mi almohada, la presión de tenerme que dormir y el sueño que está pero se escabulle. El zapping es un aferrarse a la vida, es cierto temor a la dimensión desconocida de los sueños. Apagar todo es tirarse del trampolín en la pileta de los grandes. Sólo un instante, un "ya está", se apagó, no hay marcha atrás, me voy a dormir.
Más bien, para quedarme tranquilo (o intraquilo) de que el mundo sigue igual, en su órbita, girando. Que no hubo ningún apocalipsis, que el diluvio universal no regresó, que en Japón el sol no se apagó y que en la 9 de julio el tránsito es normal (al igual que en las principales "arterias" de la ciudad).
La televisión a la madrugada es una depresión. Rasgos de esta depresión: TN ya no pasa noticias sino que está "A dos voces" o "Desde el llano". La angustia máxima llega con el Pastor evangélico brasileño. Sí, la televisión a la madrugada es una depresión, que de alguna manera te provee señales que te dicen que apagues todo y que te vayas a dormir.
Me cuesta ese momento. Es crucial. El zapping es un trámite que pretende postergar el ineludible momento en el que me encuentro a solas y a oscuras con mi conciencia, mi almohada, la presión de tenerme que dormir y el sueño que está pero se escabulle. El zapping es un aferrarse a la vida, es cierto temor a la dimensión desconocida de los sueños. Apagar todo es tirarse del trampolín en la pileta de los grandes. Sólo un instante, un "ya está", se apagó, no hay marcha atrás, me voy a dormir.
domingo 25 de mayo de 2008
hola, hola...
Cuando estoy recién levantado y llamo a alguien por teléfono, antes de que me atiendan ensayo un par de veces el "hola", pretendiendo calentar mi laringe con 2 palabras, y de este modo, disimular mi voz de dormido.
Lo mismo se aplica al momento previo de atender cuando me llaman. El "hola" sale bien, pero hasta ahí, el resto me delata.
Lo mismo se aplica al momento previo de atender cuando me llaman. El "hola" sale bien, pero hasta ahí, el resto me delata.
viernes 23 de mayo de 2008
Toda una vida por delante
Tengo una vida recorrida por detrás y tengo toda una vida por delante.
Auxilio, estoy acorralado!
Auxilio, estoy acorralado!
miércoles 21 de mayo de 2008
Hay que saberme tratar
Es fácil llevarse bien conmigo. Yo soy un tipo que si me sabés tratar, está todo bien. No es muy difícil. Es simple. Es cuestión de darme todos los gustos, de decirme todo que sí.
lunes 19 de mayo de 2008
No tengo fuego
Si en la calle alguien me pide fuego y mi respuesta es que no, me siento culpable. Me dan ganas de pedir disculpas, o decir algo más ("no, no fumo hace 2 meses"), como para que no quede el silencio flotando en el aire.
Lo mismo cuando me preguntan la hora ("no, no traje reloj, deben ser como las 2... o 3 de la tarde"). En fin, una respuesta sin sentido.
Lo mismo cuando me preguntan la hora ("no, no traje reloj, deben ser como las 2... o 3 de la tarde"). En fin, una respuesta sin sentido.
sábado 17 de mayo de 2008
Bajá ya
Cuando paso a buscar a una chica por la casa, ella nunca me va a estar esperando abajo, por más que la haya llamado media hora antes de llegar diciéndole: "estoy abajo, bajá".
viernes 16 de mayo de 2008
La llave del éxito: El cerrajero
Siempre pensé que los cerrajeros tranquilamente podrían haber sido ladrones. Deben ser personas muy honestas, ya que eligen cobrar 20 pesos por abrirle la puerta de un auto a un desconocido que perdió la llave, teniendo la posibilidad de llevarse el auto completo.
No comprendo como teniendo la posibilidad de abrir cualquier puerta, los cerrajeros no eligieron ser chorros. Hace poco mandé a cambiar la cerradura de mi casa y me cobraron 220 pesos, bueno..., en este caso, no todos eligieron ser cerrajeros.
No comprendo como teniendo la posibilidad de abrir cualquier puerta, los cerrajeros no eligieron ser chorros. Hace poco mandé a cambiar la cerradura de mi casa y me cobraron 220 pesos, bueno..., en este caso, no todos eligieron ser cerrajeros.
Locker no! Soy inocente...
Mi meta crucial al entrar a Farmacity es poder pasar sin tener que dejar mi mochila en el locker.
Me molestaría mucho tener que hacerlo y por eso me da miedo entrar. El de seguridad de ahí es el peor, en cualquier momento te lleva detenido, es un hombre muy malo.
Me molestaría mucho tener que hacerlo y por eso me da miedo entrar. El de seguridad de ahí es el peor, en cualquier momento te lleva detenido, es un hombre muy malo.
miércoles 14 de mayo de 2008
Desconfianza generalizada
Cuando camino por una vereda oscura de noche y veo los rostros de la gente, yo no sé si todos me quieren afanar a mí, o si soy yo el que los va a afanar. Porque seguramente ellos piensen lo mismo. No se sabe quién es quién.
Ante la presencia de una persona sospechosa cerca, mi única defensa para que no me robe es tratar de darle asco; como fingir un ataque de tos, estornudos, rascarme el pelo como si tuviera piojos o escupir, entre otras que no me animo a nombrar.
De esta manera, transmitirle el siguiente pensamiento: ¿Me vas a afanar a mí? ...mirá que me saco un moco eh! Soy un asco.
Y en el mejor de los casos, que sea él el que cruce de vereda.
Ante la presencia de una persona sospechosa cerca, mi única defensa para que no me robe es tratar de darle asco; como fingir un ataque de tos, estornudos, rascarme el pelo como si tuviera piojos o escupir, entre otras que no me animo a nombrar.
De esta manera, transmitirle el siguiente pensamiento: ¿Me vas a afanar a mí? ...mirá que me saco un moco eh! Soy un asco.
Y en el mejor de los casos, que sea él el que cruce de vereda.
Saludo en el encuentro
Los saludos muchas veces son:
- Hola! ¿Qué tal?
- ¿Cómo estás?
(2 preguntas, ninguna respuesta).
- Hola! ¿Qué tal?
- ¿Cómo estás?
(2 preguntas, ninguna respuesta).
"No hay mal que dure 100 años"
¿No será mucho?
Teniendo en cuenta que la expectativa promedio de vida es de 75 años, 100 años de mal, no es consuelo de nada.
Teniendo en cuenta que la expectativa promedio de vida es de 75 años, 100 años de mal, no es consuelo de nada.
Por favor
Al final, en la vida, todo son favores. Todos pedimos las cosas "Por favor".
Esto puede derivar en situaciones confusas, como que uno vaya a un kiosko y le pida al kiosquero:
- ¿Me daría ese chocolate, por favor?
- Sí, agarralo.
- Gracias!
- Che, no te vayas! Son 4 pesos con 50 c.
- Yo se lo pedí por favor. Sino, le hubiera dicho: "Deme ese chocolate". Y usted me lo hubiera dado porque es su trabajo y me lo hubiera cobrado... Y con eso, no le estaría haciendo un favor a nadie.
Esto puede derivar en situaciones confusas, como que uno vaya a un kiosko y le pida al kiosquero:
- ¿Me daría ese chocolate, por favor?
- Sí, agarralo.
- Gracias!
- Che, no te vayas! Son 4 pesos con 50 c.
- Yo se lo pedí por favor. Sino, le hubiera dicho: "Deme ese chocolate". Y usted me lo hubiera dado porque es su trabajo y me lo hubiera cobrado... Y con eso, no le estaría haciendo un favor a nadie.
Tres deseos
Al momento de soplar las velitas, no se me viene a la mente ningún deseo de manera clara. Además, la presión de la gente para que sople me incomoda. Cuando estoy pensando el segundo deseo, me doy cuenta que me olvidé cuál era el primero. Y antes de soplar, hago una síntesis mental sobre qué es lo que al final pensé pedir.
Cansado de esto, la última vez pedí: Mi deseo es pedir 10 deseos y pedirlos cuando esté tranquilo y a mí se me antoje.
Cansado de esto, la última vez pedí: Mi deseo es pedir 10 deseos y pedirlos cuando esté tranquilo y a mí se me antoje.
Vidriera como espejo
Todas las mujeres cuando pasan por la vidriera de un negocio se miran en el vidrio como si fuera un espejo.
domingo 27 de abril de 2008
Gente común
La gente común vive bien, no sufre de más, no se hace preguntas existenciales ni busca el sentido de la vida. Es gente que vive el hoy y no se pregunta el porqué de las cosas.
La gente común siempre tiene una respuesta firme y segura que la dice con convicción. Son personas con sentido práctico, que se dan maña para reparar cosas o arreglar objetos que ya no funcionan.
La gente común sabe de rutas, entiende los mapas, sabe cuánto aire lleva un neumático, sabe cómo hacer el fuego de un asado y sobre todo se ofrece para hacerlo. También sabe qué maderas o ramas son las que sirven y las encuentra, y sabe mezclar el vino con la soda.
La gente común no es rebuscada y no duda. Si tiene que ir del punto A al C, hace el trayecto “A – B – C”, y no: “A – J- Q – W – EXILON – C”.
La gente común va a Mac Donald´s y pide un combo tal como viene, no le cambia nada, no tiene vueltas, no se complica ni complica a los demás.
La gente común cree en Actimel y completó el desafío. Es la gente que se ilustra en las publicidades, es ese señor que baila porque tiene un plazo fijo. La gente común consume sin saber su verdadera u oculta motivación. Usa ringtones, los cambia cada tanto y se enorgullece cada vez que suena su celular, un celular que además tiene camarita. La gente común se muere por ver un estreno en DVD antes de que salga en el cine. La gente común no usa más cassettes y tampoco los extraña.
La gente común no tiene mucho problema con las comidas. Come un pancho y no se pregunta de qué está hecho, y si va a un restaurant chino, no le importa que lo que debiera ser pollo sea rata, siempre y cuando le guste. La gente común cena siempre a la misma hora y lo más destacable es que nunca se olvida de desayunar, y por lo general tiene hambre a la mañana.
La gente común lleva paraguas los días de lluvia, y está tan canchera con eso, que hasta no se lo olvida. Es la misma gente que cambia el cepillo de dientes cada 3 meses, como recomienda el odontólogo.
La gente común no va al psicólogo y tampoco cree necesario ir. Pero en caso de que vaya, no lo juzga, y sentirá literalmente que su psicólogo es lo más.
La gente común a los 40 entra en la crisis existencial que la gente no común tiene desde que nació. Y busca refugio en el yoga, el reiki, la vida naturista, las flores de Bach o la homeopatía. Pero ya vivieron lo suficiente, y de todas formas, salen adelante.
Le gente común no leería esto y de hacerlo, no hubiera llegado hasta esta instancia del texto.
En conclusión, ya es hora de que cambies tu cepillo de dientes.
La gente común siempre tiene una respuesta firme y segura que la dice con convicción. Son personas con sentido práctico, que se dan maña para reparar cosas o arreglar objetos que ya no funcionan.
La gente común sabe de rutas, entiende los mapas, sabe cuánto aire lleva un neumático, sabe cómo hacer el fuego de un asado y sobre todo se ofrece para hacerlo. También sabe qué maderas o ramas son las que sirven y las encuentra, y sabe mezclar el vino con la soda.
La gente común no es rebuscada y no duda. Si tiene que ir del punto A al C, hace el trayecto “A – B – C”, y no: “A – J- Q – W – EXILON – C”.
La gente común va a Mac Donald´s y pide un combo tal como viene, no le cambia nada, no tiene vueltas, no se complica ni complica a los demás.
La gente común cree en Actimel y completó el desafío. Es la gente que se ilustra en las publicidades, es ese señor que baila porque tiene un plazo fijo. La gente común consume sin saber su verdadera u oculta motivación. Usa ringtones, los cambia cada tanto y se enorgullece cada vez que suena su celular, un celular que además tiene camarita. La gente común se muere por ver un estreno en DVD antes de que salga en el cine. La gente común no usa más cassettes y tampoco los extraña.
La gente común no tiene mucho problema con las comidas. Come un pancho y no se pregunta de qué está hecho, y si va a un restaurant chino, no le importa que lo que debiera ser pollo sea rata, siempre y cuando le guste. La gente común cena siempre a la misma hora y lo más destacable es que nunca se olvida de desayunar, y por lo general tiene hambre a la mañana.
La gente común lleva paraguas los días de lluvia, y está tan canchera con eso, que hasta no se lo olvida. Es la misma gente que cambia el cepillo de dientes cada 3 meses, como recomienda el odontólogo.
La gente común no va al psicólogo y tampoco cree necesario ir. Pero en caso de que vaya, no lo juzga, y sentirá literalmente que su psicólogo es lo más.
La gente común a los 40 entra en la crisis existencial que la gente no común tiene desde que nació. Y busca refugio en el yoga, el reiki, la vida naturista, las flores de Bach o la homeopatía. Pero ya vivieron lo suficiente, y de todas formas, salen adelante.
Le gente común no leería esto y de hacerlo, no hubiera llegado hasta esta instancia del texto.
En conclusión, ya es hora de que cambies tu cepillo de dientes.
sábado 26 de abril de 2008
Changuitos ajenos (como ayuda memoria)
Cuando voy al supermercado miro los chanquitos de las otras personas para ver qué cosas me estoy olvidando de comprar.
Cerrar cyber ventanas
Me suele pasar de estar navegando por internet con muchas ventanas abiertas y sin querer cerrar la única que realmente estaba usando.
Tirar al tacho
Cuando camino por la calle, no me gusta tirar la basura al piso, pero justo cuando quiero tirar el boleto de colectivo o el papelito del chicle Beldent que me comí, no encuentro tacho…Entonces me lo guardo en la mano cerrada (aunque transpire) o en el bolsillo del pantalón y quedo pendiente, a la espera de encontrar un tacho.Cuando aparece el ansiado tacho quiero introducir el papelito, lo hago bolita, me acerco, lo tiro a embocar, pero le erro... y cae al piso.
Indicar un lugar
Cuando una persona me pide que le indique cómo llegar a un lugar, siento que tengo poder. Me pongo en el rol de tener un conocimiento superior: esa persona depende de mí, va a ir a donde YO le indique. Me gusta que me pregunten. Pero me desilusiono cuando después de indicarle veo que se va para otro lado, que no me hizo caso. Ahí mi autoestima cae, mi poder se va. Con esa persona, claro.
Resumen de las expensas
No hay nada más incomprensible que los resúmenes de las expensas.
Intento entender algo, pero entre la letra chica, los numeritos diminutos, los mil renglones y las abreviaciones de absolutamente todos los gastos que hubo en el mes, lo único que me queda claro, es el estado de los vecinos deudores. Eso sí se entiende bien.
(...y qué garca el del 2º B).
Intento entender algo, pero entre la letra chica, los numeritos diminutos, los mil renglones y las abreviaciones de absolutamente todos los gastos que hubo en el mes, lo único que me queda claro, es el estado de los vecinos deudores. Eso sí se entiende bien.
(...y qué garca el del 2º B).
Sigo siendo un pibe
El tiempo pasa y todavía cuando alguien mayor que yo me pregunta mi edad y le contesto, me siguen diciendo: "ah, sos un pibe".
No me quejo de eso. Lo que me molesta es cuando al "ah, sos un pibe" le agregan un: "yo, si tuviera tu edad...".
Mi respuesta interna es: ¿qué?.
Si tuvieras mi edad, ¿qué?, decime ya ¿qué?, porque seguro me estoy perdiendo de algo groso, cantame la posta. ¿Cómo hay que vivir? ¿Qué es lo que hace la gente de mi edad?
No me quejo de eso. Lo que me molesta es cuando al "ah, sos un pibe" le agregan un: "yo, si tuviera tu edad...".
Mi respuesta interna es: ¿qué?.
Si tuvieras mi edad, ¿qué?, decime ya ¿qué?, porque seguro me estoy perdiendo de algo groso, cantame la posta. ¿Cómo hay que vivir? ¿Qué es lo que hace la gente de mi edad?
lunes 21 de abril de 2008
Comprar con la mirada
Cuando estoy detenido en un semáforo y hay una persona haciendo malabares, si se da cuenta que estoy mirando lo que hace, me siento extremadamente obligado a pagar por su servicio.
domingo 20 de abril de 2008
Ideas geniales
Me suele pasar de pensar ideas en sueños que entre dormido me parecen geniales, brillantes, revolucionarias y las mejores del mundo. Así es que en medio de mi letargo las anoto o las grabo con mi voz en el celular. Sin embargo, al despertarme y entrar en conciencia, cuando leo o escucho esa idea que se me ocurrió en sueños (si logro descifrar mi letra o entender los sonidos entrecortados de mi voz) me digo: ¿Esta mierda era? Es una porquería.
Esto se me ocurrió en sueños.
Esto se me ocurrió en sueños.
Tomar del pico
Cuando bebo del pico de una botella y se la paso a alguien, me siento mal cuando éste antes de beber le limpia el pico. ¿Qué cambia limpiarlo? ¿Acaso alguien se puede morir por culpa de mi saliva?
Recuerdo mis épocas de escuela en el campo de deportes, que después de tomar de la botella, quien la agarraba luego limpiaba el pico con el puño de su buzo. Que para colmo estaba sucio con barro de todo el día. ¿Es mejor un buzo negro de lo sucio a un poco, casi nada, de saliva inocente?
Recuerdo mis épocas de escuela en el campo de deportes, que después de tomar de la botella, quien la agarraba luego limpiaba el pico con el puño de su buzo. Que para colmo estaba sucio con barro de todo el día. ¿Es mejor un buzo negro de lo sucio a un poco, casi nada, de saliva inocente?
jueves 17 de abril de 2008
miércoles 16 de abril de 2008
Soy de la hab. 204
Soy de las personas que cuando va a un hotel de categoría, cada 2 minutos se me acerca un empleado desconfiado y me pregunta: ¿vos de que habitación sos?
Me invitaron a actuar a un evento en Rosario y me hospedaron en un hotel 4 estrellas. A la mañana siguiente, durante el desayuno, se me acercó el conserje, la recepcionista, y por supuesto, el botones a preguntarme de qué habitación era.
Una vez aclarado el asunto, consideré que era clave llevarme bien con el mozo que servía el desayuno (teniendo en cuenta que por el horario ya estaba por terminar), así que a modo de entablar una conversación amistosa le dije:
- Te veo cara conocida, ¿vos no trabajaste un tiempo en Buenos Aires?
- ¿Vos de qué habitación sos?
Me invitaron a actuar a un evento en Rosario y me hospedaron en un hotel 4 estrellas. A la mañana siguiente, durante el desayuno, se me acercó el conserje, la recepcionista, y por supuesto, el botones a preguntarme de qué habitación era.
Una vez aclarado el asunto, consideré que era clave llevarme bien con el mozo que servía el desayuno (teniendo en cuenta que por el horario ya estaba por terminar), así que a modo de entablar una conversación amistosa le dije:
- Te veo cara conocida, ¿vos no trabajaste un tiempo en Buenos Aires?
- ¿Vos de qué habitación sos?
Terraza histérica
Me dan bronca los lugares que tienen terraza al aire libre y que cuando estás por subir se te acerca alguien de seguridad y te dice: "No, no está habilitada".
¿Para qué la tienen? Dinamítenla.
¿Para qué la tienen? Dinamítenla.
Cerca es lejos
No sé qué hacer cuando un lugar me queda lejos para ir caminando y cerca para ir en taxi y no hay ningún colectivo que me lleve.
Entre que pienso cómo llegar, llego tarde.
Entre que pienso cómo llegar, llego tarde.
Cuestión de tesitura
¿Qué es mejor o qué es peor? ¿Tener un problema grave o tener un problema agudo?
Una simple duda en Clave de Sol.
Ó de Fa.
Una simple duda en Clave de Sol.
Ó de Fa.
martes 15 de abril de 2008
Leer en el subte
Cuando en el subte estoy sentado leyendo un diario o un libro y noto que la persona que está a mi lado está leyendo de lo mío, ya no me puedo concentrar. Lo más llamativo es que quiero que esa persona la esté pasando bien leyendo lo que yo leo. Esto me lleva a la disyuntiva de no saber cuándo cambiar de página.
En cambio, cuando me toca a mí estar en el lugar de leer lo ajeno, me pasan de hoja justo en la mejor parte y no les importa nada de mí.
De hecho cuando estoy por cambiar de página nunca lo hago de manera brusca, sino que lo realizo lentamente para que la persona que sigue con su vista mi texto, se prepare y sepa que voy a cambiar, para no cortarle de repente su narrador interno.
En cambio, cuando me toca a mí estar en el lugar de leer lo ajeno, me pasan de hoja justo en la mejor parte y no les importa nada de mí.
Estar con fiebre
Cuando estoy con fiebre se me vienen a la mente los recuerdos de la infancia y lo lindo que era enfermarse en épocas de escuela.
Elegir caminos
Si en la vida hay que elegir caminos, no sé porqué, si es por exigente o masoquista, que siempre me complico eligiendo el difícil.
sábado 12 de abril de 2008
PB
Me molesta llegar a mi edificio y que el ascensor no esté en Planta Baja. No tengo paciencia de esperar, son segundos caprichosos, que no pasan y totalmente improductivos.
Intercambiando miradas
Me suele pasar de estar en una esquina y cruzar miradas con una chica hermosa que está a pocos metros míos: la miro; me mira; la miro; me mira; le sonrío; me sonríe. Está todo bien, parece que hay onda, conexión, química. Siento que ambos sentimos que somos tal para cual, que juntos seríamos muy felices. Llego a percibir una vida compartida, logro imaginar a nuestros hijos..., hasta que de repente, aparece el novio, la besa y se van.
No lo entiendo. ¿Y eso que teníamos? ¿Dónde quedó?
No lo entiendo. ¿Y eso que teníamos? ¿Dónde quedó?
Almanaque
Cuando empieza un año nuevo y obtengo el primer almanaque de ese año, lo primero que hago es ver en qué día cae mi cumpleaños. Luego me fijo el 25 de mayo, el 9 de julio, el 17 de agosto, el 25 de diciembre... analizando si cae en día hábil o en fin de semana.
Próxima estación: 1º de mayo, jueves, bingo.
Próxima estación: 1º de mayo, jueves, bingo.
Abrochadora sin ganchitos
Me perturba la sensación de querer abrochar unas hojas, presionar y que la abrochadora no tenga ganchitos. Es una frustración muy grande.
martes 8 de abril de 2008
Celular dependiente
Me desespera cuando escucho que suena mi celular y no lo encuentro.
Ahí empieza a trabajar mi instinto y la razón queda de lado, es supervivencia.
Peor aún es encontrarlo y que la mente tarde en darse cuenta qué botón presionar para tomar la llamada: ¿izquierda o derecha?
En ese segundo, la llamada se perdió y sólo te queda "una llamada perdida", para colmo privada, y que no dejó mensaje.
Seguro esa era la llamada que tanto espero, y que podría llegar a cambiar mi vida, para bien.
Ahí empieza a trabajar mi instinto y la razón queda de lado, es supervivencia.
Peor aún es encontrarlo y que la mente tarde en darse cuenta qué botón presionar para tomar la llamada: ¿izquierda o derecha?
En ese segundo, la llamada se perdió y sólo te queda "una llamada perdida", para colmo privada, y que no dejó mensaje.
Seguro esa era la llamada que tanto espero, y que podría llegar a cambiar mi vida, para bien.
"P" final
¿Por qué hay gente que cuando chatea escribe "Sip" o "Nop"?
¿Por qué la "p" final?
¿Le da más presencia?
¿La hace más amigable?
La verdad, no sep.
¿Por qué la "p" final?
¿Le da más presencia?
¿La hace más amigable?
La verdad, no sep.
Dos argentinos en otro país
Qué curioso que cuando uno está en otro país y se encuentra con otro argentino, al instante ambos se ponen a hablar y se hacen amigos, como si se conocieran de toda la vida, sólo por el hecho de ser del mismo país. Mientras que estando en el mismo país, si esos dos argentinos se encontraran, el encuentro pasaría sin pena ni gloria, o a lo sumo, con algún insulto de auto a auto.
domingo 6 de abril de 2008
Ninguna duda
Cuando en una clase el docente dice: ¿Alguna pregunta?, o ¿Alguien tiene alguna duda?
Ni loco hablo.
Ni loco hablo.
En vivo, tiene otro encanto
Cuando pasan una de mis canciones preferidas por la radio, me da culpa no escucharla.
Sé que tengo el CD con esa canción puesta en el reproductor y que la puedo escuchar cuando se me antoje. Pero ahora está sonando en la radio, tengo justificar que estoy ahí y que justo la están pasando.
Ya casi es un trámite, una obsesión. Es más, creo que ni siquiera tengo ganas de escucharla en ese momento, pero hay que cumplir con la conciencia, es la canción que me gusta tengo que aprovechar. Pero bueno, que termine de una vez. Tengo cosas que hacer.
Lo mismo se aplica a esa película que están pasando por TV, (el ejemplo más claro es "Volver al futuro") la miro idiotizado sin querer perderme nada, como si fuera mi única oportunidad, aunque curiosamente la película la tenga comprada en DVD, y encima, encima del televisor.
Sé que tengo el CD con esa canción puesta en el reproductor y que la puedo escuchar cuando se me antoje. Pero ahora está sonando en la radio, tengo justificar que estoy ahí y que justo la están pasando.
Ya casi es un trámite, una obsesión. Es más, creo que ni siquiera tengo ganas de escucharla en ese momento, pero hay que cumplir con la conciencia, es la canción que me gusta tengo que aprovechar. Pero bueno, que termine de una vez. Tengo cosas que hacer.
Lo mismo se aplica a esa película que están pasando por TV, (el ejemplo más claro es "Volver al futuro") la miro idiotizado sin querer perderme nada, como si fuera mi única oportunidad, aunque curiosamente la película la tenga comprada en DVD, y encima, encima del televisor.
martes 1 de abril de 2008
Gota a gota
Suelo dejar las canillas abiertas o goteando. Es sin querer, me olvido de cerrarlas bien.
Yo desperdicio algo que es vital para la humanidad. Soy conciente de la importancia de cuidar el agua para el medio ambiente, lo he leído con los pantalones bajos, mientras hacía pis en el baño de un shopping.
La cantidad de agua que derrocho por día me hace sentir mal, y cuando me entero de una tormenta tropical, un tornado o un tsunami, no puedo evitar sentirme responsable. Por irresponsable.
Yo desperdicio algo que es vital para la humanidad. Soy conciente de la importancia de cuidar el agua para el medio ambiente, lo he leído con los pantalones bajos, mientras hacía pis en el baño de un shopping.
La cantidad de agua que derrocho por día me hace sentir mal, y cuando me entero de una tormenta tropical, un tornado o un tsunami, no puedo evitar sentirme responsable. Por irresponsable.
La curiosidad mata al tiempo
Cuando en mi casilla de mail recibo un archivo de presentación de power point (.pps) y que encima es un foward que se lo mandaron a cientos de personas, yo ya sé de antemano que no tiene ningún sentido bajarlo y que me va a hacer perder tiempo.
Por lo general, lo estoy a punto de borrar sin abrir, pero dudo. Una voz interior me dice: "Quizás esté buenísimo!". Entonces lo bajo, lo abro y...
...la decepción! Una cursilería empalagosa con aires de emocionante... y encima con fotos de gatitos...y la imagen de una virgen al final!
Yo sabía... pero no aprendo que sabía.
Por lo general, lo estoy a punto de borrar sin abrir, pero dudo. Una voz interior me dice: "Quizás esté buenísimo!". Entonces lo bajo, lo abro y...
...la decepción! Una cursilería empalagosa con aires de emocionante... y encima con fotos de gatitos...y la imagen de una virgen al final!
Yo sabía... pero no aprendo que sabía.
Un "hola" general...
Cuando llegás a un reunión y está lleno de gente sentada comiendo, tenés dos opciones clásicas: Saludar con un saludo general a todos, o ponerte en la difícil tarea de saludar con un beso o choque de manos a uno por uno.
En ese momento, cada persona se hace la que sigue su conversación, o que está comiendo normalmente, pero en su interior está pendiente de cuando llegue el turno de ser saludada. Cuando la persona que está saludando se aproxima, quien espera en la ronda del saludo, se va poniendo en pose, calcula el tiempo y va girando lentamente, sin poderse concentrar en ninguna otra cosa.
En ese momento, cada persona se hace la que sigue su conversación, o que está comiendo normalmente, pero en su interior está pendiente de cuando llegue el turno de ser saludada. Cuando la persona que está saludando se aproxima, quien espera en la ronda del saludo, se va poniendo en pose, calcula el tiempo y va girando lentamente, sin poderse concentrar en ninguna otra cosa.
lunes 31 de marzo de 2008
La prueba de fuego
La prueba de fuego es: en una de las primeras salidas, invitar a una chica a ver una película a tu casa, acostados y si es tapados, mejor.
Si la película los atrapa y llegan al final, con esa chica van a ser amigos.
Yo, por las dudas, alquilo una aburrida. No por miedo, sino por cábala.
Si la película los atrapa y llegan al final, con esa chica van a ser amigos.
Yo, por las dudas, alquilo una aburrida. No por miedo, sino por cábala.
Dejar para mañana lo que...
No hay nada que postergue más que sacar turno con el médico. Ahora que lo pienso, debería sacar turno con el oftalmólogo. Pero bueno, después lo llamo.
viernes 28 de marzo de 2008
¿Qué es de la vida del Amoxidal?
¿Por qué ya no me recetan Amoxidal, como cuando era niño?
El Optamox Duo no me cae simpático. Tampoco bien.
Es medio facho.
El Optamox Duo no me cae simpático. Tampoco bien.
Es medio facho.
sábado 22 de marzo de 2008
Todo es por contraste
Si tomás una bebida dulce, luego degustás una cucharada de dulce de leche y luego volvés a tomar un sorbo de aquella bebida dulce, este úlitmo sorbo te va a parecer más amargo que el primero.
Lo mismo sucede con la vida: si te ocurrieran constantemente cosas muy buenas, no podrías apreciar las cosas simplemente buenas de la vida.
Lo mismo sucede con la vida: si te ocurrieran constantemente cosas muy buenas, no podrías apreciar las cosas simplemente buenas de la vida.
El destino está escrito
Nosotros sólo le ponemos los puntos y las comas...
(y así, guiamos su sentido).
...y los paréntesis.
(y así, guiamos su sentido).
...y los paréntesis.
jueves 20 de marzo de 2008
Técnico de PC, una maratón
Cuando llamo a un técnico de computadoras para que venga a mi casa, yo ya sé de antemano que su estadía no va a ser corta, que voy a charlar de manera forzada de cosas que no me interesan y que encima va a tener que volver al día siguiente con las herramientas necesarias que ese día no trajo.
Lo peor, es que cuando la cosa se complica, el diagnóstico siempre es el mismo:
- Hay que cambiarla.
- Y... ¿cómo hago?
- Te puedo armar una, ¿querés?
Lo peor, es que cuando la cosa se complica, el diagnóstico siempre es el mismo:
- Hay que cambiarla.
- Y... ¿cómo hago?
- Te puedo armar una, ¿querés?
Alarma de un auto
Cuando voy caminando por la calle y de repente a un auto le empieza a sonar la alarma, siento que en el momento en el que pase por al lado, van a venir 4 policías y 2 francotiradores y van a decirme: "Alto ahí!"
Cerrar la puerta
Siempre que me voy de mi casa me queda la sensación de que no cerré la puerta con llave, de no acordarme de ese momento.
De hecho me voy, camino unas cuadras pero el pensamiento me atormenta y tengo que volver. Subo por el ascensor, introduzco la llave en la cerradura y sí, efectivamente, la había cerrado.
Cuando estaciono el auto, camino diez pasos y me vuelvo. Compruebo si había cerrado la puerta y sí, efectivamente, la había cerrado.
Pero ya estoy acá, así que de paso, compruebo si quedó bien cerrada la del acompañante.
De hecho me voy, camino unas cuadras pero el pensamiento me atormenta y tengo que volver. Subo por el ascensor, introduzco la llave en la cerradura y sí, efectivamente, la había cerrado.
Cuando estaciono el auto, camino diez pasos y me vuelvo. Compruebo si había cerrado la puerta y sí, efectivamente, la había cerrado.
Pero ya estoy acá, así que de paso, compruebo si quedó bien cerrada la del acompañante.
Abrir sachets
No puedo abrir los mini sachets de ketchup que me dan en los lugares de comidas rápidas. Lo intento con los dientes, pero a lo sumo me queda el pedacito de plástico metálico ahí, entre ellos.
Postrecito Shimy
Al abrir un postrecito Shimy (si es de vainilla y dulce de leche, mejor!) lo primero que hago es chupar la parte interna de la tapa.
miércoles 19 de marzo de 2008
Fotos digitales
Antes de la era digital, uno viajaba, compraba su rollo de 36 fotos y pensaba bien a qué sacarle. No vaya a ser que se desperdicien fotos en lugares que no se lo merecen o en situaciones sin sentido. Ante un paisaje: uno sacaba "La foto". La foto era algo especial, escaso, codiciado, se ahorraba ("uy gasté una foto!"), representaba un valor simbólico y material. Uno volvía de su viaje, revelaba su rollo, "tocaba sus fotos" y era feliz.
Ahora con la era de las cámaras digitales, lo excepcional es la "no foto". Los momentos en los que la foto no se saca. Ya que, en la era digital, la foto abarca todos los momentos.
La foto perdió su jerarquía, su estatura de "momento especial".
La foto pasó a ser derroche, "manteca al techo" y "pizza con champagne". Uno dejó de ver a través de los ojos, sino que antes que eso está la foto. Listo, saqué la foto, ya estoy aliviado, ahora puedo disfrutar del paisaje.
Ahora, abunda hasta el más mínimo detalle de la habitación del hotel, decenas de caras en primera persona y cientos de vidrios de ventanas de micro y su reflejo. Y lo que es peor, es que ya ni siquiera se imprimen, porque creo, hasta da fiaca elegir.
Me rebelo ante la era digital, para que las fotos se revelen conmigo. Pero mientras, cargaré las pilas recargables de mi cámara digital. Este fin de semana largo, no quiero perderme de nada.
Y bueno, es mucho más cómodo, ¿o no?
Ahora con la era de las cámaras digitales, lo excepcional es la "no foto". Los momentos en los que la foto no se saca. Ya que, en la era digital, la foto abarca todos los momentos.
La foto perdió su jerarquía, su estatura de "momento especial".
La foto pasó a ser derroche, "manteca al techo" y "pizza con champagne". Uno dejó de ver a través de los ojos, sino que antes que eso está la foto. Listo, saqué la foto, ya estoy aliviado, ahora puedo disfrutar del paisaje.
Ahora, abunda hasta el más mínimo detalle de la habitación del hotel, decenas de caras en primera persona y cientos de vidrios de ventanas de micro y su reflejo. Y lo que es peor, es que ya ni siquiera se imprimen, porque creo, hasta da fiaca elegir.
Me rebelo ante la era digital, para que las fotos se revelen conmigo. Pero mientras, cargaré las pilas recargables de mi cámara digital. Este fin de semana largo, no quiero perderme de nada.
Y bueno, es mucho más cómodo, ¿o no?
martes 18 de marzo de 2008
Tomar apuntes en la facultad
Estoy en una clase, miro de reojo a la compañera que tengo sentada al lado mío y me pone nervioso verla maquinadísima escribiendo sin parar. ¿Qué está escribiendo?
Y yo, tratando de cazar una idea sin saber qué anotar, sin encontrar el hilo conductor de la clase. De repente, miro nuevamente a mi compañera (que siempre son mujeres poseídas por lo que el docente dice) y compruebo que se escribió la vida, ya que va dos carillas y la clase empezó hace cinco minutos. Luego miro mi hoja y veo que sólo escribí la fecha (y a lo sumo, el dibujito de una casita hecha con un cuadrado y un triángulo como techo). Entonces me digo: ¿Qué es lo que sucedió? ¿Qué me perdí?
Y yo, tratando de cazar una idea sin saber qué anotar, sin encontrar el hilo conductor de la clase. De repente, miro nuevamente a mi compañera (que siempre son mujeres poseídas por lo que el docente dice) y compruebo que se escribió la vida, ya que va dos carillas y la clase empezó hace cinco minutos. Luego miro mi hoja y veo que sólo escribí la fecha (y a lo sumo, el dibujito de una casita hecha con un cuadrado y un triángulo como techo). Entonces me digo: ¿Qué es lo que sucedió? ¿Qué me perdí?
Relaciones de parentesco
Me cuesta entender las relaciones de parentesco. Nuera; yerno; suegro; primo segundo (ésta es más difícil de lo que parece, hay varias corrientes teóricas); cuñado (que puede ser el que se casó con mi hermana o el hermano de mi novia); concuñado.
Las palabras entran en mi mente, pero mi cerebro no las puede procesar. Las escucho y por más que me las explicaron una y mil veces, no sé qué son. "El hermano del cuñado del yerno de mi hermana" procesa en mi mente el mismo efecto que "la raíz cuadrada de 1521 dividido Pi".
Ambas son ecuaciones terriblemente complicadas para hacer rápido, mentalmente, entender, y luego, asentir con la cabeza.
Las palabras entran en mi mente, pero mi cerebro no las puede procesar. Las escucho y por más que me las explicaron una y mil veces, no sé qué son. "El hermano del cuñado del yerno de mi hermana" procesa en mi mente el mismo efecto que "la raíz cuadrada de 1521 dividido Pi".
Ambas son ecuaciones terriblemente complicadas para hacer rápido, mentalmente, entender, y luego, asentir con la cabeza.
Cuida coches
En la esquina hay un policía cuidando, y en la misma cuadra, a pocos metros, el "cuida coches". Yo estaciono el auto en esa cuadra, se me acerca el cuida coches y me pregunta:
- ¿Se lo cuido?
- No gracias -le digo-, a mí me lo cuida el policía.
Cuando lo fui a buscar tenía el vidrio roto.
- ¿Se lo cuido?
- No gracias -le digo-, a mí me lo cuida el policía.
Cuando lo fui a buscar tenía el vidrio roto.
lunes 17 de marzo de 2008
Sprite down, Seven Up
Para mi abuela no existe la Sprite. Ella siempre me va a ofrecer: "tomá un poco de Seven Up" (aunque en una de esas hasta me sirva Sprite y con cucharita).
Doblaje de voces
Pienso que tiene que haber una ética con respecto al doblaje de voces. Por ejemplo, Woody Allen no podría tener nunca una voz ronca y gruesa. De hecho, en la mayoría de sus películas dobladas al español, Woody Allen tiene siempre la misma voz finita y dócil. Ya resulta automático que uno ve al actor y lo asocia con la voz que lo acompaña.
La voz de Homero Simpson, creo yo, es un gran hallazgo que hace que el doblaje sea mejor que la versión original.
Sin embargo, de chico me molestaba que la voz de la "conciencia" de Kevin Arnold en la serie "Aquellos años felices" sea la misma voz de Mac Gyver. Era como que estaba Kevin, se lo veía a Kevin, pero pensaba como Mac Gyver. Por ejemplo, Kevin estaba en el colegio, tranquilo, abrazado a Winnie, y cuando hablaba la voz de su concienca yo esperaba que produjera una explosión con un chicle y un poco de talco para bebés.
No hay nada peor que eso, excepto la voz de Skéletor (He-man) o la de Óptimus Prime (Transformers) aplicada a personajes de carne y hueso.
La voz de Homero Simpson, creo yo, es un gran hallazgo que hace que el doblaje sea mejor que la versión original.
Sin embargo, de chico me molestaba que la voz de la "conciencia" de Kevin Arnold en la serie "Aquellos años felices" sea la misma voz de Mac Gyver. Era como que estaba Kevin, se lo veía a Kevin, pero pensaba como Mac Gyver. Por ejemplo, Kevin estaba en el colegio, tranquilo, abrazado a Winnie, y cuando hablaba la voz de su concienca yo esperaba que produjera una explosión con un chicle y un poco de talco para bebés.
No hay nada peor que eso, excepto la voz de Skéletor (He-man) o la de Óptimus Prime (Transformers) aplicada a personajes de carne y hueso.
domingo 16 de marzo de 2008
Temas de conversación comunes
A mí me pasa, pero a todos nos pudo haber pasado alguna vez de charlar sobre los siguientes tópicos:
- "Esa estrella quizás esté apagada, pero la luz tarda millones de años en llegar, entonces nosotros la vemos, pero quizás ya no exista...".
- "Marilyn Manson es el que hacía de Paul, el amigo de Kevin en Aquellos años felices -o Kevin creciendo con amor-".
- "Los pitufos son diabólicos".
- "¿Qué paradoja no? que Superman quedó paralítico en silla de ruedas".
- "Cuando el mundo se destruya, sólo van a quedar vivas las cucarachas".
- "Santo Biasatti en la vida real es re buena onda".
- "Escorpio, qué signo jodido".
- "Esa estrella quizás esté apagada, pero la luz tarda millones de años en llegar, entonces nosotros la vemos, pero quizás ya no exista...".
- "Marilyn Manson es el que hacía de Paul, el amigo de Kevin en Aquellos años felices -o Kevin creciendo con amor-".
- "Los pitufos son diabólicos".
- "¿Qué paradoja no? que Superman quedó paralítico en silla de ruedas".
- "Cuando el mundo se destruya, sólo van a quedar vivas las cucarachas".
- "Santo Biasatti en la vida real es re buena onda".
- "Escorpio, qué signo jodido".
sábado 15 de marzo de 2008
¿rosas?
Es la primera salida con una chica que acabás de conocer... o con tu novia, que también acabás de conocer (en caso del amor a primera vista). Estás caminando por Puerto Madero, al costado del río y de repente la ves venir... se te acerca lentamente, va directo hacia vos como un tiburón al acecho de su presa. Te acorrala y te deja sin escapatoria al sugerirte de manera casi imperativa: "¿unas rosas para la dama linda que te acompaña?".
Es la viejita, que porta consigo un arsenal de rosas que se postulan para la venta... Te pone en compromiso. Es una estrategia de venta casi segura.
Y a mí sólo me sale responder: No gracias, es alérgica a las flores.
Y luego, por culpa de la viejita, la dama linda es alérgica a mí.
Es la viejita, que porta consigo un arsenal de rosas que se postulan para la venta... Te pone en compromiso. Es una estrategia de venta casi segura.
Y a mí sólo me sale responder: No gracias, es alérgica a las flores.
Y luego, por culpa de la viejita, la dama linda es alérgica a mí.
viernes 14 de marzo de 2008
Juro que no soy chorro
Cuando una persona cuenta plata al lado mío, trato de mirar para otro lado, de bajar la mirada o de mirar para el costado contrario, ya que siento que esa persona va a estar pensando que yo la estoy mirando y que encima le quiero robar. Y lo peor es que yo, tengo miedo de robarle.
No sé, como de repente sentirme poseido por una fuerza superior y arrebatarle ese manojo de billetes que la persona muy frescamente está contando al lado mío y salir corriendo. Pero es sólo una sensación, juro que no soy chorro.
No sé, como de repente sentirme poseido por una fuerza superior y arrebatarle ese manojo de billetes que la persona muy frescamente está contando al lado mío y salir corriendo. Pero es sólo una sensación, juro que no soy chorro.
garrapiñadas, no resistiré
No puedo resistirme al olor de las garrapiñadas que hacen en la calle, en cualquier esquina. Estoy caminando, siento ese olor y mi atención se desvía, ese aroma me lleva.
De repente me siento feliz, me siento niño y me freno. Miro al pobre tipo totalmente "en la suya" haciendo tranquilo, como si nada le importase, garrapiñadas de maní y almendras, y automáticamente me acerco ahí para pedirle: "dame las más calentitas".
En ese momento me ataca el presentimiento de que me va a dar las de ayer o las primeras que hizo, que encima ya deben estar frías y hasta chupadas.
Pero igual le doy la moneda de un peso (no, no compré almendras) y me llevo mi celofán de garrapiñadas, que duran, lo que dura la felicidad, un momento.
De repente me siento feliz, me siento niño y me freno. Miro al pobre tipo totalmente "en la suya" haciendo tranquilo, como si nada le importase, garrapiñadas de maní y almendras, y automáticamente me acerco ahí para pedirle: "dame las más calentitas".
En ese momento me ataca el presentimiento de que me va a dar las de ayer o las primeras que hizo, que encima ya deben estar frías y hasta chupadas.
Pero igual le doy la moneda de un peso (no, no compré almendras) y me llevo mi celofán de garrapiñadas, que duran, lo que dura la felicidad, un momento.
El intelectual con anteojos
Si yo en este momento te pido que me dibujes a un intelectual, probablemente me pidas que no moleste que tenés cosas más importantes que hacer. Tenés razón, disculpá por mi propuesta.
Pero si lo hicieses, suguramente lo dibujarías con anteojos o lentes (no sé cual es la diferencia exacta).
A todo esto, quisiera poner la lupa (otro tipo de lente) sobre una duda que me surge: ¿Por qué el estereotipo del intelectual es una persona con anteojos?
¿Acaso se supone que si lees muchos libros se te gasta la vista?
¿Y si lees el Olé o la revista "Tv y Novelas”, "Chicas" o "Pronto" no se te gasta?
Porque también podés ver mucha televisión a la tarde, boludear con la computadora, estar horas con la play - boy (bueno sobre la playboy no quiero acotar) y probablemente se te gaste mucho más la vista que leyendo un buen libro.
Así que el intelectual, con anteojos, no tiene nada que ver.
Pero si lo hicieses, suguramente lo dibujarías con anteojos o lentes (no sé cual es la diferencia exacta).
A todo esto, quisiera poner la lupa (otro tipo de lente) sobre una duda que me surge: ¿Por qué el estereotipo del intelectual es una persona con anteojos?
¿Acaso se supone que si lees muchos libros se te gasta la vista?
¿Y si lees el Olé o la revista "Tv y Novelas”, "Chicas" o "Pronto" no se te gasta?
Porque también podés ver mucha televisión a la tarde, boludear con la computadora, estar horas con la play - boy (bueno sobre la playboy no quiero acotar) y probablemente se te gaste mucho más la vista que leyendo un buen libro.
Así que el intelectual, con anteojos, no tiene nada que ver.
martes 11 de marzo de 2008
Los semáforos y la calle
Mi ansiedad no soporta esperar a que cambie la luz del semáforo para tener que cruzar la calle. Y como conductor, odio a los peatones que esperan abajo del cordón de la vereda, los pisaría de la bronca.
Como peatón, me suele pasar, mientras espero que la luz cambie para cruzar la calle, clavar fija la mirada en el verde del semáforo e intentar cambiarlo con mis poderes telepáticos, a la interna cuenta regresiva de un 5,4,3,2,1 cambió...(no!); 3,2,1 cambió... (no!) ...2,1 cambió (no!).
Bueno, me cansé de esperar, voy bajando del cordón.
Como peatón, me suele pasar, mientras espero que la luz cambie para cruzar la calle, clavar fija la mirada en el verde del semáforo e intentar cambiarlo con mis poderes telepáticos, a la interna cuenta regresiva de un 5,4,3,2,1 cambió...(no!); 3,2,1 cambió... (no!) ...2,1 cambió (no!).
Bueno, me cansé de esperar, voy bajando del cordón.
Frene: un daltónico cruzando!
Los daltónicos son personas que no pueden distinguir ni el rojo, ni el verde, ni el amarillo.
Ahora bien, ¿alguien me puede explicar por qué habiendo tantos colores, justo el semáforo tiene al color rojo y al verde como fundamentales? (el amarillo, bue, pasa). ¿Qué es esto? ¿Un plan sistemático para que los daltónicos sufran accidentes de tránsito y terminar con ellos?
El mundo no es color de rosa, y en blanco y negro Buenos Aires.
Ahora bien, ¿alguien me puede explicar por qué habiendo tantos colores, justo el semáforo tiene al color rojo y al verde como fundamentales? (el amarillo, bue, pasa). ¿Qué es esto? ¿Un plan sistemático para que los daltónicos sufran accidentes de tránsito y terminar con ellos?
El mundo no es color de rosa, y en blanco y negro Buenos Aires.
La suma de los sentidos individuales lleva al sin sentido general (un poco de lógica)
En la teoría liberal clásica, si cada sujeto persigue su propio objetivo "individualista", automáticamente las fuerzas del mercado equlibrarían a ofertantes y demandantes y todos alcanzaríamos la saciedad.
La realidad pragmática, demuestra que no hay tal equilibrio y que no todo en la vida es el mercado. Lo que prima es el desequilibrio, el egoismo, la ambición desmedida, la sensación de carencia y la locura. Por lo que la ecuación, refutando a la teoría liberal clásica, es la siguiente: La suma de los sentidos individuales, lleva al sin sentido general.
La realidad pragmática, demuestra que no hay tal equilibrio y que no todo en la vida es el mercado. Lo que prima es el desequilibrio, el egoismo, la ambición desmedida, la sensación de carencia y la locura. Por lo que la ecuación, refutando a la teoría liberal clásica, es la siguiente: La suma de los sentidos individuales, lleva al sin sentido general.
Los países son como las personas
Los países pueden ser amigos o enemigos. Compiten, se burlan, hacen negocios, sienten bronca, juegan, celan...y conllevan todo ese repertorio de sentimientos y sensaciones que tienen quienes conforman a los países: hombres y mujeres (seres humanos; terrícolas: mortales; como sea).
Tal país se enoja con tal otro país. Tal otro país sale a defender a uno de ellos, y sale otro a defender al otro, se alían, se agrupan formando agrupaciones aún mayores compuestas entre varios países.
Pero en el origen de todo esto está el hombre (ser humano; terrícola; etc.) quien cumple el rol de célula que da comienzo a todo, la unidad mínima. Y claro, el hombre mismo está compuesto de células... Pareciera entonces que la naturaleza exterior es una prolongación de lo que ocurre dentro del cuerpo humano. Un grupo; una organizacíón; un país; un continente, son organismos vivos, compuestos de otros organismos vivos.
Hoy ví en TN: "Pelea entre jóvenes. Los de Caballito contra los de Almagro".
¿Y si apareciese un grupo de brasileños? ¿Cómo sería? "porteños contra brasileños".
¿Y si apareciese un grupo de yanquis? "sudamericanos contra norteamericanos".
¿Y si apareciese un grupo de ingleses? "americanos contra europeos".
Bastará una invasión de seres extraños del espacio exterior, para unirnos todos y darnos cuenta que necesitamos del otro para definirnos, conformar nuestra identidad, el quiénes somos.
Darnos cuenta que es ese tercero el que nos conforma como unidad.
Y darnos cuenta, que todo esto es un chiste.
Tal país se enoja con tal otro país. Tal otro país sale a defender a uno de ellos, y sale otro a defender al otro, se alían, se agrupan formando agrupaciones aún mayores compuestas entre varios países.
Pero en el origen de todo esto está el hombre (ser humano; terrícola; etc.) quien cumple el rol de célula que da comienzo a todo, la unidad mínima. Y claro, el hombre mismo está compuesto de células... Pareciera entonces que la naturaleza exterior es una prolongación de lo que ocurre dentro del cuerpo humano. Un grupo; una organizacíón; un país; un continente, son organismos vivos, compuestos de otros organismos vivos.
Hoy ví en TN: "Pelea entre jóvenes. Los de Caballito contra los de Almagro".
¿Y si apareciese un grupo de brasileños? ¿Cómo sería? "porteños contra brasileños".
¿Y si apareciese un grupo de yanquis? "sudamericanos contra norteamericanos".
¿Y si apareciese un grupo de ingleses? "americanos contra europeos".
Bastará una invasión de seres extraños del espacio exterior, para unirnos todos y darnos cuenta que necesitamos del otro para definirnos, conformar nuestra identidad, el quiénes somos.
Darnos cuenta que es ese tercero el que nos conforma como unidad.
Y darnos cuenta, que todo esto es un chiste.
Así funcionan las modas (una parábola sobre la lógica de la moda)
Entre el caos, el bullicio y el hormigueo cotidiano, un hombre es uno más sobre la peatonal Florida. Camina rápido, como queriendo llegar a destino salteando el recorrido. Observa sin mirar, alienado por sus pensamientos y choca con otros cuerpos que sólo le producen la sensación de estorbo.
En eso se detiene, rota su cabeza hacia los costados y luego hacia atrás, fijando su mirada en un punto en el cielo.
Otro peatón lo observa desde lejos, al acercarse realenta su paso e imita la acción, quedándose inmóvil, y observando aquella nunca vista maravilla en contraste con el cielo.
Luego, una mujer que, a pesar de sus pasos presurosos, se detiene al ver a estos dos hombres con la cabeza hacia arriba.
Otro más, al verlos, imita la acción y de esta manera se va sucediendo la misma situación.
Así se llenó la calle, y la peatonal, obstaculizada por decenas de personas detenidas realizando la misma acción, observado hacia arriba, buscando como náufragos un salvavidas en el cielo.
Fue uno quien se atrevió a preguntar: ¿Qué es lo que hay? ¿Qué es lo que está pasando? Y como pólvora recién encendida, la pregunta se empezó a expandir entre la gente. Las hipótesis, conjeturas o posibles respuestas variaban de persona a persona: “aquel que está colgado, limpiando el vidrio de aquel edificio, ¿no ves?” – le planteó un empleado administrativo a un joven profesional -; “No, la forma de esa espesa nube blanca”, fue el comentario de un joven artista; “ese avión, ¿no está un poco cerca del suelo?”, le dijo una señora mayor a un hombre que tenía a su lado; “Hay un plato volador con androides”, fue la fantasía de un niño de 9 años; “No sé”; “Estoy buscando”; “algo pasó”, hasta llegar a nuestro primer hombre, a quién se le preguntó:
- ¿Qué mirá Ud.? ¿Qué es lo que hay allá arriba en el cielo?
- No lo sé, yo sólo tengo tortícolis.
En eso se detiene, rota su cabeza hacia los costados y luego hacia atrás, fijando su mirada en un punto en el cielo.
Otro peatón lo observa desde lejos, al acercarse realenta su paso e imita la acción, quedándose inmóvil, y observando aquella nunca vista maravilla en contraste con el cielo.
Luego, una mujer que, a pesar de sus pasos presurosos, se detiene al ver a estos dos hombres con la cabeza hacia arriba.
Otro más, al verlos, imita la acción y de esta manera se va sucediendo la misma situación.
Así se llenó la calle, y la peatonal, obstaculizada por decenas de personas detenidas realizando la misma acción, observado hacia arriba, buscando como náufragos un salvavidas en el cielo.
Fue uno quien se atrevió a preguntar: ¿Qué es lo que hay? ¿Qué es lo que está pasando? Y como pólvora recién encendida, la pregunta se empezó a expandir entre la gente. Las hipótesis, conjeturas o posibles respuestas variaban de persona a persona: “aquel que está colgado, limpiando el vidrio de aquel edificio, ¿no ves?” – le planteó un empleado administrativo a un joven profesional -; “No, la forma de esa espesa nube blanca”, fue el comentario de un joven artista; “ese avión, ¿no está un poco cerca del suelo?”, le dijo una señora mayor a un hombre que tenía a su lado; “Hay un plato volador con androides”, fue la fantasía de un niño de 9 años; “No sé”; “Estoy buscando”; “algo pasó”, hasta llegar a nuestro primer hombre, a quién se le preguntó:
- ¿Qué mirá Ud.? ¿Qué es lo que hay allá arriba en el cielo?
- No lo sé, yo sólo tengo tortícolis.
Egoista
Dices que soy egoista, porque sólo te hablo de mi.
¿Acaso llamas egoismo compartir mi vida así?
¿Acaso llamas egoismo compartir mi vida así?
sábado 8 de marzo de 2008
"La declaración" (Un cuento breve, como un viaje en bus)
Era uno de esos pocos días, en los cuales la felicidad brotaba sin razón. Ejemplos claros de aquella sensación eran los siguientes: no me costó levantarme de la cama; mi autoestima amanecía junto con el día y el espejo me devolvía mi mejor imagen.
La noche anterior había tenido una extraña reflexión. “Esto de vivir, estar vivo... Qué cosa rara y maravillosa! ¿Será película? ¿Será realidad? ¿Estaré sumergido en un juego de computadora?”.
Sentí que era el primer día del resto de mi vida y respirando hondo me dije: Quiero desafiar a la vida, jugar con la vida, perderle el respeto, jugar, jugar y de paso, jugar.
20 minutos después, me encontraba en el colectivo yendo para la facultad. ¡Qué Bueno! Viajar con el colectivo semi vacío (hacía mucho calor para ir parado) y encima tener asiento de los singles con la ventana toda abierta. “Libre” era la palabra que mejor definía ese momento mío.
Me di cuenta que en mi mano izquierda tenía el diario “Metro”, que sin querer lo había agarrado al subir; leí un par de titulares y fui directo al horóscopo para no amargarme con tanta realidad. No llegué a leer Escorpio, mi signo, cuando vislumbré enfrente mío la cabellera rubia femenina más sensual que vi en los últimos 25 años, aunque sólo tengo 22.
Se revolvía mi interior, sentía la obligación de decirle algo, o de llamarle la atención para intercambiar un diálogo. Traté de pensar en otra cosa a los efectos de eludir el nerviosismo mezclado de auto – presión y estaba por lograr mi cobarde objetivo cuando recordé la reflexión que había tenido la noche anterior: “¿y si la vida es una película? No le puedo tener miedo a un film, la quiero desafiar, quiero jugar, atreverme a todo”.
Con la fuerza de mis impulsos saqué un papel y escribí todo aquello que sentía; mi visión de la vida, del amor, del desafío, del jugar constante, de la película real, del destino, cerrando mi camuflada declaración con que somos 2 turistas en el mismo universo, planeta, espacio y tiempo.
Podía imaginar el entusiasmo con el cual leería mis palabras. ¡Qué original!, pensé que pensaría, nunca nadie le habría dicho estas cosas.
Crucé mi mano por delante de ella con mi obra maestra. Ella se dio vuelta y fue ahí cuando observé los mismos ojos que había visto en sueños, la misma sonrisa que siempre quise conocer y la misma persona que había visto en el cumpleaños de mi novia. Era su mejor amiga.
- ¡Hola Andy! – me dijo - ¿Qué me das?
- No, nada – le dijo mi risa nerviosa -.
Me tironeó el papel y lo comenzó a leer. A mis nervios no se le ocurrieron nada mejor que bajar urgente del bondi.
Mi nueva realidad fue la siguiente: me había pasado de mi facultad y me encontraba en un descampado. Mi horóscopo decía, “Te meterás en problemas. Una relación amorosa llegará a su fin”.
La noche anterior había tenido una extraña reflexión. “Esto de vivir, estar vivo... Qué cosa rara y maravillosa! ¿Será película? ¿Será realidad? ¿Estaré sumergido en un juego de computadora?”.
Sentí que era el primer día del resto de mi vida y respirando hondo me dije: Quiero desafiar a la vida, jugar con la vida, perderle el respeto, jugar, jugar y de paso, jugar.
20 minutos después, me encontraba en el colectivo yendo para la facultad. ¡Qué Bueno! Viajar con el colectivo semi vacío (hacía mucho calor para ir parado) y encima tener asiento de los singles con la ventana toda abierta. “Libre” era la palabra que mejor definía ese momento mío.
Me di cuenta que en mi mano izquierda tenía el diario “Metro”, que sin querer lo había agarrado al subir; leí un par de titulares y fui directo al horóscopo para no amargarme con tanta realidad. No llegué a leer Escorpio, mi signo, cuando vislumbré enfrente mío la cabellera rubia femenina más sensual que vi en los últimos 25 años, aunque sólo tengo 22.
Se revolvía mi interior, sentía la obligación de decirle algo, o de llamarle la atención para intercambiar un diálogo. Traté de pensar en otra cosa a los efectos de eludir el nerviosismo mezclado de auto – presión y estaba por lograr mi cobarde objetivo cuando recordé la reflexión que había tenido la noche anterior: “¿y si la vida es una película? No le puedo tener miedo a un film, la quiero desafiar, quiero jugar, atreverme a todo”.
Con la fuerza de mis impulsos saqué un papel y escribí todo aquello que sentía; mi visión de la vida, del amor, del desafío, del jugar constante, de la película real, del destino, cerrando mi camuflada declaración con que somos 2 turistas en el mismo universo, planeta, espacio y tiempo.
Podía imaginar el entusiasmo con el cual leería mis palabras. ¡Qué original!, pensé que pensaría, nunca nadie le habría dicho estas cosas.
Crucé mi mano por delante de ella con mi obra maestra. Ella se dio vuelta y fue ahí cuando observé los mismos ojos que había visto en sueños, la misma sonrisa que siempre quise conocer y la misma persona que había visto en el cumpleaños de mi novia. Era su mejor amiga.
- ¡Hola Andy! – me dijo - ¿Qué me das?
- No, nada – le dijo mi risa nerviosa -.
Me tironeó el papel y lo comenzó a leer. A mis nervios no se le ocurrieron nada mejor que bajar urgente del bondi.
Mi nueva realidad fue la siguiente: me había pasado de mi facultad y me encontraba en un descampado. Mi horóscopo decía, “Te meterás en problemas. Una relación amorosa llegará a su fin”.
No!
A: ¿Querés salir?
B: No.
A: ¿A ningún lado?
B: No.
A: ¿No?, ¿Es todo lo que sabés decir?
B: No.
A: ¿Tenés ganas de decir otra cosa que no sea no?
B: No.
A: Basta, andate.
B: No.
A: Bueno, me cansé me voy yo.
B: Chau.
B: No.
A: ¿A ningún lado?
B: No.
A: ¿No?, ¿Es todo lo que sabés decir?
B: No.
A: ¿Tenés ganas de decir otra cosa que no sea no?
B: No.
A: Basta, andate.
B: No.
A: Bueno, me cansé me voy yo.
B: Chau.
Estás leyendo esto...
...y seguís, seguís leyendo, bueno, basta, dejá de leer... No me estás haciendo caso, me doy cuenta, sí, me doy cuenta que tu mirada está acá, acá y ahora acá y que seguís leyendo esto cuando tenés un montón de cosas que hacer... estás perdiendo el tiempo, te lo estoy advirtiendo, tu vida está pasando en el lenguaje de los segundos, ya minutos casi, por favor, es un derroche de tiempo sin valor, dejá de leer... Evidentemente sos cabeza dura y seguís leyendo. No leas más. ¿Por qué no me haces caso? ¿Por qué seguís leyendo? ¿No te das cuenta que no digo nada y que no tengo nada que decir? Evidentemente no te das cuenta, o sos masoquista o curioso o estás al pedo en este momento. Se te va la vida, reaccioná! salí al exterior, viví. Dejá esta porquería y andate... ya!!! Bueno, me parece que a vos te pasa algo que no podés controlar y que te domina. Te cuesta tomar decisiones y decir: "este es el momento", realizar un quiebre, un cambio que te lleve a otro lugar. La verdad, nadie sabe la verdad. Pero no está acá. Eso seguro... y seguís leyendo esto nomás...bueno, basta! basta! basta! ¿Ok? como veo que no parás de leer, paro yo.
¿Qué cosa no entendiste?
¿Qué cosa no entendiste?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)